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La Isla de los Perros y la Caída de Tenochtitlan

MEX8817. CIUDAD DE MÉXICO (MÉXICO), 11/08/2021.- Vista general del Templo Mayor, en el centro histórico de la Ciudad de México, el 8 de agosto de 2021. Como una herida que todavía no cicatriza, los vestigios de la gran Tenochtitlan, caída en manos de los conquistadores españoles hace ahora 500 años, siguen presentes en la Ciudad de México, una urbe tan diversa como gigante que mira hacia el pasado para entenderse a sí misma. EFE/Carlos Ramírez

A Tenoch Huerta, por su implacable lucha contra el racismo y la enorme dignidad del #Poder Prieto.

Desde que los conquistadores españoles destruyeron el sistema de drenaje de Tenochtitlan, cada vez que llueve en la Ciudad de México, hay terribles inundaciones. En los años cincuentas y sesentas del siglo pasado había quien, a cambio de unas monedas, cargaba a las personas para cruzar las calles sin que se mojaran. En ese entonces había verdaderas jaurías de perros callejeros que en época de lluvias se refugiaban en un montículo atrás de la Catedral Metropolitana. Ahí, se sacudían el agua y se acurrucaban para darse calor. El pintoresco lugar fue bautizado por la gente como La Isla de Los Perros.

A finales de los años setenta, el gobierno de la capital decidió que todo el cableado del centro debería ser subterráneo. Los trabajadores de la hoy desaparecida Compañía de Luz y Fuerza excavaron en la Isla de los Perros y se toparon con un monolito redondo de varias toneladas de peso. El 21 de febrero de 1978 los electricistas descubrieron a la Coyolxauhqui, la diosa de la Luna de los mexicas.

Según la mitología, cuando Coatlicue madre de todos los dioses quedó embarazada por unas plumas que cayeron del cielo y guardó en su vientre, Coyolxauhqui, enfureció por el supuesto desliz de su madre y decidió matarla; cuando estaba al punto de esto, del vientre de Coatlicue surgió Huitzilopochtli, adulto y armado; él representaba al sol. Huitzilopochtli mató a su hermana y la desmembró, por eso durante los cuartos menguantes o crecientes de la luna la vemos en pedazos.

Una hipótesis es que este mito explica de manera épica la transición del uso de un calendario lunar a uno solar.
La estatua de la Coatlicue fue encontrada en 1790 al cambiar el empedrado de la Plaza Mayor, que hoy conocemos como el Zócalo. La enorme calavera con una falda de serpientes asustó tanto a la gente que la volvieron a enterrar. En 1803, Alexander von Humboldt llegó a México y al escuchar la historia de la diosa madre, pidió que la “exhumaran” para poder dibujarla. Así se hizo y de inmediato, la volvieron a enterrar en su lugar. Actualmente se exhibe en la sala mexica del Museo de Antropología de la CDMX.

Tras el descubrimiento de la Coyolxauhqui, siguieron las excavaciones y los arqueólogos y antropólogos encontraron el Templo Mayor. Se sabía algo de él por las crónicas de los conquistadores españoles, pero incluso se llegó a pensar que era una leyenda. El Templo Mayor era el centro político-religioso de la gran Tenochtitlan compuesto por diversos edificios que servían como lugar de sacrifico, escuela y recinto de sacerdotes, guerreros y de la nobleza azteca. Después del sitio de Tenochtitlan fue destruido y sobre sus cimientos se construyeron edificios coloniales.

Con las piedras del palacio de Moctezuma, Hernán Cortés erigió el Palacio Virreinal que hoy es el Palacio Nacional. Los enormes bloques de piedra volcánica con las que los mexicas levantaron pirámides, fueron usadas para construir iglesias, palacetes y la residencias de los conquistadores.

Con la derrota militar de Tenochtitlan, los vencedores destruyeron el sistema de acueductos que llevaban agua potable a la ciudad así como el de drenaje que evitaba inundaciones. Tenochtitlan fue creada en un lago con una red de canales que funcionaban a la perfección.

La capital del Virreinato se convirtió en un lugar insalubre. Los españoles y criollos vaciaban las vacinicas por la ventana y su única consideración hacia los peatones era gritar. ¡Aguas! Desde entonces esa palabra se convirtió en sinónimo de peligro.

Con la caída de Tenochtitlan el 13 de agosto de 1521 empezó el dominio español, el racismo, el clasismo. Nueve de cada 10 indios murieron por la guerra, las nuevas enfermedades, el hambre o extenuados por los trabajos forzados. Como faltaba mano de obra, los conquistadores importaron esclavos negros.

Pedro Uc, maestro, traductor y activista maya, dijo en entrevista para Ríodoce:

“Qué lástima que la caída de Tenochtitlan y la Conquista no hayan quedado en la historia. Los pueblos indígenas siguen siendo explotados y discriminados. El discurso del gobierno no es congruente con su palabra y no coincide con la realidad. Este gobierno sigue maltratando a los pueblos indígenas. Nos está quitando la tierra, el agua. Nos sigue arrebatando los recursos naturales, talando nuestros montes, fumiga y mata a nuestras abejas y nos está despojando de nuestro territorio en complicidad con las grandes empresas”.

En resumen, los pueblos originarios siguen sufriendo maltrato, discriminación, despojo y explotación.

El presidente Andrés Manuel López Obrador escribió una carta, fechada el 1 de marzo de 2019, al Rey de España Felipe VI y al Papa Francisco, solicitándoles que pidieran perdón por los horrores y brutalidad de la Conquista. ¿No sería mejor hacerle justicia a los pueblos originarios e implementar políticas públicas que los saquen de la miseria, que respeten su cultura, su dignidad humana y se les de todas las herramientas para un desarrollo libre e independiente? Sería una buena forma de conmemorar esta efemérides.

Artículo publicado el 15 de agosto de 2021 en la edición 968 del semanario Ríodoce.

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