agosto 14, 2020 1:34 PM

Salir o no salir y las señales encontradas

La Locha

La semana pasada, el diario The New York Times publicó los resultados de una consulta que hizo a 511 epidemiólogos sobre el Covid-19 y sus consecuencias: cómo actuar ellos como personas, qué estarían dispuestos a hacer y qué no. Los resultados no son muy alentadores para quienes piensan que estar encerrados 90 días es ya un sacrificio que merece su recompensa: un buen bar, un café con las amigas, una tarde de cine, un partido de futbol en el estadio, un concierto… el maldito casino. Porque el anunciado pico se ha movido tantas veces que ya mejor el zar de la información sobre el coronavirus, Hugo López-Gatell, mejor dijo que esto puede durar hasta octubre y que por lo tanto el pico (que no será pico sino meseta), lo tendríamos a mediados de junio.

Van solo unos datos: el 6 por ciento de los entrevistados por el NYT, por ejemplo, dijo que no saludaría de mano ni abrazaría a nadie nunca más en su vida, mientras el 42 por ciento respondió que, si no hay vacuna, al menos tendría que pasar un año para hacerlo. En un rango del 42 al 64 por ciento, los entrevistados dijeron que tendría que pasar un año o más para que decidieran asistir a una boda o un funeral, salir con alguien que no conoces bien, asistir a una iglesia, un teatro, un evento deportivo o un concierto. Y el mismo tiempo para dejar de usar la cubierta facial.

Estamos hablando de epidemiólogos y, en todo caso, refleja lo que gente muy informada estaría midiendo si las proyecciones de la pandemia se mantienen como hasta ahora. Habla de lo que ellos harían o no, porque están en condiciones de tomar una decisión u otra. Pero no todos estamos en la misma circunstancia. Si ellos responden que no trabajarían en un espacio cerrado –por ejemplo un banco, un avión, un call center–, la mayoría de las personas tienen que hacerlo si la empresa decide o le permiten seguir laborando (pienso en la dos sucursales bancarias de Mazatlán que cerraron porque el 70 por ciento de sus empleados se contagiaron).

Todos coinciden en que el virus se propaga básicamente con el contacto físico y social y que se reduciría su impacto si éste se minimiza. Pero también advierten que la vida social debe continuar en condiciones de mucho cuidado: salir al parque, por ejemplo, hacer reuniones pequeñas donde se pueda controlar lo que en México llamamos la “sana distancia”. Sobre todo esta última parte tiene que ver con el supuesto de que la pandemia va para largo y que puede ser contraproducente que la gente se mantenga encerrada, lo cual podría provocarle trastornos en sus conductas. En muchos lugares de México, los gobiernos prohíben a la gente ir a los parques a hacer ejercicio, cuando esto ayuda a mantener una buena condición mental y física, algo vital frente a un virus como este. Pero, bueno, aquí estamos tan confundidos con la información, que mientras López-Gatell sigue llamando a quedarse en casa, el presidente llama a vencer el miedo y a salir.

A estas alturas de la pandemia, tal vez muchos ya se dieron cuenta que va para muy largo. Lo pongo así: hace algunas semanas, había quienes se preguntaban si el ciclo escolar se terminaría en las aulas. Pero ya vimos que no, que los exámenes finales se hicieron o están haciendo a distancia. Y ahora, entonces, hay que empezar a preguntarnos si en agosto se iniciará en las aulas el nuevo ciclo. Las escuelas primarias están programadas para iniciar el 4 de agosto, pero si para esa fecha los contagios siguen en la cumbre y la cantidad de muertes también ¿alguien va a mandar a sus hijos a la escuela? ¿O el gobierno los va a convocar?

Las estrategias del gobierno federal y muchas de los estados lograron detener la explosión de la pandemia y así evitaron la saturación de los servicios hospitalarios. Eso ha estado bien hasta ahora. Pero todo indica que esa capacidad está llegando a sus límites. Al menos eso está ocurriendo en algunos puntos del país, el Valle de México y algunos municipios del interior de la república. Son los casos de Culiacán, Mazatlán, Guasave, Ahome y Salvador Alvarado, por hablar de los sinaloenses que ya presentan ese problema. Y aunque Salud estatal ha estado ampliando el número de camas Covid, no ha encontrado la forma de contener los contagios.

Bola y cadena

Y JUSTO EN ESTE PUNTO VALE LA PENA preguntarnos ¿dónde está el gobernador? Quirino Ordaz había estado muy activo, con mucha comunicación respecto a la pandemia. Pero desde que salió anunciar que se levantaría la llamada Ley Seca, se perdió. De la semana pasada destacan dos notas en las que el gobernador tuvo una fuerte presencia mediática; una, con la llegada de Monarcas a Mazatlán, ya con otro nombre, hecho que ha sido criticado por diputados de Morena, pues entregó el estadio –construido con dinero público– a particulares, sin considerar al Congreso del Estado; y, dos, el cumpleaños de “Pepito”, su mascota, hecho que tuiteó con emoción el 10 de junio.

Sentido contrario

OTRO QUE SE DIVIERTE EN MEDIO DE la pandemia es el presidente Andrés Manuel, ya llamando a definirse a favor o en contra  de su llamada cuarta transformación o dando a conocer cartas apócrifas que pretenden documentar un gran complot para destronarlo. Como si sociedad y gobierno no tuviésemos en qué ocuparnos.

Humo negro

SON CONTRADICTORIAS LAS SEÑALES en el norte de Culiacán, pues se había dicho que la cúpula del Cártel de Sinaloa, en particular el Mayo Zambada y los Chapitos, habían llegado a un acuerdo para evitar una guerra interna. Pero los “muertitos” siguen, los enfrentamientos, las ejecuciones. Y latente la amenaza de que esto se desborde.

Columna publicada el 14 de junio de 2020 en la edición 907 del semanario Ríodoce.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on email
Email
RÍODOCE EDICIÓN 915
09 de agosto del 2020
GALERÍA
COLUMNAS
OPINIÓN

LO MAS VISTO

El Ñacas y el Tacuachi
BOLETÍN NOTICIOSO

Ingresa tu correo electrónico para recibir las noticias al momento de nuestro portal.

cine

DEPORTES

Desaparecidos