Claman justicia por el crimen del fotoperiodista Gregorio Rodríguez

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A 20 años de su asesinato, pide su familia el esclarecimiento del crimen

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A casi 20 años del asesinato del fotógrafo de El Debate de Mazatlán, Gregorio Rodríguez Hernández, su esposa e hijos, quienes desde el 28 de noviembre de 2004 han crecido sin las raíces del padre de familia, todavía tienen el anhelo de que la Fiscalía General de Estado, les haga justicia.

Entrevistada el lunes 6 de mayo, sobre si el hecho de que los presuntos implicados en el homicidio de su esposo, estuvieron presos, le dejó la sensación de que la justicia se cumplió en Sinaloa, respondió negativamente.

“Si me preguntas si hay justicia, la respuesta es definitivamente no; nada va a resarcir el daño que nos hicieron a mis hijos y a mí, pero todavía tenemos la esperanza de que se esclarezca y se haga justicia”, dijo María Teresa González de Rodríguez.

—¿A casi 20 años del crimen no llega la justicia?— se le pregunta.

—No, porque se puede decir que sí hubo “chivos expiatorios”. Hubo sentenciados, pero hay dudas razonables para pensar que no eran los responsables.

—No crees que los nayaritas Pedro Salas Franco, el ‘Cabezón’, Francisco Javier Pineda Sarmiento, el ‘Gordo’, y Elías Álvarez Hernández o Benjamín Contreras Hernández, el ‘Benja’, fueran los responsables del homicidio de Gregorio…

—No.

En 2012, los tres acusados de haber asesinado al periodista salieron libres del Centro de Ejecución de las Consecuencias Jurídicas del Delito (Cecjude); Ríodoce los entrevistó en el penal de Mazatlán, y el Cabezón, el Gordo y el Benja siempre negaron categóricamente ser los homicidas expresando: “Nosotros somos ladrones de carros, no asesinos de periodistas”.

También estuvieron presos, los señalados Abel Enríquez Zavala, ex director de la Policía Municipal de Escuinapa, y Marisela Machado Deniss.

Asimismo, fueron involucrados los hermanos Manuel Ulises y Abraham Ernesto Cedano Ornelas, quienes habían sido los primeros “chivos expiatorios” fabricados por la entonces Procuraduría General del Estado de Sinaloa, utilizando como único testigo a Ramón Ochoa Hernández, quien habría sido aleccionado por los interesados en desviar la investigación del crimen.

Desde enero de 2005, días después del asesinato de su esposo, ocurrido el 28 de noviembre de 2004, durante el gobierno de Juan Millán Lizárraga, ella exigía que las autoridades encargadas de impartir justicia en el estado, esclarecieran

los móviles reales del crimen, porque personas ligadas a los presuntos autores intelectuales del homicidio, estaban sembrando la versión de que Gregorio Rodríguez Hernández, habría sido víctima de un crimen pasional.

—¿Qué han dicho las personas que pretenden desviar las investigaciones del crimen y de paso manchar la imagen de tu esposo— se le preguntó en 2005.

—Que el de mi esposo fue un crimen pasional. Hasta los investigadores de homicidios dolosos me han preguntado sobre su vida privada, y su vida privada era su vida pública, la que la gente conoce, un padre ejemplar. Hasta a los investigadores ya les entró la curiosidad de que su muerte pudo ser por un crimen pasional. Hay gente que no se mide y eso sí me duele, por eso quiero que se aclaren totalmente los móviles reales del asesinato de mi esposo.

Perla

El 28 de noviembre de 2004, a las 19:00 horas, Gregorio Rodríguez Hernández, de 35 años, estaba  cenando con sus hijos  Perla Noemí y Leonardo Noé Rodríguez González de 6 y 4 años de edad, respectivamente, en una cenaduría ubicada en las calle Bahía de la Paz y Callejón Aquiles Serdán, de la colonia Infonavit Buenos Aires, en Escuinapa, cuando hasta ahí llegaron dos sicarios y le dispararon a quemarropa en cuatro ocasiones con un arma calibre 9 milímetros, para luego escapar del lugar de los hechos.

Los dos hijos del fotoperiodista describen la experiencia que vivieron aquel día que presenciaron el crimen de su padre con una palabra: “traumatizante”.

Actualmente, Perla Noemí tiene 25 años, y Leonardo Noé 23 años, cobijados por su madre María Teresa González, han logrado con esfuerzo y perseverancia estudiar en la Escuela Normal y en el Tecnológico de Culiacán.

—¿Cómo te nació la vocación de educadora?— se le pregunta a Perla Noemí.

—A mí lo que me llamaba la atención era el baile, la danza. Hice una carrera técnica en danza folclórica, pero no la llevé más a cabo, porque luego me decían y de qué vas a vivir y tienes que buscar algo seguro. Y de hecho era como mi segunda opción, porque igual me gustan mucho los niños, eso es en la enseñanza. A mí ya me ha tocado cubrir interinatos, impartir educación física, danza, inglés y de todo.

—¿Cómo has aprendido a convivir con la ausencia de tu papá todos estos años?

—Pues mire, en todo momento uno lo trae presente y suelo imaginarme cómo sería si él estuviera con nosotros. Y como uno lo tiene presente, imaginar que si nos viera los logros, al igual que nuestras derrotas, tener el cariño, el abrazo incluso el regaño de él. Y de que sí salimos a las fiestas familiares y que se juntan sus hermanos, que son mis tíos, pero… falta mi papá.

Sobre Teresa González, dice: “Mi mamá ha sido padre y madre, pero no crea que le ha sido tan fácil. Porque ya ve, uno cuando es adolescente que se pone rebelde y pues ella sola y también tener que buscar los medios para sobrevivir”.

Leonardo

Leonardo Noé, a sus 23 años, trata de evocar a su padre: “Lo recuerdo muy vagamente, que era muy trabajador y muy atento con nosotros, jugábamos mucho y nos dedicaba mucho tiempo. Lo que sí me afectó y duré mucho con esos pensamientos fue cuando lo asesinaron, ese es el momento que recuerdo más fuertemente”.

—¿Siempre quisiste estudiar ingeniería industrial?

—La verdad yo quería estudiar otra carrera como medicina, más enfocado a la salud. Pero al final de cuentas me decidí por ingeniería industrial. Es una carrera en la que puedo encontrar trabajo y bien pagado, quizá aquí en Sinaloa, no tanto, pero cuando termine mi carrera, seguramente fuera del estado podré conseguir un buen trabajo.

—¿Qué piensas sobre la impunidad en la muerte de tu padre?

—Siempre ha habido “mano negra” en todo esto, porque yo creo que fácilmente se pudo dar con los responsables. Son muchas personas que realmente saben que debería aclararse y llegar al fondo. Es muy triste que esté pasando esto aquí en México. Y pues como una inseguridad que uno tiene, pues lamentablemente aquí en México no se logra mucho en el tema de la justicia, porque no se meten a investigar a fondo como en otros lugares. Como dice toda mi familia, nada va a resarcir el daño que nos hicieron, pero tenemos la esperanza que se esclarezca su asesinato y se haga justicia.

Artículo publicado el 12 de mayo de 2024 en la edición 1111 del semanario Ríodoce.

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