En este 254 aniversario del nacimiento de Ludwig van Beethoven, el sordo de Bonn, celebramos no solo a un genio musical que revolucionó la música, sino también a un ser humano complejo con virtudes, errores, vicios y enfermedades. Beethoven no solo transformó la música clásica con sus composiciones innovadoras y emocionantes, sino que también vivió una vida llena de desafíos personales, especialmente en sus últimos meses.
A finales de 1826, Beethoven, que residía en Viena, sufrió intensos dolores que lo postraron en cama. El diagnóstico de su médico, el doctor Wawruch, fue severo: la ictericia había invadido su cuerpo y un ataque de cólera lo había debilitado enormemente. Según el doctor Wawruch, una violenta explosión de ira y sufrimiento, causada por un acto de ingratitud y una ofensa inmerecida, agravaron su estado. Los síntomas incluían hinchazón de los pies, pleuresía y signos visibles de nódulos duros en el hígado.
La condición de Beethoven no mejoró con el tiempo. En los primeros meses de 1827, los médicos realizaron varias intervenciones dolorosas en un intento de aliviar la hinchazón, pero la falta de avances en medicina y la falta de esterilización de los instrumentos llevaron a una infección, empeorando su salud. En una carta fechada el 14 de marzo, dirigida a su amigo Moscheles, Beethoven ya sentía la proximidad de la muerte, reflexionando sobre su triste suerte y su resignación ante la voluntad divina. “¿Dónde desembocará todo esto? ¿Y qué será de mí si dura aún algún tiempo? Verdaderamente es triste mi suerte”, escribió.
El 16 de marzo, una junta de médicos confirmó: estaba desahuciado y no había nada más que hacer. El 24 de marzo recibió la extremaunción, su salud declinaba rápidamente y apenas podía hablar. Se dice que sus últimas palabras fueron en latín, “Plaudite, amici, comedia finita est” (Aplaudid, amigos míos, la comedia ha terminado), aunque algunos relatos afirman que su verdadera última frase fue una reflexión sobre unas botellas de vino que llegaron demasiado tarde: “¡Lástima! ¡Lástima!… ¡Demasiado tarde!”.

Beethoven falleció el 26 de marzo de 1827, en medio de una tormenta. Su funeral se celebró dos días después en la iglesia de la Santa Trinidad, donde se interpretó el Réquiem en re menor de Mozart. Entre los papeles del compositor, sus hermanos encontraron el Testamento de Heiligenstadt, un documento conmovedor en el que Beethoven relata su lucha contra la sordera y su aislamiento social. También encontraron una carta dirigida a su “Amada inmortal”, una mujer cuya identidad sigue siendo un misterio, posiblemente un amor imposible.
El legado de Beethoven no solo reside en sus composiciones, sino también en la profunda influencia que tuvo en compositores posteriores como Brahms, Wagner y Mahler. Su enfoque innovador y expresivo dejó una huella indeleble en el desarrollo de la música clásica. Beethoven fue un precursor de la música romántica, y su capacidad para transmitir emoción a través de sus obras continúa inspirando a músicos y oyentes en todo el mundo. A pesar de su sordera, que comenzó a manifestarse en sus treinta y tantos años y que eventualmente lo dejó completamente sordo, Beethoven siguió componiendo algunas de sus obras más grandiosas durante este período de silencio. Esta paradoja de un genio musical que no podía escuchar es una de las narrativas más poderosas de la historia de la música.
Además, Beethoven personifica la lucha y la resiliencia. Su capacidad para superar la adversidad y crear arte monumental en medio del sufrimiento personal es un testimonio de su increíble fortaleza y dedicación a su arte. Su música no solo refleja su propia vida y emociones, sino que también captura el espíritu humano universal en su lucha por la esperanza, la libertad y la expresión personal. En conclusión, Ludwig van Beethoven fue más que un genio musical; fue un símbolo de perseverancia y triunfo sobre el infortunio. En el aniversario de su nacimiento, 16 de diciembre, recordamos no solo su prodigioso talento y sus contribuciones a la música, sino también su humanidad y su lucha. Su legado perdura no solo en sus composiciones inmortales, sino también en la inspiración que continúa brindando a músicos y oyentes por igual. Beethoven, el inmortal, sigue vivo a través de su música, un eco eterno en el vasto concierto de la historia humana.
*El autor es Compositor, Doctorado en Musicología y Posgrado en Artes Digitales
Artículo publicado el 15 de diciembre de 2024 en la edición 7 del suplemento cultural Barco de Papel del semanario Ríodoce.






