Cuando Jesús María se convirtió en zona de guerra

SICARIOS EN LA SIERRA. La otra versión.

La historia contada por pobladores y sicarios que no pudieron rescatar a Ovidio Guzmán

El hombre nunca se descuelga el “cuerno” recortado, con cargador de disco. Estuvo en la refriega del 5 de enero en Jesús María, pero alcanzó a regresar al territorio que tiene encargado por los rumbos de Badiraguato. Los dos muy jóvenes, su compañero trae también un fusil corto M-16 camuflajeado. Nunca, dicen, habían visto algo así, ni siquiera en 2019, en aquel intento del gobierno por llevarse a Ovidio Guzmán.

La versión de los sicarios coincide con la de algunos habitantes de Jesús María que describieron cómo una avioneta, igual que los helicópteros que también desplegó el ejército, se desplazaba a gran velocidad vomitando cientos de disparos que acababan con la vida de sicarios que viajaban en los interiores y en las cajas artilladas de las camionetas.

Era un fuego a discreción. Disparaban a lo que se moviera. Por eso dispararon por “error”, contra una unidad de la Secretaría de Seguridad estatal, donde viajaban el subsecretario, Carlos Alberto Hernández Leyva y sus escoltas, dando muerte a uno de ellos, Ángel Eduardo Rivera Mondaca. Los atacaron desde uno de los Black Hawk que participaban en el operativo.

LAS HUELLAS DE LA REFRIEGA.

Voceros de la Sedena dijeron a Ríodoce que no hablarían ni de este hecho ni de la participación de avionetas en el operativo, porque estaba en curso una investigación.

“Una vez que se concluya la investigación, se podrá determinar cómo ocurrió el operativo tanto por aire como por tierra”, respondieron.

Los residentes de Jesús María, por su parte, contradicen el reporte oficial hecho por el secretario de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval, respecto a las 29 muertes ocurridas durante el operativo, pues los números pueden ser mucho más altos.

“Soldados no le podría decir cuántos murieron, pero de los nuestros yo pienso que había unos sesenta o setenta, no sabemos”, dijeron los mismos sicarios entrevistados.

Uno de los residentes, quien habita a lado de la casa de Ovidio, confirma que la cifra señalada por Sedena es ridícula, pues si tan sólo 50 camionetas quedaron varadas en el pueblo, y en promedio se mató únicamente a un sicario por cada unidad abandonada, los números no cuadran.

“Hubo camionetas que llevaban hasta seis pistoleros y los mataron a todos”, observó.

Ni en la fiscalía del estado, ni en la Semefo se pudo confirmar si el número de elementos muertos superaba los informados por la Sedena. Sin embargo, un trabajador de una funeraria local indicó que entre sus colegas se hablaba de que al menos sesenta servicios habían sido vendidos a las familias de los muertos que participaron en el enfrentamiento en Jesús María, y que la mayoría de esos servicios no los reportaban como hechos violentos, sino como muertes naturales.

“Pero eso no lo va a decir la funeraria, y la verdad es que ni el gobierno mismo sabe exactamente cuántos sicarios murieron en ese enfrentamiento, pero no fueron 19, porque entre nosotros hemos comentado sobre los servicios que se han vendido y hemos contabilizado más de sesenta, más los cuerpos de los sicarios que no se han encontrado, porque muchos de esos cuerpos quedaron abandonados en el monte”, dijo.

El avión de la muerte

El enfrentamiento, según indicaron sicarios y vecinos de Jesús María, fue el vivo retrato del horror y la guerra, con un avión que entraba y salía del pueblo disparando a diestra y siniestra.

“No respetaba gente, ni vacas, ni burros, ni nada, ni siquiera a su propia gente, y se equivocaba por la cantidad de gente que estaba peleando por tierra”, recuerda uno de los sicarios.

De acuerdo a elementos de la fuerza aérea, el tipo de avioneta que utilizó el ejército pudo ser un North F-5, una aeronave de guerra que mide poco más de 14 metros de largo, y que fue utilizada por primera vez en 1959. Lo que hacía mortal a la aeronave, sin embargo, era un arma identificada como M-134 Mini Gun, un rifle de seis cañones que cuando es disparado gira en su propio eje, con magnifica rapidez, y llega a soltar hasta 6 mil tiros por minuto.

Los proyectiles son calibre 7.62 mm, el mismo tipo que utiliza el AK-47 “Cuerno de Chivo”.

Según elementos de seguridad y los mismos sicarios, el blindaje de las unidades de los sicarios habría soportado ese tipo de disparos, y en algunos casos los impactos de un Barret calibre .50, ya que los vidrios de varias de las camionetas tenían un grosor de hasta diez centímetros, y en las puertas láminas de acero, de ocho centímetros.

LAS BALAS. Dieron en el blanco.

El problema, según pudo constatar Ríodoce en muchos de los vehículos asegurados por el ejército, es que las unidades no tenían protección en la parte del techo, que era por donde entraban los disparos.

“Ahí fue donde la perdimos, porque muchos carros fueron destruidos por arriba, y por eso hubo mucha gente muerta, y había sangre, fuego, terror; una cosa muy fea lo que se vivió allá en la JM”, dijo el sicario.

La señora Tomasa Carrillo, quien vive a lado de la casa de Ovidio, recuerda a la avioneta con terror, y como los sicarios eran tumbados como moscas, inclusive, dice que no puede borrar de su mente los gritos de dolor de los sicarios que estaban peleando por tierra, y que eran tiroteados sin misericordia cada que pasaba la avioneta.

“Yo no vi nada porque estábamos tirados en el suelo de la casa y teníamos mucho miedo, pero sí escuchábamos los truenos de los disparos, y las armas de los helicópteros se oían con más fuerza, pero lo que si se escuchaba que hacía daño era la metralleta de la avioneta, porque cada vez que pasaba se oía que hacía mucho daño por los gritos de la gente que estaba peleando”, dijo la señora.

Fuerzas especiales

Nadie en el pueblo pudo precisar la hora exacta de la llegada de los militares. Lo que sí se precisa es que todo inició con disparos de militares que aparentemente cayeron a rapel en los alrededores del pueblo y llegaron a su objetivo arrastrándose entre la hierba y las piedras.

Según confió un soldado, eran GAFES (Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales), que ya tenían ubicado el lugar exacto donde estaba Ovidio, y primero eliminaron a la escolta que lo cuidaba afuera de su casa para después entrar al domicilio.

La narración sobre cómo fue extraído y llevado a un helicóptero que aterrizó a menos de cincuenta metros, está llena de imprecisiones, pues ninguno de los entrevistados se atrevió a asomarse por sus ventanas durante los enfrentamientos, y quienes lo hicieron sólo se asomaron por un par de segundos que no coincidían cuando Ovidio fue sacado de su domicilio.

Un joven dijo que él vio cómo los soldados caían por helicóptero cerca de la casa del narcotraficante, pero no pudo precisar cuántos eran ni qué hicieron momentos después, porque justo iniciaban los enfrentamientos.

CAMIONETAS DE SICARIOS.

“Se escucharon los primeros disparos y yo me asomé, y vi a un soldado que disparaba a las llantas de las camionetas blindadas de la gente de Ovidio para dejarlas inservibles, y entonces un sicario le disparó a la cabeza y lo mató, y en ese momento comenzaron los balazos a todo lo que daba”, recordó el joven.

Se cree que justo en ese momento el primer círculo de seguridad empezó a defenderse e inició un intercambió de disparos con los soldados. Cerca de 10 camionetas de sicarios que cuidaban a Ovidio en los alrededores del pueblo rápido se movilizaron, y se dirigieron a la casa principal, pero fueron recibidos a tiros por los helicópteros, que entonces ya volaban por encima del pueblo, y disparaban a todo vehículo desde el aire.

Un residente de la zona de Agua Caliente, al sur de Jesús María, rumbo a Culiacán, relata que desde las 4:30 de la mañana, decenas de camionetas llenas de pistoleros pasaron a gran velocidad por esa zona. Tres decenas más habrían tomado la carretera México 15, bloqueando la carretera con tráileres, camiones de pasajeros y otros vehículos.

Los pistoleros entrevistados señalan que ellos recibieron la petición de apoyo alrededor de las seis de la mañana, por lo que de inmediato cargaron metralletas AK-47 y Barret calibre .50, granadas, y maletas con más de 6 mil tiros a cada una de las nueve unidades que irían a brindar apoyo.

“Tardamos como una hora en llegar, pero cuando llegamos el boludo estaba detonando macizo. Estaban a todo lo que daban; había gobierno macizo, soldados verdes y de la Guardia Nacional, y se estaban dando con todo”, recordó el sicario.

La consigna era recuperar a Ovidio a costa de lo que fuese, pues para entonces estaba en poder del ejército y se cree que seguía resguardado por los Gafes en su propia casa, y no lograban extraerlo por la cantidad de sicarios que seguían llegando en camionetas blindadas y peleaban a sangre y fuego tratando de evitar que se lo llevaran.

Para entonces los soldados hacían hasta lo imposible por evitar que más camionetas blindadas se acercaran a la casa, y con los Hummer se estrellaban contra las unidades blindadas de Los Chapitos hasta voltearlas, para evitar que avanzaran, mientras por aire, los Black Hawks y el avión seguían disparándoles.

Pudo haber sido a las 8:00 de la mañana cuando lo extrajeron, lo que sí se tiene claro es que fue mediante un helicóptero que aterrizó enseguida de un tinaco que está en la parte más alta del pueblo, y aparentemente fue protegido por una lluvia de disparos de los dos Black Hawks restantes y la avioneta, lo que permitió que los Gafes lograran una extracción limpia.

Se desconoce si su mujer y sus dos hijas también fueron extraídas y llevadas al aeropuerto, pues como dijeron los vecinos a Ríodoce, su familia sí estaba con él y ya no se supo de ellos.

Luego de la extracción, y durante las seis horas posteriores, sicarios y soldados siguieron peleando, aunque para entonces otras unidades de pistoleros se habrían dirigido al aeropuerto para tratar de evitar que el Boeing de la Sedena despegara con su objetivo.

A veces se pierde

Lo habían perdido. Habían jurado sacrificar su propia vida para evitar que el ejército se llevara a su jefe, pero no lo lograron.

“Nos sentimos mal que no lo hayamos podido rescatar, porque uno está aquí, estamos para ellos, para lo que ellos digan y defenderlos con la vida si es necesario, pero pues los jefes van a seguir; sí nos afecta que se lo hayan llevado, pero el negocio de los patrones tiene que seguir”, dijo el sicario.

Artículo publicado el 15 de enero de 2023 en la edición 1041 del semanario Ríodoce.

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