septiembre 20, 2020 9:53 PM

La tercera pandemia

covid19

Hay que temer a las desgracias por la sencilla razón que nunca llegan solas. En el Antiguo Testamento se narran las plagas consecutivas que Dios dejó caer sobre Egipto para que el Faraón permitiera partir a los judíos esclavizados. Llegaron mosquitos, ranas, langostas y el Nilo se pintó de rojo.

En El Quijote de Cervantes, Luscinda es uno de los muchos personajes femeninos en desgracia por amores en la novela. La historia es larga, pero Luscinda huye ante tanta presión, lo hace acompañada de su confiable mozo, quien también la requiere en amores: “Un mal llama a otro y que el fin de una desgracia suele ser el principio de otra mayor”, dice.

Pasa en las casas, siempre: cuando la lavadora deja de funcionar, a los minutos se termina el gas y ya no hay secadora ni estufa; apenas reconectan la luz, se funde un foco. Por eso cuando chocas tu auto lo mejor es no huir, porque podrías atropellar a un motociclista o estrellarte en una glorieta contra un héroe patrio.

Antes de la pandemia de salud, que llevó a la pandemia económica, el país estaba sumido en una enfermedad que amenazaba con separar al país, dividirlo y posiblemente enfrentarlo. Hoy es una tercera pandemia, que antecede a las otras dos y que solo entendimos su gravedad cuando llegaron las otras plagas.

El virus político contagió a la mitad de México. Hay unos inmunes, como siempre; otros convencidos de que están vacunados contra cualquier desgracia; y quienes solo se cuidan y protegen celosamente para no enfermarse.

Hoy lidiamos con tres pandemias, como aquel viejo circo de tres pistas donde en un círculo los artistas se revolvían haciendo malabares, en otro escenario giraban de pie en un caballo, y en el más lejano de todos saltaban el trapecio por los aires. En esos circos es imposible saber dónde mirar.

Hoy ninguna de las pandemias está resuelta. No es posible saber tampoco donde poner más atención.

La pandemia de salud está en un pico que parece no tener fin. En los datos reconocidos oficialmente, únicos por ahora con los que se puede hablar en firme, cuatro de cada 10 muertes han ocurrido en los últimos 10 días. El 40 por ciento de las 9 mil 415 muertes de todo México, se registran del 20 al 29 de mayo.

La semana pasada, como referencia, decíamos que en la semana del 16 al 22 de mayo, se habían registrado una tercera parte de las muertes totales (2 mil 218 de las 6 mil 989 hasta ese día). Ese porcentaje sufrió otro incrementó. En los últimos 10 días de mayo, se registró el 40 por ciento de todas las defunciones.

La pandemia económica acelera por su propio carril y apenas está empezando. Al contrario de la salud, afectará a un porcentaje mucho mayor de la población. Empleados, trabajadores por cuenta propia, empresarios chicos o gigantes, estamos contagiados.

Como sucede con la salud, habrá quien logre salir adelante sin complicaciones, pero también quienes no puedan sobrevivir. Es tan trágica como la otra, no es exagerado decir que costará la vida a muchos, el patrimonio de otros tantos, y a muchos los regresará a niveles económicos que habían superado hace tiempo o una generación atrás.

Margen de error
(El mal de males) La tercera pandemia es la primera en orden cronológico. Una enfermedad política que tiene envenenada a la opinión publicada, que lanza millones de dardos ponzoñosos al día por redes sociales, y que tiene al país en este momento en un punto irreconciliable.

Sabíamos que el virus estaba ahí. Se hablaba de él, pero lejos de combatirse se propagó. Con gusto en muchos de los casos, irresponsablemente en otras.

Desde el arribo a la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, el enfrentamiento en distintos niveles sociales tomó tintes de enfermedad –primero-, de epidemia después y ahora es una clara pandemia. Sin duda.

Aunque las culpas se le atribuyen constantemente al Presidente, no es el único ni tampoco el detonante exclusivo de lo que enfrenta el país en esa pandemia. Hay una amplia red de personajes, visibles y agazapados, que han tomado como objetivo de vida enfrentar todas las palabras, decisiones, erratas y aciertos de este gobierno. Es su única ruta. Despiertan con eso en la cabeza, soñaron con ello, trabajan todo el día encaminados en lo mismo.

No se trata solo de personas, entes políticos o empresariales. Andrés contra Carlos. Los de apellido largo contra los López o los Pérez. Tampoco se explica si solo vemos intereses y compromisos, privilegios y obligaciones. Hay debajo de esta pandemia deudas históricas con amplios grupos sociales del país, desigualdades insalvables que se han alimentado desde el poder.

Mirilla
(/) Se equivocan quienes dicen que el país empezó a dividirse en los dos años recientes. México ya estaba dividido, pero cuando estás del lado privilegiado no te das cuenta.

Quienes cuentan con servicios públicos, educativos, se respeta su propiedad, viven asegurados y seguros, nunca se dieron cuenta que el país estaba dividido entre quienes no cuentan con nada de lo que ellos sí.

Cierto, la división se acentuó, ahí el Presidente López Obrador tiene que asumir la responsabilidad que le toca. Pero no solo es él, también quienes a su alrededor tampoco hacen nada por buscar una ruta de reconciliación social.

Lo mismo quienes se asumen del lado opuesto a López Obrador. Son ellos también quienes por decisión propia dicen, pregonan, y hasta presumen estar del lado contrario. Unos y otros, cual porras distintas de un encuentro deportivo entre dos potencias irreconciliables: Brasil vs Italia, Argentina vs Inglaterra, Real Madrid vs Barcelona.
Se trata de modos de vida distintos.

Primera cita
(“”) “Pueden seguir dedicándose a coleccionar y exhibir incongruencias de López Obrador y alimentar la animadversión en su contra, pero sería más constructivo hacerse cargo de la responsabilidad que tuvimos todos para llegar a este México tan desigual y resentido”. Jorge Zepeda Patterson (PUNTO)

Columna publicada el 31 de mayo de 2020 en la edición 905 del semanario Ríodoce.

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La denuncia de Emilio Lozoya

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20 de septiembre del 2020
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