febrero 26, 2020 3:45 pm

El antes y el después del jueves 17 de octubre

enfrentamientos cuartoscuro (14)

La Operación Ovidio marca un antes y un después en la estrategia de seguridad de López Obrador en el combate al crimen organizado (entiendo específicamente las organizaciones que controlan el tráfico de drogas y otros delitos en este país). La estrategia real, no la de los planes presentados ni la de las conferencias mañaneras. La ventaja de la cruda realidad es que se atreve a desmentir la retórica de los discursos y la contundencia de los documentos.

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Ahora es claro diferenciar el antes y el después. Antes del rotundo fracaso en la intentona federal para lograr la detención de uno de los hijos del Chapo, las acciones del gobierno de AMLO daban a entender que no irían por las grandes cabezas, no había objetivos relevantes y el llamado era casi a que depusieran las armas. El quiebre lo marca los minutos que el gobierno federal tuvo en su poder a Ovidio Guzmán López, independientemente de los yerros posteriores de que si realmente lo detuvieron o lo entregaron, incluso de las consecuencias de una ciudad sitiada por el poderío de la Organización que co-dirige el hijo del Chapo.

Los americanos tienen al menos tres décadas aplicando este método, es aun rentable y sobre todo legitima sus operaciones. Se llama: Kingpin Strategy. Tampoco es que se hayan quebrado la cabeza para pensarla, consiste básicamente en enfocarse en los grandes jefes de las organizaciones y atacarlos. No se combate el crimen, en abstracto, sino con nombre y apellido. No se combate el terrorismo, se busca a Osama Bin Laden, no se combate el tráfico de cocaína de Colombia a los Estados Unidos, sino se busca abatir a Pablo Escobar Gaviria.

Hasta antes del episodio del jueves 17 de octubre en Culiacán, López Obrador no tenía dificultades para explicar su política de abrazos, no balazos, ahora no. Claro que no era ajena a críticas sobre el uso de la fuerza del Estado y cómo era posible que dejara operar a sus anchas a las organizaciones criminales. Sin embargo nadie puede negar que era congruente con el actuar del Estado en esa materia. Era, porque ahora no queda claro.

Por si alguien no había entendido el abrazos, no balazos es mejor explicárselo aunque ahora suene a chiste trillado: El Presidente se refería a no continuar los ataques contra las organizaciones criminales de manera directa, buscando descabezarlos, como lo hicieron Peña Nieto y Calderón —o sea no apegarse a la kingpin Strategy que marcan los americanos. En lugar de atacar a los delincuentes enfocarse en los delitos o las causas de esos delitos. Por eso la estrategia descansaba en los programas sociales. Una apuesta a largo plazo y no necesariamente garantizaba el éxito.

Por lo pronto, mientras surgen evidencias de lo que sucederá después del jueves 17 de octubre en la postura federal en el combate al narco, queda demostrado una vez más que existe una delincuencia organizada y un Estado desorganizado —como apuntó The Economist en uno de sus artículos. Es decir, igual que en los gobierno de Peña Nieto con el PRI y de Calderón con el PAN. Nada diferente. Quizás solo el añadido de que ahora la derrota se acompañó de una humillación a las fuerzas que participaron y a los gobiernos de todos los niveles. Además se colocó innecesariamente en riesgo a un alto número de ciudadanos que, sin exagerar, quedaron bajo fuego o atrapados en fuego cruzado.

Margen de error
(Distractor) La gravedad del fracaso de la Operación Ovidio y la toma de Culiacán por los grupos armados de la Organización Sinaloa, la intentó aminorar López Obrador hábilmente. Incluso hasta lo logró en parte. A tal punto que las opiniones están divididas entre haber continuado el operativo buscando refuerzos o liberar a Ovidio Guzmán para evitar el derramamiento de sangre. Casi mitad y mitad.

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Ese es un distractor. Ni siquiera se acerca las obligaciones de rendición de cuentas que tiene un gobierno, o un Presidente. Entre las muchas explicaciones que quedan a deber está una importante: ¿Hay operaciones e investigaciones encaminadas a detener a las grandes cabezas de las organizaciones? Le sigue otra pregunta importante: ¿Se respondió de nuevo a una presión de los Estados Unidos para su captura?

Hay una inercia que el nuevo gobierno no puede negar. Las operaciones relevantes contra el narco en México son acompañadas de alguna manera por equipos de inteligencia de los Estados Unidos, particularmente de la DEA, pero no solo de la Agencia Antidrogas. Evidentemente no podría ser inmediata esa cooperación, tomaría tiempo, y ahora empieza a mostrar una de sus muchas cabezas.

Mirilla
(Avería) Los sucesos de Culiacán modifican por completo el panorama de seguridad en el país. De entrada alerta a las organizaciones que tienen control en distintas regiones de México y que a su vez se disputan entre sí el control de territorios, rutas y mercados. Ahora no se conformarán con los dichos desde Presidencia de que no van por las cabezas del narco.

Lo que se modifican también son las reacciones desde las organizaciones delictivas. Se defenderán a sangre y fuego de una captura. Siempre lo habían hecho, no es nuevo, aunque ahora no es posible anticipar con cuánta fuerza lo harán.

Primera cita
(¿?) ¿Quiénes están ahora en la mira? Calderón y Peña se habían fijado objetivos prioritarios. López Obrador no. Aunque con estas acciones podría pensarse que siguen siendo los mismos. Quienes broten del podrido sistema o quienes se mantengan vivos en esta disputa sin tregua que existe en todo México por apoderarse de los negocios que abarcan(PUNTO)

Columna publicada el 27 de octubre de 2019 en la edición 874 del semanario Ríodoce.

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One Response

  1. LOS NARCOS SOLITOS SE HECHARON LA SOGA AL CUELLO CON SUS ACTOS TERRORISTAS YA NO PODRAN SALIR DE PRISION, O CUANTO ES LA PENA CARCELARIA PARA UN TERRORISTA EN MEXICO, A SI COMO TAMBIEN PARA EL QUE AYUDE O FACILITE EL TERRORISMO, PRACTICAMENTE QUIEN LES AGARRE DINERO ES COMPLICE Y PARTICIPE DE TERRORISMO A SI QUE DEJEN DE UTILIZAR NOMBRES DE NARCOTRAFICANTES.

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