Carpintero, soldador y pintor de brocha gorda, el largo camino del creador
José García tiene su taller justo donde la modernidad del Malecón nuevo y un remanso de verde vegetación, se unen. Es la colonia La Lima, al norte de Culiacán, el espacio creativo donde se encuentra diariamente con el arte.
Ahí está, desde hace algunos años, el epicentro de su vida de artista, rodeado de esculturas de distintos tamaños y colores. En la parte superior, su estudio, muestra sus pinturas y piezas que va construyendo de retazos de madera.
También está una obra en la que retrató a Amparo Ochoa, compañera de aficiones musicales y caminos, porque además de interesarse por las artes visuales, tocar la guitarra y cantar música con sentido social de izquierda, es otra de sus aficiones.
Y es que dice ser un artista del pueblo y para el pueblo. Así se lo ha propuesto desde hace más de 50 años que tomó como un compromiso y forma de vida, a la creación.
“Soy artista del pueblo, eso soy. Lo tengo claro porque no necesito nada. He sido carpintero, soldador, he pintado casas, de todo para no tener la necesidad de ser un pintor comercial, me ha gustado seguir con la línea espiritual. Yo vengo de gente humilde, yo soy pueblo y si mi pintura sirve para eso, ahí está”, aclaró.
“Me eduqué de esta manera y aunque no parezca, así uno va teniendo una transformación, es lo que nos empuja a avanzar, porque lo técnico como sea”.
Un universo creativo
García nació en el poblado de Bellavista, y creció en la sindicatura de Costa Rica, Sinaloa, pero sus mundos siempre se nutrieron del arte internacional y de vanguardia. Hasta la fecha lo sigue haciendo.
Eso lo muestra en algunas de sus obras recientes, de clara influencia constructivista, que da prioridad a la geometría y la abstracción.
Lo decidió al ser parte del movimiento de vanguardia en Sinaloa, junto con Roberto Pérez Rubio y Kan Guerrero, con quienes fundó el Grupo Arte.

Tuvieron influencias de las vanguardias internacionales y realizaron activismo artístico. Toda una época, en la que incluso abrieron una de las primeras galerías en la ciudad, llamada La Bodega Arte Contemporáneo.
“Chorreábamos pintura, hacíamos performance, muchas cosas, Pérez Rubio venía con toda la influencia de Estados Unidos y yo de Jalapa, donde había estudiado. Vivimos experiencias muy bonitas en el arte”, dijo.
Para él, toda esta atmósfera creativa es comparable hasta la fecha como un ritual mágico en el que el artista se desconecta de su ser y entra en una especie de diálogo con elementos y técnicas.
“En ese momento, uno no está pensando en sí mismo, porque ni es uno, es la obra y ese mimetismo me encanta, es fundirse en lo que se está haciendo. Trasciende tu ser en cada obra. Es una aventura y vale la pena hacerlo.
El arte es para siempre
Desde que tenía 10 años, García supo que el arte sería su forma de vida. Salió de su entorno para aventurarse en la Universidad Veracruzana. Ahí otro mundo se le presentó, conoció pintores, tendencias y fue ayudante del pintor Mario Orozco Rivera.
“Esto ha sido el motivo de mi vida, es una parte intrínseca de mi naturaleza, respondo fielmente a esto, nunca he quitado el dedo del renglón. Yo no puedo hacer otra cosa”.
“Uno no termina de aprender y he sido muy feliz, he sido parte de un buen grupo de vanguardia y con Amparo Ochoa me relacioné con el medio artístico también, pero ahora estoy aquí en este paraíso que es mi casa”.
El arte, indicó, siempre ha sido su forma de vida, pero su economía no viene de ahí. Se ha dedicado a la rotulación, porque no le interesa el comercio del arte.
“Realmente yo vivo para el arte y por esa razón no pienso en vender, me gusta hacer con libertad y no someterlo al comercialismo. He pintado iglesias, bares, escuelas, hasta casas. Me gusta mucho la carpintería”.
“Disfruto mucho mi vida, me interesa seguir pintando, armando piezas. La abstracción, es lo que me gusta, aunque he hecho mucho paisaje dedicado a Culiacán”.
Prescindiendo del lienzo, García se ha enfocado a la construcción de piezas usando reciclaje. Así puede seguir creando de manera austera, es lo que siempre quiso y ahora a sus más de 70 años, lo aprecia como un privilegio ahí en su remanso verde intenso, rodeado de esculturas y de recuerdos de una época combativa para el arte en Sinaloa.
Artículo publicado el 22 de septiembre de 2024 en la edición 04 del suplemento cultural de Ríodoce, Barco de Papel.






