Antes de 1914, la tierra era de todos

Antes de 1914, la tierra era de todos

Antes de 1914, el hombre sólo tenía cuerpo y alma. Ahora, además, necesita un pasaporte, visa y otros documentos, de lo contrario no se lo trata como a un ser humano (Stefan Zweig, El mundo de ayer).

La libertad se limitó. El mundo cambió después de la primera guerra mundial. Antes, la tierra era de todos. Tal vez nada demuestra de modo más palpable la terrible caída que sufrió el mundo a partir de la Primera Guerra Mundial como la limitación de la libertad.

Todo el mundo iba a donde quería y permanecía allí el tiempo que quería.  No existían permisos ni autorizaciones.  La gente subía y bajaba de los trenes y de los barcos sin preguntar ni ser preguntada, no tenía que rellenar ni uno del centenar de papeles que se exigen hoy en día. No existían salvoconductos ni visados ni ninguno de esos fastidios; las mismas fronteras que hoy aduaneros, policías y gendarmes han convertido en una alambrada, a causa de la desconfianza patológica de todos hacia todos. Fue hasta después de la guerra cuando el nacionalsocialismo comenzó a transformar el mundo, y el primer fenómeno visible de esta epidemia fue la xenofobia. Eso es lo que están viviendo nuestros paisanos en EUA. El odio hacia ellos y la persecución es el pan de cada día. Son todo, menos trabajadores.

En todas partes la gente se defendía de los extranjeros, en todas partes los excluían. Todas las humillaciones que se habían inventado antaño sólo para los criminales, ahora se infligían a todos los viajeros, antes y durante el viaje.

Uno tenía que hacerse retratar de la derecha y la izquierda, de cara y de perfil, cortarse el pelo de modo que se le vieran las orejas, dejar las huellas dactilares, primero las del pulgar, luego las de todos los demás dedos; además, era necesario presentar certificados de toda clase: de salud, vacunación y buena conducta, cartas de recomendación, invitaciones y direcciones de parientes.

La campaña del candidato republicano a la Presidencia de la República de EUA, estuvo llena de discursos discriminatorios contra los latinos. De una profunda desconfianza y los llamó criminales cuantas veces se le dio la gana. Se le olvidó que sus antepasados también fueron inmigrantes.

El nuevo gobierno ha decidido continuar con el muro en la frontera norte de México y EUA. Los muros son síntoma de desconfianza. Los discursos de los miembros del gabinete del presidente culpan a los latinos de los problemas que no pueden resolver. La solución que encuentran es deportar latinos. Millones de hogares podrán ser destruidos. Antes de 1914, la tierra era de todos.

Los muros no dan buenos resultados. No lo dio en su tiempo el muro que construyó el emperador romano Adriano (122 DC) que dividió la Gran Bretaña. Y qué decir del Muro de Berlín que construyó la URSS, para separar el mundo comunista del mundo capitalista. En su momento, John F. Kennedy reprobó la construcción del muro de Berlín. ¿Qué pensaría John F. Kennedy si viera que su homólogo, Donald Trump, pretende darle continuidad al muro fronterizo que separa a México de EUA?

Artículo publicado el 09 de febrero de 2025 en la edición 1150 del semanario Ríodoce.

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