A cinco días de casarse, Renato (Luis Gerardo Méndez) se ve obligado a viajar de San Miguel de Allende a Chicago, para reencontrarse con su padre (Juan Pablo Espinosa), a quien no ve desde hace 20 años. Ahí se entera de que Asher (Connor Del Rio) es su hermano. Si el mexicano quiere saber las razones por las cuales su papá lo dejó y se quedó en Estados Unidos, debe descifrar algunas pistas que están entre Illinois y El Paso, Texas, pero viajando junto a su nuevo pariente, quien no le cae nada bien.
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El principal problema de Medios hermanos (Half Brothers/EU/2020), dirigida por Luke Greenfield, no es tanto que se trata de una mala copia de Todo un parto (2010), sino su incongruente e inconsistente guion, escrito por Eduardo Cisneros y Jason Shuman, en el que varios aspectos carecen de sentido, sobre todo el uso del tiempo, aunado a que no atina en su propósito de conmover, menos con el de hacer reír.
El primer día de viaje, dos días antes de la boda, desde la 8:00 horas, los hermanos recorren 477 kilómetros hasta llegar a San Luis, Misuri. Sin detenerse, eso les llevaría 5 horas. Ahí buscan a la persona que les dará la primera pista y se quedan a dormir. Al día siguiente se dirigen a Oklahoma, para descifrar la segunda incógnita. Sin parar, el trayecto les llevaría 7 horas. Saliendo a la misma hora, estarían a las 15:00.
Desde que llegan y hasta la mañana del siguiente, Renato y Asher, maravillosamente, tienen tiempo para buscar a su interlocutor, escuchar otra parte de la historia, ir al aeropuerto e intentar viajar a México, quedarse sin gasolina, caminar para buscar ayuda, encontrar una casa sola, pero en la que pueden elaborar el combustible que necesitan, emborracharse, pelearse varias veces; que Renato huya, enfrente una patrulla fronteriza, quede preso, duerma en la cárcel y regrese a la casa, que no estaba abandonada, a reñir con los dueños y reclamar una cabra.
El mismo día de la boda, ya en El Paso, llegan, por fin, al convento en el que se supone está Eloísa, con la última parte del relato reivindicativo del padre ausente, aunque antes deben descifrar la clave que abre una caja fuerte, sin dejar de pelear en repetidas ocasiones.
¿Cuál es el punto de todo esto? Muy sencillo. La distancia entre Chicago y El Paso es de 2437 kilómetros. En coche, a 110 k/h, implicaría 22 horas. Los hermanos inician el viaje dos días antes de la boda, pero necesitan uno de recorrido. ¿Cómo consiguen hacer todo lo demás, incluso volar sobre el Cañón del Sumidero y estar puntuales en Guanajuato, para el casamiento?
La cinta disponible en Netflix, además, expone, mayormente, actuaciones deficientes, personajes y situaciones estereotipadas y una historia inconsistente: las razones de la ausencia del padre, no lo justifican, realmente; en el lecho de muerte no hay tiempo, ánimo ni cordura para inventar un juego de pistas; en dos días no se resuelven traumas de años, no se perdona ni se elimina el odio; no se acepta, entiende y vuelve entrañable alguien a quien se detesta; y no se vuela un avión sin permisos, menos de un país a otro.
Sí, es una historia de ficción, una película, pero también hay reglas a seguir para lograr equilibrio, congruencia y verosimilitud. Véala… bajo su propia responsabilidad, como siempre.
Artículo publicado el 20 de agosto de 2023 en la edición 1073 del semanario Ríodoce.






