Culiacán, y otras poblaciones de Sinaloa, están por la cuarta semana en que se han convertido en campos de batalla. La pugna entre los grupos del narcotráfico de Mayos y Chapos, más la alta presencia de las fuerzas federales, se extiende. La sumatoria de asesinatos, levantones, robos, y parálisis de muchas de las actividades económicas y sociales, tienen entrampada por completo a la capital y muchas otras comunidades y ciudades.
Absolutamente todo está afectado: desde lo elemental como el sentido de seguridad o la movilidad, los trabajos y escuelas, hasta las más simples rutinas de la vida diaria.
Culiacán para todo y en todas partes. No hay forma de abstraerse o pasar inadvertido. Aunque buscáramos desconectarnos, es como si a nuestra ciudad de repente le esté pasando todo al mismo tiempo. Mucho de lo que ya conocíamos como lo habitual y que hemos malvivido con ello, pero concentrado en tres semanas.
Apenas empieza a recuperarse la ciudad y un nuevo suceso la sacude, la espanta y se arrincona aterrorizada.
Se ve tan lejana una normalidad para Culiacán, ante sucesos que se encadenan con una frecuencia que vuelve casi imposible mantenerse al tanto. Apenas sabemos de algo, ocurre otro hecho. Es como en el cartón de Bobadilla ¡Épale Pariente!, donde apenas termina de resanar los agujeros de una balacera, cuando nuevos disparos perforan la pared. Sucesos violentos y días empiezan a confundirse. Nos preguntamos si los cinco asesinatos son de esta semana o la pasada, si los enfrentamientos con el Ejército o la circulación de convoyes armados es de un miércoles o un sábado.
Hablamos de eso que nos atrevíamos antes a llamar normalidad, pero muchos asegurábamos que estaba muy lejos de serlo, solo que por la repetición y la cercanía de la violencia nos había acostumbrado a vivirla así.
Ahora la pregunta es cuándo saldremos de esto. Eso para quienes les ha ido bien, y no han pasado del miedo y el encierro, sin escuchar ningún disparo en vivo, solo en los videos de circulación terrorífica. Eso para quienes mantienen sus trabajos e ingresos sin daño, para quienes la violencia y sus tentáculos no los ha tocado.
Hay muchos otros a quienes la estampida violenta ya los marcó. Para ellos las muertes, levantones o robos ahora es parte de sus vidas. Hay quienes han abandonado sus casas y tienen que dejar sus comunidades o ciudades, han perdido los trabajos o sus ingresos se redujeron por la parálisis.
Suceden tantas cosas, en todas partes y al mismo tiempo, que este septiembre de 2024 en Culiacán deja muchas marcas.
Margen de error
(Marcas) La semana pasada Ríodoce elaboró el mapa de los levantones, donde se sigue marcando la ubicación de cada una de las desapariciones que ha sido posible documentar, porque hay denuncia ante las autoridades o porque grupos de búsqueda han obtenido la ficha de los propios familiares. Los datos de unos y otros son distintos. Hoy día pasan de 100.
Igual podría hacerse otro mapa con las visualizaciones de grupos armados y su circulación por la ciudad, carreteras o comunidades, evidenciada por los videos o reportes que la autoridad no puede atender por recurrentes. Ni se diga el mapa donde ocurren los enfrentamientos entre los mismos grupos en pugna con las fuerzas federales, o el mapa donde abandonan los cadáveres de uno y otro bando.
Primera cita
(Armas) Por si todo esto fuera poco, la intervención de la Secretaría de la Defensa en la Policía Municipal de Culiacán enrarece aún más la situación. La revisión del armamento por la licencia colectiva no es más que una explicación pública, en la realidad se trata de algo distinto.
Fuerzas federales y locales están siempre en pugna, algo parecido a los grupos delictivos. Se guardan recelo. No sería la primera vez que el Ejército toma el control de una policía de este país, o interviene en sus funciones después de un suceso como lo ocurrido el sábado 21 en Culiacán, que tiene bajo sospecha a elementos policiacos.
Por ahora se desconoce si han abierto una investigación ministerial o solo se mantienen en la confirmación de sus sospechas. Con tantos sucesos puede ser que ni siquiera lleguemos a saberlo.
Y es que ahora, a diferencia de otros episodios violentos en Sinaloa, las versiones de cada suceso corren rápidamente y se van compartiendo en las redes sociales. Son solo eso, versiones, pero terminan contaminándolo todo. Es por ello que la pugna entre Mayos y Chapos no es solo entre sus grupos armados, va abarcándolo todo. La pugna no solo es con balas y muertos, es también con mensajes y desprestigio.
Mirilla
(Es Claudia) La llegada de Claudia Sheinbaum a la presidencia este 1 de octubre implica cambios en toda la estructura del poder federal. Asumirán con ella nuevos mandos en la Secretaría de la Defensa y la de Seguridad Pública, directamente implicadas en lo que sucede en Sinaloa.
Desde hace más de un mes la movilización de fuerzas armadas a la entidad ha ido en aumento. Con las operaciones que tenemos registro, es claro que no solo se trata de acciones de contención, como dijo el General Jesús Leana, comandante de la Tercera Región Militar, sino que hay también otros objetivos y por eso se han dado algunas capturas en las estructuras criminales.
No es posible anticipar cuáles serán las implicaciones de los cambios y el impacto en Sinaloa. Lo claro es que apenas llegue Sheinbaum a la Presidencia no podrá ser ajena a lo que ocurre en el estado. Justo al cumplirse cuatro semanas de una pugna que mantiene paralizada una de sus ciudades (PUNTO).
Artículo publicado el 29 de septiembre de 2024 en la edición 1131 del semanario Ríodoce.







