abril 19, 2021 10:57 AM

Campbell y Ríodoce a siete años de su adiós

javier valdez-federico campbell-1

Este lunes 15 se cumplen siete años de la muerte de Federico Campbell. Lo consideramos nuestro padrino también, igual que Carlos Monsiváis y Carlos Montemayor. Campbell vino a presentar, en el séptimo aniversario de Ríodoce, el libro Malayerba, de Javier Valdez. El libro se fue cocinando solito, a fuego lento, como los buenos platillos, con las entregas semanales de su columna. “Cuando tengas cien historias de Malayerba, vamos a hacer un libro”, le dije un día. Federico vino a presentarlo en Culiacán y de ahí nació entre él y nosotros una amistad entrañable. Era un hombre tan culto como sencillo. Radical en sus ideas, sin concesión en sus respuestas y muy profundo en sus reflexiones sobre lo que llamaba, por inspiración de Leonardo Sciascia, el “Estado criminal”.

Un día trajimos a Carlos Montemayor para que brindara un recital a piano con canciones de María Grever. Fue en la antigua sala Lumiere del Instituto Sinaloense de la Cultura. Durante un receso vimos a un solitario Federico Campbell presenciando el espectáculo. “Épale, Federico, qué sorpresa”. Estaba de paso por Culiacán, creo que invitado por el SUNTUAS. Habíamos preparado una cena para después del evento, en El Palomar de los Pobres, y lo invitamos.

Fue una tertulia inolvidable, entre cortes de arrachera, quesadillas, chiles toreados, güisquis y vino tinto. Cuando nos retiramos, Javier se llevó a Carlos y a mí me tocó darle un aventón a Federico. Antes de despedirnos, Montemayor me dijo con discreción: “Ismael, aprovechen a este señor, es muy bueno”.

Y claro que lo aprovechamos. Federico estaba escribiendo en Milenio La hora del lobo, y hacía tiempo que nos enviaba textos para Ríodoce. Era una columna extraordinaria que no tenía desperdicio, donde podía tocar temas desde culturales hasta de crimen organizado con una solvencia y una sencillez que los volvía imprescindibles. Había trabajado como reportero en la revista Proceso pero concluyó que el periodismo es muy repetitivo y que solo cambian los nombres y los lugares pero que los hechos son los mismos. Por eso se dedicó a hacer novelas como Pretexta y Todo lo de las focas. Y cuentos y ensayos. Y estudios sobre el fascinante dramaturgo siciliano Leonardo Sciascia, del que abrevó su enfoque sobre la intrínseca relación del crimen organizado con el Estado y que condensa en esa frase lapidaria que ya he citado.

Luego dejó Milenio no sé por qué razones y al final solo publicaba con nosotros y con un portal de noticias de Ensenada que se llama El Vigía. En noviembre de 2013 nos encontramos en Ciudad de México. Nos darían el Premio Pen Club y por ahí apareció, en el Museo Nacional de San Carlos. Comimos al día siguiente y le pregunté por qué no escribía en Proceso, al que le vendría muy bien una columna como la suya y le pedí permiso para hablar con Salvador Corro, entonces subdirector de la revista. Lo hice en ese mismo viaje y Corro me comentó que ya estaban en pláticas para reincorporarlo.

Pero a Federico lo atajó la muerte. En febrero del siguiente año fue a su natal Tijuana a una feria del libro y sufrió un ataque de influenza. Cuando regresó a Ciudad de México pidió a su esposa que lo llevara a un hospital porque se sentía mal. Carmen Gaytán, una chihuahuense de Parral, —igual que Montemayor—lo llevó de inmediato pero ya fue demasiado tarde. En el camino Federico le preguntó si lo quería. Carmen le dijo que sí. “Yo siempre te he amado”, le respondió. Y fue lo último que le dijo, porque una vez que lo encamaron entró en coma y tres días después murió.

Parecía una maldición: Carlos Montemayor murió en febrero de 2010 víctima de un cáncer en el estómago y Carlos Monsiváis le siguió en junio de ese mismo año agobiado por una fibrosis pulmonar. Los tres padrinos de Ríodoce, tres presencias indelebles del periodismo y la cultura mexicana, los tres plumas vitales en un país donde la intelectualidad y la congruencia no siempre van de la mano.

Bola y cadena
JUSTAMENTE POR SU CONGRUENCIA, recordé hace días a Federico, cuando un grupo de científicos e intelectuales publicaron un desplegado donde llaman al presidente a suspender megaproyectos y cambiar su estrategia contra la pandemia. Podemos estar de acuerdo con las razones expuestas y condenar la respuesta de AMLO, que no habla precisamente de un hombre de Estado, tal vez porque en México, el “Estado”, en la acepción de Sciascia y de Campbell, ha desaparecido, o, en el peor de los casos, porque AMLO piensa que el Estado es él.

Pero hay una pregunta que muchos de los abajo firmantes debieran responder, sobre todo los “mainates”, como decía mi abuela: ¿dónde estuvieron en las últimas tres décadas? ¿Dónde cuando –y después– del fraude electoral de 1988? ¿Dónde cuando la venta leonina de las empresas paraestatales? ¿Dónde cuando el abusivo desmantelamiento del ejido en nombre de la “modernidad”? ¿Dónde cuando los asesinatos políticos de Carlos Salinas de Gortari? ¿Dónde cuando el “haiga sido como haiga sido”? ¿Dónde cuando La Estafa Maestra? ¿Dónde cuando Acteal, Aguas Blancas, Tlatlaya, Ayotzinapa…?

Sentido contrario
HE PLATICADO CON ALGUNOS PRIISTAS y lo que veo en todos los casos es desaliento. También con morenistas- rochistas y, por el contrario, ellos ya sienten que ganaron. No aprendieron de 2006, cuando divulgaban por doquier “sonríe, ya ganamos”. Nadie ha ganado y nadie ha perdido. La lucha por los votos apenas empieza y parece que será un enfrentamiento entre las estructuras muy aceitadas de una coalición, contra el bono electoral de la otra. Y el narco de por medio. Sí, el narco y sus intereses como contexto. Ya se verá.

Humo negro
LA PANDEMIA PARECE CEDER UN POCO pero no hay que echar campanas al vuelo, solo es un poco y no sabemos si será consistente la baja en los contagios. Y nos faltan las vacunas. Y no olvidar que este mal llegó para quedarse. Uno, dos lustros, tal vez. Con una convicción lapidaria: la vida nunca será igual.

Columna publicada el 14 de febrero de 2021 en la edición 942 del semanario Ríodoce.

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