Buen viaje, querido Profe Cruz

Buen viaje, querido Profe Cruz

Lo conocí en una de las ediciones del Festival Gabriel García Márquez, que se lleva a cabo en Recoveco. Siempre vestido de mezclilla, buscaba sentarse donde pocos lo vieran. (Yo creo que le hubiera gustado ser invisible).

El Profe Cruz Hernández, muerto la mañana del viernes pasado afectado por el cáncer, fundó hace 20 años, en el Centro de Bachillerato Tecnológico Agropecuario 133, el Club de Lectura La Hojarasca, y llevó a cabo la primera edición del Festival Gabriel García Márquez.

“La lectura os hará libres”, les decía a los muchachos. En estos 20 años han pasado miles de plebes por ese club. Y más por las conferencias, talleres, mesas de trabajo, funciones de teatro y de cine y lecturas colectivas de libros, casi siempre de García Márquez.

En uno de esos festivales tuvo la idea de leer de manera ininterrumpida Cien Años de Soledad. Convocó a todo el pueblo de Recoveco. Amas de casa, niñas, niños, jóvenes, estudiantes, maestros, campesinos, ejidatarios, se dieron cita para leer uno o dos párrafos de la obra. Duraron poco más de 24 horas desde “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento…”, hasta “…y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”.

Al cineasta Óscar Blancarte le atrapó la iniciativa del Profe Cruz y realizó el documental Voces corales de mi pueblo, un corto conmovedor que rescata los momentos en que un pueblo entero se entrega a la lectura como una forma de conjurar los fantasmas de la violencia. Años más tarde, bajo la misma inspiración, el mismo Blancarte nos entregó su largometraje La Promesa, donde, en torno a la trama, gravita siempre la lectura, como una forma de transformar conciencias y pueblos.

El Profe Cruz era un ferviente admirador de la obra del “maestro” –así le decía—García Márquez y mantuvo, durante mucho tiempo, comunicación directa con el Nobel. Lo visitó un par de veces en su casa de Ciudad de México y alguna vez, en una de las ediciones de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde el país invitado fue Colombia, (2007), García Márquez lo invitó a una cena que le ofrecieron en el hotel Hilton. Cuando se anunció en la entrada, acompañado por su esposa y su hija, fue a recibirlo Mercedes Barcha, esposa del Gabo. Lo pasó a la mesa principal, donde ya tenían espacios reservados.

Me lo contó años después, en alguna de las conversaciones que tuvimos, y todavía no salía de su asombro. Me dijo que, en algún momento, García Márquez se disculpó porque se levantaría a saludar a unos amigos. Y que estaba muy nervioso, porque los otros dos invitados de honor a la mesa fueron Carlos Fuentes y el escritor colombiano, amigo íntimo del Gabo, Álvaro Mutis. “Pues yo nomás los escuché mientras regresó el maestro”, me dijo.

Cruz fue a varios de los festivales de Gabo, que se realizan cada año en Medellín. Por allá hizo migas con Jaime, hermano del Nobel, a quien siempre le llevaba sus botellitas de tequila. Estuvo presente en Cartagena, cuando las cenizas del escritor fueron depositadas en el Claustro de la Merced, de esa ciudad caribeña. Por ese amor que le tenía al escritor colombiano, Recoveco era para él, su Macondo. “Acá andamos en Macondo”, decía.

Lo vimos en la FIL hace dos meses. Nos acompañó en la presentación de la edición conmemorativa de Ríodoce, Javier Valdez, El Bato, en el Hilton. Estuvo allí en la sombra, como siempre, buscando que la lente de la cámara no lo tocara mucho.

Un mes después, ya en enero, nos invitó a comer a varios moneros, al Flaco Villarreal y a mí. Lucía delgado, pero nunca nos imaginamos que estuviera enfermo. Se estaría despidiendo, tal vez, pero no lo sospechamos. Nunca vimos revolotear mariposas amarillas, ni pasar entre nosotros el fantasma de Melquiades, ese gitano corpulento de barba montaraz y manos de gorrión.

Si el Profe Cruz sabía que estaba enfermo y que pronto iba a morir, fue muy hombre para guardarse el secreto. Cuando nos enteramos de que había estado en un hospital, varios amigos le llamamos y a todos nos dijo lo mismo, que solo se había tomado unas vacaciones.

Bola y Cadena
EL PROFE CRUZ FUE MUY AMIGO de Javier Valdez, quien era cliente infaltable de los festivales que promovía en Recoveco. Escribió un texto para el libro que hicimos sobre el Bato, donde contó que no quiso ir a sus funerales… “le lloré en silencio, como muchos de sus amigos lo hicieron. Prefiero recordarlo como lo vi la última vez; soy tan supersticioso que, cuando veo un ataúd, entonces sí se mueren para siempre”.

Sentido contrario
LOS OPOSITORES A LA CUARTA Transformación anunciaron una nueva marcha en defensa del INE y el presidente, AMLO explotó con un “¡Ya chole!”… “Solo que usen la marcha para defender a García Luna!” Pues sí, así estamos. Y si la marcha opositora se lleva a cabo el 26 de febrero, la 4T hará una a nueva el 18 de marzo, cuando se festeja la expropiación petrolera, uno de los actos icónicos de nuestro nacionalismo, llevado a cabo por el general, Lázaro Cárdenas. Y así seguiremos, por lo menos hasta el 24.

Humo negro
PUEDEN GUSTARNOS O NO muchas cosas de la llamada 4T –a mí, en lo personal, no me gustan muchas, algunas, incluso, las abomino—, pero al voltear atrás tienes que mirar lo que fueron los gobiernos del PRI, del viejo PRI, el de José López Portillo, el de Echeverría… y del nuevo PRI, el de los neoliberales, desde Miguel de la Madrid hasta Zedillo y, después del nefasto brinco panista de Fox y Calderón, el de EPN. Todos juntos –por eso la puntada de llamarlos PRIAN fue genial—llevaron el país a la bancarrota, a decenas de millones de mexicanos a la miseria, las instituciones a las cañerías de la corrupción, mientras la riqueza se concentraba en una casta de multimillonarios a la que entraron no pocos políticos. ¿Volver atrás? Ni para agarrar viada.

Artículo publicado el 05 de febrero de 2023 en la edición 1045 del semanario Ríodoce.

Lee más sobre:

Últimas noticias

Scroll al inicio

2021 © RIODOCE
Todos los derechos Reservados.