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El Culiacán de Rina Cuéllar

rina cuellar

La pintora fallecida en 2014 rescató la riqueza cultural de Sinaloa

En el Culiacán de 1957, Rina Cuéllar Zazueta tuvo la fortuna de no ser una joven común. Desafió al mundo en el que las mujeres tenían como destino establecido dedicarse a las labores del hogar, el matrimonio, sin oportunidades para alimentar las pasiones creativas con las que había nacido.

De temple valiente, exigente, combativa, marcó el ingreso de las mujeres a los estudios formales de pintura, en el naciente Taller de Artes Plásticas de la Universidad de Sinaloa y desde ahí empezó a retratar las tradiciones de Sinaloa en sus lienzos.

Su padre combinaba su profesión de médico con la de caricaturista y músico; su madre fue pintora y directora de teatro y su abuela ejecutante de piano, en su plena adolescencia le fue negada la oportunidad de viajar a la Ciudad de México para estudiar en la Academia de San Carlos, por el temor que sentían de que se volviera comunista.

Ella entonces tenía 21 años y tuvo que adaptarse a la creación en esta ciudad, como integrante del TAPUS, un grupo al que en 2012 recordó compuesto mayoritariamente por hombres, las pocas mujeres que asistían, lo hicieron sin un compromiso real y de manera esporádica. Encontraron en el arte sólo un entretenimiento, contrario a lo que Rina sentía.

“Cuando entré al taller de la universidad era la única mujer que asistía con un compromiso real, yo pasaba por una crisis existencial porque no me dejaron ir a estudiar a la Academia de San Carlos, porque me iba volver comunista, entonces entré a este taller maravilloso con el maestro Erasto Cortes Juárez”, señaló en su momento la maestra.

En ocasiones se le complicaba entrar al aula de clases que se encontraba en el actual Edificio Central de la UAS. Grupos de jóvenes se aposentaban en los escalones de la entrada de la escuela para agredir a las mujeres con palabras altisonantes, incluso con burlas. Rina entendió que lo mejor era no contestar y ser amable.

“Es que si te ven seria, débil te atacan más, una tiene que estar siempre lista, atenta. En mi vida yo me enfrenté a mucha gente, era muy complicado para nosotras como mujeres dedicarse al arte. Eso pasa cuando personas que se sienten por encima de los demás se dan cuenta que no todo lo saben”, determinó la maestra fallecida en 2014.

“La situación nunca ha sido fácil para el arte, mucho menos para las mujeres, pero todo depende de cómo era uno, yo no fui una niña común, tuve la fortuna de tener unos padres maravillosos, a los que les gustaba leer y pintar”.

Recorrer Sinaloa

Junto a su padre Rina realizó extensos recorridos en busca de restos arqueológicos, que serían fundamentales en su obra, esa temática fue la que decidió abordar, aunque no conocía su sentido, ni origen, en un principio, después optó por estudiar historia de manera autodidacta, técnicas de investigación, paleografía.

“Yo me enamoré de la historia, los retratos eran los que más me nacían, primero pintaba a mi familia, después me dediqué a recorrer Sinaloa para pintar lo hermoso que es nuestro estado, su riqueza sobre todo”, aseguró.

La pintora ocupó diversos puestos en instituciones culturales: Difocur y el Archivo Histórico, en este último espacio realizó la Correspondencia de Fray Bernardo del Espíritu Santo, 1818-1825 y Patrona de la Fundación Diego, Felipe y Tomás de Soberanes. En 2007 publicó el libro Rincones de Sinaloa y tuvo la fortuna de exponer además de diversos recintos del país, en Estados Unidos y España, sin dejar de lado su también habilidad para tocar el piano.

Como promotora cultural, durante muchos años las puertas de su hogar se abrieron para recibir a estudiantes de historia y a los creadores integrados en el Grupo Cultural Nahueri. Participó en la publicación de la revista Presagio, Brechas, Viajeros y en congresos de historia

“Cuando uno nace artista, todo se va poniendo. Yo no sé manejar un carro, porque no se me presentó esa necesidad, pero los pedazos de gises siempre se han ido poniendo. Nunca han faltado”, contó.

“Yo trepé cerros, recorrí ciudades, pinté, investigué, nunca estuve sentada. Jamás esperé que nadie me diera nada. A mis hijos los traje de arriba a abajo. Tengo muchos recuerdos de eso, si hago memoria, no hay nada que yo no haya podido hacer. Mi vida ha sido muy afortunada”.

Artículo publicado el 03 de octubre de 2021 en la edición 975 del semanario Ríodoce.

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