La paradoja de los sistemas alimentarios
Ni la filantropía ni las ayudas de emergencia pueden acabar con la inseguridad alimentaria a nivel mundial, afirmó José Graziano da Silva, ex director general de la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO). La respuesta al problema se encuentra en las políticas públicas, dijo.
Y algo ha de saber, de 2012 a 2019 fue líder del programa Hambre Cero, con el que sacaron a 41 millones de personas de situación de pobreza en Brasil.
A nivel mundial existen alimentos para toda la población, es solo que no todos pueden acceder a ellos por los altos precios.
Para Graziano, el hambre puede ser clasificada como hambre rural y urbana. El hambre rural se combatía aumentando la producción agrícola en las zonas afectadas, esto elevaba su calidad de vida y podían acceder a más y mejores alimentos.
Hoy el hambre rural es un problema muy aislado, pero el hambre urbana es cada vez mayor.
En la ciudad el dinero tiene muchos más usos que en los pueblos o zonas remotas. Es necesario pagar transporte, renta o internet. Esto diluye los ingresos y la calidad de los alimentos a los que se accede bajan en cantidad y calidad, entonces pasa de ser una mezcla de hambre y malnutrición.
“Nos enfrentamos a una epidemia de obesidad. Hay familias que pasan hambre con niños obesos por el consumo de productos procesados y ultraprocesados, con exceso de grasas, de azúcares o de sal”, comentó da Silva.
Para el académico especialista en agronomía, la aplicación de políticas públicas forma parte de la solución. “La alimentación y en concreto, la alimentación saludable, es un derecho. Si un niño no come antes de ir a la escuela, no es culpa de la madre porque es una obligación del Estado garantizar la alimentación. Convertir el hambre en un tema político es acercarnos a la solución”, comentó.
Algunas de sus propuestas son hacer extensivo el etiquetado de advertencia, como el que se usa en México y Chile, así como regular la publicidad dirigida a niños, que la comida chatarra no se comercialice en las escuelas y aplicar impuestos a los alimentos que no son saludables y mediante esta recaudación financiar a los que sí lo son.
Artículo publicado el 31 de marzo de 2024 en la edición 1105 del semanario Ríodoce.






