julio 30, 2021 12:10 PM

El juego de los narcos por el poder total en Sinaloa

GUADALUPE IRIBE. Acoso y derrota.

Cómo inmovilizaron a opositores de alianza Morena-PAS

 

 

Para Carlos Dada, de paso por este Pacífico que también es suyo

 

“Si no gana Rocha los vamos a matar a todos”, dijo aquel joven que cuidaba que nadie se moviera de su sitio. Traía percheras, un fusil terciado y un woki toki que no dejaba de vomitar órdenes y pormenores de la jornada. Si ya llegaron a la casilla, si estaba bajo control, si la operación marchaba bien…

Ya había pasado la noche y estaban en el tercer sitio porque los estuvieron cambiando cada dos o tres horas en un peregrinar del que no sabían si saldrían vivos. En ese almacén coincidieron más de veinte, entre ellos varias mujeres, algunas jovencitas. “Uno por uno, agarraditos de la mano los vamos a matar”, amenazó.

Fueron levantados por separado o en parejas, casi todos a la media noche del sábado. Varios habían salido del edificio del PRI, por el bulevar Madero y otros de las oficinas de la CNC, ubicadas por la calle Francisco Villa en Culiacán. Todos eran parte de la estructura electoral del partido y estaban encargados de echar a andar la maquinaria que se encargaría de llevar votos para sus candidatos en el día “D”.

Lea: ‘En Sinaloa ganó el miedo’: Mario Zamora https://bit.ly/2U3gtZT

“¿Dónde está el call center?”, les preguntaban. “En la CNC”, les respondían. También por las “casas amigas”, esas donde suelen reunirse para desayunar y a partir de allí ir a votar. Y por el dinero. Dónde está el dinero, para qué lo quieren, “para comprar votos”. “No –respondían–, para darles de comer a los representantes de casillas”.

Los despojaban de sus pertenencias, bolsos, carteras, identificaciones, teléfonos celulares y vehículos. Algunos se salvaron del secuestro. Gomer Monárrez Lara estuvo en las reuniones y se fue a su casa a la media noche acompañado de una patrulla de la policía estatal. Alguien le dijo que lo iban siguiendo y alcanzó a meterse a la privada donde vive.

Primero los llevaron a una casa ubicada por el rumbo de Juntas del Humaya, en el centro poniente de la ciudad. Allí permanecieron alrededor de cuatro horas, hasta el amanecer. Los tenían con los ojos vendados y las manos atadas hacia atrás. En medio del silencio, solo se escuchaban voces encontradas y el ruido de los radios con los cuales se comunicaban. Salidas y llegadas de vehículos.

Antes del amanecer los cambiaron a otra vivienda ubicada en una colonia cuyas calles no tenían pavimento. Algunos de los levantados la ubican por el sector poniente, pero es todo. Ninguna certeza más. Igual: nadie podía ver nada, solo escuchar el trajinar de pistoleros, arrancones de camionetas, el chasquido metálico de las armas y el siseo de los woki toki. No hablaban entre ellos porque no se identificaban.

Horas después fueron sacados de la ciudad en un camión de carga. Dicen que por el rumbo de Eldorado. Lo calculan por el tiempo que hicieron en llegar. Era una especie de almacén, sin muebles, con aspecto de granja o campo agrícola. Los gatilleros habían habilitado una esquina para que los secuestrados pudieran orinar.

 

JOSÉ ALBERTO SALAS. En la línea de fuego.

Para el mediodía, la presión sobre ellos se había relajado, las vendas se habían aflojado y podían mirarse unos a otros. Estaban en la cuarta habitación después de ser sacados del campo y trasladados de nuevo en el camión. Se reconocieron. Eran alrededor de veinte, todos operadores y algunos de ellos que habían estado juntos en las reuniones del PRI previas a la jornada electoral. En el almacén, horas antes, le habían preguntado a uno de los sicarios por la suerte de José Alberto Salas Beltrán, –secretario de organización del PRI– levantado en forma violenta la madrugada del sábado y de quien no se tenía ninguna noticia.

Lea: El gobernador y el PRI después del 6 de junio https://bit.ly/3gDRlAA

Fueron por él la madrugada del sábado, se metieron a su casa y lo sacaron en calzones. El informe de las autoridades narra que fueron encontradas en la casa gotas de sangre y eso hacía suponer violencia durante el levantón. Él mismo contaría después a sus amigos que al sentir que habían entrado en su casa y sin saber con qué propósito, echó mano de una escopeta. No se sabe si disparó o no, pero todo indica que trató de defenderse.

“Lo vamos a matar, ese cabrón ya está jodido”, habría respondido el gatillero.

Trascendió, durante su cautiverio, que le sacaron toda la información del operativo que el PRI tenía previsto para el domingo 6. Y que lo obligaron a revelar las casas donde tenían guardado el dinero para la movilización de su estructura y para la compra de votos. Se supo de por lo menos dos.

De la que nunca trascendió que hubiera sido levantada es Paola Gárate, ex diputada federal y ex directora del Centro Estatal para la Prevención de la Violencia y la Delincuencia con Participación Ciudadana (Ceprevsin), cargo al que renunció para competir por la diputación del distrito 17 local.

Hasta que llegó uno de los sicarios al almacén donde la tenían secuestrada y preguntó “¿Quién es Paola Gárate? Ella se levantó y le dijeron que no la necesitaban y que sería liberada. Había sido levantada también a la media noche del sábado después de una reunión maratónica con la estructura de su partido y con sus colaboradores. Fue en el cruce de las calles Ciudades Hermanas y Álvaro Obregón. Se la llevaron a ella, a dos jovencitas que la estuvieron apoyando durante la campaña y a un escolta que siempre andaba armado con una escuadra.

Los que narraron esta historia ubican la cuarta casa donde los mantuvieron encerrados por el rumbo de Villa Juárez, uno de los bastiones de Los Chapitos desde que desplazaron a los Dámaso durante la guerra que sostuvieron con ellos por el control de la organización que dejó Joaquín Guzmán Loera luego de su extradición a los Estados Unidos, en enero de 2017.

Y esta deducción la hacen porque a casi todos los liberaron en el cruce de la carretera 20 con la autopista federal. A cada uno le dieron 100 pesos para que pagaran un taxi y regresaran a Culiacán. En este último trayecto, ya sin las manos atadas pero todavía con las vendas en los ojos, fueron dejados atrás de una tienda de conveniencia que se encuentra justo en el crucero. Este último trayecto duró aproximadamente 20 minutos. Eran las cinco de la tarde y la jornada electoral estaba por concluir.

Poco después de las seis de la tarde, Mario Zamora, quien fue el candidato de la coalición Va por Sinaloa (PRI-PAN-PRD), salió a decir que iban ganando por cinco puntos de acuerdo a sus números, pero empezó pidiendo a quienes habían secuestrado a Salas Beltrán y a los demás, que los entregaran para que regresaran con sus familias, que la jornada electoral ya había pasado.
Dos horas más tarde, Rubén Rocha se declaró ganador.

 

FAUSTINO con estrada. “Me hubieran dicho…”

 

La rendición de Faustino

Muchos de los operadores de Faustino Hernández Álvarez, quien fue candidato a alcalde de Culiacán por la alianza Va por Sinaloa, estaban entre los secuestrados. Fueron levantados al salir de las oficinas que albergan a la Central Nacional Campesina. Así que buena parte de su equipo fue inmovilizado. Y resultó, a la postre, el más afectado con la operación de los narco-comandos, pues los resultados de la justa culichi estuvieron muy cerrados. Al final del conteo, la diferencia a favor de Estrada Ferreiro era de apenas 17 mil votos en número redondos. Menos del 5 por ciento.

Pero el “candidato del sombrero, como él mismo se bautizó para evocar subliminalmente la figura del Mayo Zambada, se apresuró a reconocer que los números no le favorecían. “… tenemos también un importante número de actas propias en nuestro poder, que nos permiten advertir que la tendencia electoral no nos favorece”, dijo en conferencia de prensa.

Horas después tuvo un encuentro “casual” con Jesús Estrada Ferreiro en un restaurante y se grabó junto con él en un video donde dice que nunca fueron enemigos, solo adversarios y que lo felicitaba por su triunfo.

Más tarde, comentando entre trago y trago los pormenores del desaguisado, dijo que no había necesidad de que sus adversarios echaran mano de la violencia:

“Si me hubieran dicho, yo me bajo”.

 

La réplica narca en los municipios

 

Culiacán

Desde que se empezaron a definir las candidaturas de la Alianza por Sinaloa, los grupos de narco pisotearon el proceso de selección de candidatos en varios municipios, dejando al paso huellas muy claras. La primera sorpresa fue Aarón Rivas Loaiza, ex diputado, ex alcalde, ex secretario de Desarrollo Económico, aspiraba a dirigir de nuevo los destinos de Culiacán. Pero algo le debía a la mafia y lo atajaron amenazando la vida de sus hijos. Fue a ver al gobernador dos días antes de las definiciones y le dijo que no competiría, que cuando “aquellos” se meten con la familia no hay nada qué pensar. En la visita que hizo al palacio de gobierno lo acompañaba uno de sus hijos. Y fue entonces cuando el gobernador decidió que el candidato fuera alguien que los narcos no pudieran “bajar del caballo”. Entonces eligieron a Faustino Hernández, líder de la CNC y diputado local, conocido de Ismael Zambada García, el Mayo, a quien tuvo que pedirle permiso… con la complacencia del mismísimo gobernador.

A Faustino Hernández, se sabría ahora, también lo bajarían “del caballo” pero de otro modo, no amenazándolo, sino con una operación para neutralizar a sus operadores y así evitar que sus simpatizantes fueran a votar.

 

Badiraguato

En Badiraguato, tierra de legendarios narcotraficantes y centro neurálgico de la producción de mariguana y amapola durante décadas, la candidata de de la alianza Va por Sinaloa a la alcaldía, Guadalupe Iribe Gascón, recibió la primera amenaza seria para que se “bajara” un mes después de que iniciaron las campañas. Le levantaron a un operador y amenazaron con matarlo y levantar a otros. La madre del Chapo Guzmán, doña Consuelo Loera había pedido a sus nietos que la dejaran trabajar, que ella era una buena persona. Esposa de Mario Valenzuela, quien también había sido alcalde, logró un acuerdo para continuar, soltaron al operador y la candidata se mantuvo en la campaña. Pero el domingo 6 de junio un comando levantó a uno de sus hermanos y a varios de sus operadores. Igual que en Culiacán, los inmovilizaron y los golpearon. Ese mismo día, en una declaración insólita, la candidata dijo que renunciaba a la candidatura. Y acusó a su contendiente por la coalición Morena-PAS, militante de este partido, de todo lo que le estaba ocurriendo a su familia. La noche del sábado previo a la elección levantaron y golpearon a uno de sus cuñados. En la madrugada del domingo, antes del amanecer, hicieron lo mismo con cuatro de sus operadores políticos. Y ya en la mañana, cuando se encontraban ella y su hermano en una palapa, en la cabecera municipal, llegó un grupo armado y se lo llevó.

El muchacho fue liberado por la noche, cuando la jornada electoral había terminado. Por supuesto, perdió la elección.

 

Concordia

En el municipio sureño de Concordia también se impuso el narco. Primero amenazaron a la candidata del PRI a la alcaldía, Acela Esmeralda Zataráin, quien renunció a sus pretensiones, se mantuvo en la boleta pero bajó los brazos. Esposa del actual presidente municipal, José Felipe Garzón, ni por esa razón la dejaron ser.

Luego creció la candidatura de Juan Isidro Paredes Brito, por el PRD y también fue amenazado. Un día fueron a su casa y lo cachetearon, le dijeron que abandonara la campaña y que se fuera de Concordia. Los hechos fueron denunciados por el propio dirigente nacional del partido, Jesús Zambrano. Lo hizo a través de un tuit que luego retiró para protegerlo de nuevas agresiones. También aquí ganó la alianza Morena-PAS.

En Escuinapa, Cosalá y Elota se repitieron las mismas agresiones, amenazas, secuestro de operadores, hostigamiento… En los dos primeros ganó la alianza Morena-PAS y en el último el Partido del Trabajo, aliado de la llamada cuarta transformación.

En Guasave ocurrió lo mismo pero con los actores invertidos. Allá fueron los morenistas los levantados, hostigados, acosados, decenas de hombres y mujeres. Al final todos fueron liberados. Ganó Morena-PAS. La plaza, desde hace muchos años, es controlada por Fausto Isidro Meza Flores, el Chapo Isidro.

Artículo publicado el 13 de junio de 2021 en la edición 959 del semanario Ríodoce.

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