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Obesidad, ladrona de esculturas

Ob escul

La obesidad es una ladrona de esculturas. Todos traemos un cuerpo escultural y la genética nos predispone a un metabolismo funcional, sin embargo, los hábitos van minando poco a poco la salud y lo que inicia como sobrepeso, termina como obesidad si no se tiene cuidado.

Los cuerpos de los hombres y las mujeres tienen una distribución de grasa diferente, no es capricho de la naturaleza, es una orden de la madre evolución. Los estrógenos en la mujer contribuyen a una distribución de grasa abundante en los glúteos y muslos, cosa que no sucede en los hombres, la testosterona contribuye al metabolismo de manera diferente a como lo hacen los estrógenos.

Esta es la causa por la cual, las mujeres posmenopáusicas pierden su figura original y convierten su cuerpo en una silueta parecida a la de su pareja o a la de cualquier hombre en general. Se puede afirmar que, entre la grasa y las hormonas, se reparten la culpa o la causa de la distribución de grasa corporal normal, cuando la grasa supera la normalidad en porcentaje, entonces se roba la figura escultural para convertir el cuerpo en un monumento al metabolismo catabólico.

Se dice metabolismo catabólico al resultado del exceso de energía a través de los alimentos, y metabolismo anabólico al resultado de la energía que resulta de la destrucción de los tejidos principalmente la grasa.

Todos los días, millones de personas en el mundo luchan por conservar la figura escultural, unos castigando el cuerpo y el tiempo en el gimnasio, y otros sujetos a un régimen dietético restringido en carbohidratos. Tanto los primeros como los segundos buscan dos cosas; figura y salud.

Tanto la figura como la salud son importantes, aunque en este caso es mejor la segunda que la primera. Un cuerpo saludable lleva implícita una figura dentro del peso ideal, aunque la distribución de la grasa no represente un índice cintura cadera de 0.7 que es lo ideal sobre todo en las mujeres.

La búsqueda de la silueta escultural es más frecuente en las mujeres, sin embargo, en la actualidad hay un grupo de hombres vigoréxicos que también disfrutan su narcisismo a través de la imagen que les devuelve el espejo.

La vanidad es buena aliada cuando de salud se trata, la ladrona de esculturas puedes ser ahuyentada con una persistente obsesión vanidosa de mantener más que un peso corporal; una figura escultural.

Hay que recordar que la genética determina el fenotipo, es decir, la estatura, el color de piel, de ojos, incluso los rasgos físicos, por eso, las fajas y todos los componentes como arneses, solo amoldan la imagen mientras los traen puestos, la otra opción se llama cirugía, con los riesgos que esto implica. Enamorarse de la figura antes que se pierda o se la robe la grasa es lo mejor.

Artículo publicado el 17 de noviembre de 2019 en la edición 877 del semanario Ríodoce.

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