Hasta en sus pleitos internos terminaron pareciéndose. Después de su ensordecedora derrota del 2 de junio, el PRI y el PAN viven encarnizadas luchas al interior por ver quién o quiénes se quedan con sus estructuras, lo que queda de ellas, tan lejos de lo que fueron durante décadas y tan cerca de los partidos que tanto criticaron por ser apéndices de los partidos gobernantes, el Verde, el PT y, en otros tiempos, el PPS, el PARM…
Sus historias al caño, van con ellas los liderazgos de Manuel Gómez Morín —aparte uno de sus principales ideólogos—, Luis H. Álvarez, Carlos Castillo Peraza, el mismo Felipe Calderón, Manuel J. Clouthier que, aunque nunca fue presidente del PAN, su figura y su liderazgo no se pueden regatear. En el PRI hay que irse más lejos para rescatar verdaderos líderes, porque a partir de los gobiernos llamados neoliberales, los dirigentes del partido fueron solo monigotes sin personalidad propia ni oficio político. Atrás quedaron Carlos Madrazo, Jesús Reyes Heroles, Porfirio Muñoz Ledo, Luis Donaldo Colosio, por mencionar algunos de los más relevantes.
En uno y otro partido, ahora, la mediocridad es el sello que se imprime a cada uno de sus pasos, la falta de horizonte, de proyecto de país y el abandono a las causas que les dieron origen cada cual en su momento y contextos históricos. De los derroteros nacionales que se plantearon ambos partidos al nacer y durante décadas, quienes ahora los dirigen se han concentrado en el micropoder que representan estructuras convertidas en lastimosas entelequias, repudiadas por millones de mexicanos que se muestran decididos a enterrarlos para siempre. (Tarea que tal vez cumplan los mismos priistas y los mismos panistas desde adentro, como empieza a observarse, sobre todo en el PRI).
La paradoja es que México no gana con ello. Las democracias requieren de fuerzas vivas fuertes de un lado y de otro, en los que gobiernan, pero también en la oposición, sobre todo cuando desde el gobierno se pretenden conculcar, en nombre del “pueblo”, avances que mucho le costaron al país. La existencia de partidos fuertes estaría hablando de una democracia sólida, pero esto no está ocurriendo en México y, por el contrario, la concentración de tanto poder en un solo partido estaría poniendo en riesgo los equilibrios que una democracia moderna exige. Y salvo Morena, que ha ganado todo en las elecciones pasadas, el abanico de partidos que nos quedan enfrente es deleznable, con el agravante de que también se observa una sociedad civil poco organizada y con escaso movimiento.
En el PRI no se ve otro destino que no sea su extinción como fuerza política determinante, porque aun en la oposición podría serlo; es previsible que la reelección de su dirigente, Alejandro Moreno, provocará una desbandada de líderes nacionales y en los estados que convertirá a este partido, que nació de la revolución mexicana, a una franquicia al servicio de los intereses que paguen mejor. Como lo ha hecho toda su vida el Verde, como lo ha hecho el PT y en Sinaloa el Partido Sinaloense.
Y si los panistas no logran sacudirse el control que Marko Cortés tiene sobre el partido, seguirán la misma ruta. Los dos, el PRI y el PAN, tuvieron la oportunidad de una revisión a fondo de lo que son, de lo que quedó de ellos y hacia dónde debían caminar si pretendían recuperar algo de aquello que les dio origen. Pero en ambas organizaciones las fuerzas políticas y los ánimos estaban muertos o casi muertos. Y entonces lo que se ve y escucha en ambos lados son solo lamentos casi resignados a que alguien tomó por asalto el partido y se adueñó de él. Esto está ocurriendo a nivel nacional, pero se está reproduciendo ya en los estados, por eso vemos en Sinaloa a una Paola Gárate entregada a los designios de Alito. Y en el caso del PAN a una Roxana Rubio cuidando su chumilquito aunque valga un peso.
Bola y cadena
EN EL PRI LA ÚNICA POSIBILIDAD de que Alito Moreno no se reelija y mande en el partido hasta 2032, es que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación resuelva en favor de la impugnación a la asamblea donde fueron modificados los estatutos, que ex dirigentes del PRI presentaron el jueves pasado. Si esto ocurre podría pensarse en un proceso interno que al menos discuta con profundidad el destino del partido. Por lo menos, al margen del resultado.
Sentido contrario
EN CUANTO AL PAN, AUNQUE YA HAY VARIOS apuntados para relevar a Marko Cortés, es remoto que este no se reelija, pues tiene control sobre el padrón de militantes. Igual aquí no solo no renunció al cargo después del descalabro que sufrió el partido en las elecciones pasadas, sino que pretende refrendar su dirigencia. Mayor miseria imposible.
Humo negro
EL CASO DE ALBERTO DE JESÚS VERDUGO RIVERA, cuyo cuerpo fue identificado más de cuatro años después de que se reportó como desaparecido, debe ser una lección para el Gobierno. Es imperdonable que su madre y su familia hayan pasado tanto tiempo buscándolo por doquier, cavando fosas con deseos de encontrar sus restos al menos, y que el cuerpo haya permanecido todo ese tiempo en la morgue sin ser identificado. Y que haya más, 1 mil 200 cuerpos más en la misma condición. Se presume que Sinaloa es uno de los estados que más recursos ha gestionado para la búsqueda de desaparecidos. ¿Y? ¿De qué han servido? ¿Por qué pervive en estas áreas del gobierno tanta mediocridad y tanta negligencia?
Artículo publicado el 14 de julio de 2024 en la edición 1120 del semanario Ríodoce.






