Los que faltan: Peña, Zerón, Cienfuegos

PEÑA Y MURILLO. Tramando la “verdad histórica”.

Me lo dijo Tomás Zerón. El 14 de octubre de 2014, tres semanas después de que habían desaparecido los estudiantes de la escuela normal de Ayotzinapa, Jesús Murillo Karam lo mandó llamar a su despacho. Estaba visiblemente ebrio y quería que en la conferencia de prensa que estaban a punto de brindar para dar a conocer los “avances” de las investigaciones, él tomara la batuta. Vengo de Los Pinos, estuve con el presidente y nos tomamos varias botellas de Champagne, no me siento bien, le comentó. Enrique Peña Nieto quería saber cómo iba el caso, por dónde. Y la reunión se prolongó en medio de los tragos. Fue antes de aquella rueda de prensa donde al entonces titular de la PGR se le salió el “ya me cansé”.

La reunión de Ríodoce con Zerón fue a finales de 2015. La PGR y la Marina ya habían batido las sierras de Cosalá y Tamazula en busca del Chapo Guzmán, y ya habían atrapado al piloto aviador y al mecánico, que lo habían trasladado a esa zona luego de su fuga del penal del Altiplano, los hermanos Héctor Ramón y Julio César Takashima Valenzuela. Le dijimos a su secretario que ocupábamos más información sobre la historia delictiva de estos personajes y que si podía recibirnos. Lo hizo por atención a Gilberto Higuera Bernal, que entonces era subprocurador en la PGR y le había pedido el favor para sus paisanos.

En realidad, a Ríodoce no le importaban mucho los hermanos Takashima, que habían sido puestos en el ojo público a raíz de su detención, sino alguien más popular, una celebridad, Kate del Castillo, pues habíamos confirmado que, antes de que el capo fuera perseguido en esa zona de Sinaloa-Durango, había tenido un encuentro con él en la reserva ecológica de la UAS, “Nuestra Señora Mundo Natural”. (Los pormenores de este encuentro los dimos a conocer en un reportaje que publicamos al domingo siguiente de que el Chapo fue reaprehendido en Los Mochis, en enero de 2016).

No podíamos mencionar a la actriz, pero esperábamos que de él saliera alguna información que no teníamos. Habíamos ido a la reserva y confirmamos que ella y Sean Penn habían estado con el capo, el viernes 2 de octubre de 2015, donde estuvieron algunos de sus hijos –luego se publicaron fotografías de Jesús Alfredo Guzmán Salazar con la actriz, tomadas en el interior de una de las cabañas–, atendidos por el encargado de la reserva, Alfredo Leal, que en paz descanse.

Fue allí donde Tomás Zerón nos contó la historia de Murillo de esa tarde del 14 de octubre. Salieron a dar la conferencia donde informaron que, de los restos encontrados en cinco fosas clandestinas, ninguno pertenecía a los muchachos desaparecidos aquella noche en Iguala.

Todavía no se sabía que Tomás Zerón tuvo una participación activa en el barrido de evidencias para luego inventar la llamada “verdad histórica”. El informe que se dio a conocer hace dos semanas es revelador en cuanto a que fue una operación de Estado para desvirtuar lo que realmente pasó esa noche y en los días siguientes. Y Murillo Karam es solo un eslabón. Otro baja hacia Zerón, principal operador de este crimen de Estado, pero el otro, necesaria y obligadamente, sube hasta el presidente de la república de entonces, Enrique Peña Nieto. No hay manera de que EPN no supiera lo que realmente pasó y también que la verdad se escondió, se descuartizó, se enterró, se quemó, se tiró al río y se lanzó a una barranca. Porque Murillo Karam no podía tomar, con la experiencia que tenía en las lides políticas y de gobierno, una decisión de esta magnitud. Y tampoco Zerón sin la venia de Murillo.

El otro eslabón, colateral, es Salvador Cienfuegos, entonces secretario de la Defensa y a quien el actual gobierno parece estar protegiendo. El informe revela que hay 20 órdenes de aprehensión contra militares de distinto rango, porque ellos, incluso un Coronel, estuvieron directamente involucrados en la desaparición y asesinato de los estudiantes. Y eso no podía desconocerlo el secretario. ¿Por qué se calló entonces? ¿Para proteger a sus huestes o por órdenes de su comandante en jefe, Enrique Peña Nieto?

Bola y cadena
LA NUEVA VERDAD QUE SE HA expuesto, abierta todavía a lo que vaya surgiendo, será una verdad a medias y entonces una mentira, otra gran mentira, si la mano de la justicia no llega a estos personajes. Si Andrés Manuel López Obrador comete el error de protegerlos, será cómplice también de este crimen, junto con el cometido por el gobierno el 2 de octubre de 1968, el más deleznable de nuestra jodida historia.

Sentido contrario
SI EN VERDAD HUBO UN DESAIRE acordado del presidente López Obrador al Químico Benítez en su más reciente visita, pronto se sabrá. Se impone recordar que algo semejante ocurrió cuando Jesús Estrada, siendo alcalde, no fue invitado a una conferencia mañanera realizada en Culiacán, cuando en otras ocasiones sí asistió. Las señales en política, como en el beisbol, son inequívocas.

Humo negro
UNA DE LAS DESGRACIAS MÁS terribles que puede padecer una sociedad es la impunidad con que se cometen los crímenes. Casi nunca hay castigo para nadie y eso lo saben quienes los cometen. Por eso asesinaron a la señora Rosalio Lilián Rodríguez Barraza después de casi tres años de buscar a su hijo desaparecido. Los mismos que se lo llevaron y seguramente asesinaron, son los que ahora acabaron con su vida. Hay que lamentarlo, sí, pero también hay que castigarlo. Lo que hacen las “buscadoras de tesoros” es un ejemplo de lucha que el gobierno debe premiar con algo a lo que, incluso, está obligado: justicia.

Artículo publicado el 4 de septiembre de 2022 en la edición 1023 del semanario Ríodoce.

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