El recuerdo de Los Tigres del Norte en Sinaloa

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El recuerdo de Los Tigres del Norte entre los asistentes de diferentes partes de Sinaloa que se dieron cita en Mocorito, es el de aquellos jóvenes de Rosa Morada que, con guitarra en mano, tocaban en las ferias y fiestas de pueblos en el estado.

De Angostura a Guasave y de Culiacán a Mocorito: su cuna, su casa y ahora la sede de un museo a su leyenda.

El 1968 enmarca las puertas negras de la galería que inmortaliza su legado; 55 son los muchos años que tendrían que pasar para que los pollos que apenas nacen puedan estar a la altura de los jefes de jefes.

“Cuando no eran tan famosos iban a los ranchos, cuando no eran tan famosos hacían conciertos. Nosotros somos de Chinitos e iban a cantar allá. Eran igual de accesibles con la gente, comían de lo que la gente hacía y bebían de lo que la gente les llevaba. Iban en camiones viejos, con el montón de instrumentos y se quedaban en la sindicatura del pueblo”, dice Evelia, quien tenía 10 años cuando llegó a conocerlos.

Abelardo viene de la Noria, Mocorito, y también recuerda esos conciertos que daban aquellos jóvenes músicos en las diferentes rancherías del estado.

“(Los conocí) no mucho porque ellos luego se fueron. Se fueron para Estados Unidos, te estoy hablando de hace muchos años, de 50 años. Como dicen ellos, se fueron solos y vienen con muchos”.

Pedro Luis Jiménez vive en Long Beach, California, y lo reconoce, Los Tigres del Norte para los mexicanos en Estados Unidos, es identidad y cultura.

“La música es lo que conecta a mucha gente de allá (EU) con la familia de acá (México). Mucha gente que se va para darle lo mejor a la familia de acá. Y hablan mucho de eso sus canciones. Mucha gente se siente orgullosa de eso”.

Él se identifica con la canción de Los dos plebes y canta uno de sus versos: “Soy sinaloense, compita…”.

“Me sentí conectado porque como mi familia es de aquí, de Mocorito, y cuando empezaron a construir el museo de los Tigres del Norte, es cuando me di cuenta que eran de aquí. Yo no sabía que estaba tan conectado a mi familia, al pueblo de mi papá, y eso es un orgullo grandísimo”, comenta.

José Manuel Villalobos coincide con los demás asistentes: lo admirable de los pródigos de Rosa Morada es su voluntad de no olvidarse de sus raíces, a las cuales les dieron voz a través de su música.

“Sus composiciones líricas son como habla y piensa un pueblo. Y esa es la esencia de Los Tigres del Norte, que han llevado su música a todas partes del mundo, pero también son regionales. Caminan por todo el mundo, van y regresan, visitan sus raíces, eso es lo bonito, que tienen la humildad”.

Su comentario es interrumpido por el corte de listón de la inauguración y hace la alusión: “oi, ahí están abriendo los tres candados”.

“De llevar el nombre de Mocorito, de sus tierras, a otras latitudes del mundo ¿quién no va estar orgulloso de Los Tigres del Norte?”, expresa.

Iván Sáenz, viene de San Miguel, Eldorado y recuerda aquellos años 70 donde los Jefes de Jefes se presentaban en Culiacán ante una multitud abarrotada.

“Son corridos que no están muy enfocados con el narcotráfico, sino de los sucesos que se presentan. No son de violencia, por eso me gustan…Se lo merecen, es un museo que queda para la historia”.

Manuel de Jesús Pérez López, viene del poblado de León Fonseca, Guasave, tiene 77 años y presume con una sonrisa que tiene una foto junto a Los Tigres del Norte cuando tocaron en “El Zopilote”. 

“(En el Zopilote) estaban tocando para el marido de una prima, son amigos de él, van seguido. Hace como seis años fue, no hace mucho que los conocí. Estuvieron en Verduras también, pero no estaban tres de ellos, de una comadre mía que cumplió 50 años de casada, estuvieron tres de Los Tigres ahí con ella”.

Por más de 50 años de carrera, los Tigres del Norte narraron a México desde la migración, la pobreza y el narcotráfico. Realidades ineludibles que retrataron a través de su música. El museo resguarda un legado musical en su honor, pero lo más significativo quedará en la memoria de todos aquellos que llegaron a conocerlos en sus inicios, en sus rodadas por Sinaloa, en sus tocadas, y que ahora junto a ellos celebran su inmortalización en la tierra que los vio nacer.

Artículo publicado el 12 de mayo de 2024 en la edición 1111 del semanario Ríodoce.

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