‘Business as usual’

‘Business as usual’

La política de Business as usual fue implementada en Inglaterra durante la primera guerra mundial, ya que ante la terrible paralización económica y los estragos que una guerra puede causar, el gobierno invitó a la población a no frenar la vida económica con el fin de evitar que la guerra causara afectaciones mayores por el miedo. Y es que en una guerra no todos los días, ni en todos lados hay bombardeos, pero la posibilidad de que ocurran genera mucho miedo. Este miedo puede desencadenar una severa crisis económica, que termina en carestía, especialmente de los bienes básicos.

Los negocios sinaloenses se han visto en la necesidad de implementar esta política; abrir negocios y frenar una potencial crisis económica profunda derivada de la violencia.

Por su parte el gobierno del estado ha impulsado algo similar a esta política de business as usual, que es en principio algo bueno. Tal vez lo único que ha causado molestia a la población es que, aunque somos conscientes de los poderes que se mueven, la negación y minimización de la violencia por parte de autoridades tanto estatales como del primer mandatario en el Palacio Nacional, se siente extrema.

Las acciones del gobierno para la reactivación económica y apoyo a los negocios con permisos, pagos del seguro social, rondines, entre otros, llevan en el mismo sentido, lo que permitirá que las ya pérdidas millonarias no sigan escalando. No obstante, pedir que hagamos como que no pasa nada es otro nivel. La política de Business as usual, fue una invitación a colaborar juntos por un bien mayor: la soberanía nacional.

En el entendido de que la guerra era en cierto modo necesaria y aunque las consecuencias causarían pérdidas y muertes, todos estaban en el mismo barco. Por supuesto que puedo imaginar que no todas las personas estaban felices con esta iniciativa, muchos tendrían miedo, otros criticarían al gobierno por embarcarse en una guerra que provocaría eventualmente carestía y escasez. Con todo, las empresas participaban, por el bien de todos. Incluso la emblemática juguetería Harrods, presume haber atendido usando cascos durante este periodo.

Aunque Sinaloa no está en guerra, los enfrentamientos, bloqueos y otras acciones han afectado a la población civil, principalmente a través del miedo. Pero en zonas serranas las consecuencias serán aún mayores, debido a los desplazados y a que sus economías son ya bastante frágiles. Muchas familias en pequeñas comunidades dependen de las visitas de fines de semana de los turistas que disfrutan de paisajes y comidas en esas zonas, pero por el momento ante el temor de cualquier bloqueo, o interrogatorio a la llegada a los pueblos, frenará el turismo. Por ejemplo, Elota, Concordia y San Ignacio, apenas representan el 1 por ciento de la economía sinaloense y poco más de 100 mil habitantes. Sin embargo, su economía se estrangula sin comercio y turismo, y con una temporada de siembra aún por iniciar.

En suma, una política de business as usual, permitirá que las familias y empresas sorteen de la mejor manera esta crisis de inseguridad, y en ese sentido ya hay esfuerzos ciudadanos coordinados por la paz. No obstante, mientras sigan ocurriendo eventualidades, la población no regresará a la normalidad, perjudicando la vida económica de la sociedad y trayendo consigo pérdidas en el desarrollo de los niños y jóvenes que no están en las aulas por el temor que existe en la sociedad.

Artículo publicado el 22 de septiembre de 2024 en la edición 1130 del semanario Ríodoce.

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