noviembre 19, 2019 6:50 am

Economía e inseguridad, los negativos de AMLO

inseguridad

Desde hace muchos años hay tres temas que en México marcan un gobierno, para bien o para mal: la economía, la seguridad y el nivel de vida, esto último sobre todo relacionado con la distribución del ingreso. De los tres, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha reconocido que en dos las cosas no andan bien. Y aunque no lo hubiese reconocido es obvio, la baja en la economía se refleja en los números —aunque él tenga otros datos— y la inseguridad está arrojando más homicidios que durante el gobierno anterior, solo por citar un rubro. La injusta distribución del ingreso el presidente la ha estado paliando a través de programas sociales, sobre todo enfocados a los jóvenes, pero esto apenas inicia y no puede hablarse de un avance significativo.

Lea: La política económica, principal fracaso de AMLO: Luis Miguel González https://bit.ly/2xzTJT7

Apenas van siete meses de gobierno, es cierto, y se supone que estamos en el tiempo en que las calabazas empiezan a acomodarse. El problema es que son, los tres, temas vitales para la sociedad mexicana y sobre todo en los dos primeros todo indica que el gobierno federal no tiene idea de cómo enfrentarlos. En el tema de la economía no basta con el combate a la corrupción y los programas de austeridad; ninguna de estas dos medidas mueve las variables por más ahorro que tengan las arcas públicas. Y en materia de seguridad las evidencias son tan contundentes que el presidente tuvo que reconocer que “las cosas no marchan bien”.

Y así es, no marchan bien, pero los que gobiernan ahora no pueden ir todos los días echándole la culpa a “los que nos antecedieron”. Los gobiernos de Felipe Calderón y de Enrique Peña Nieto ya fueron juzgados por la sociedad mexicana. Uno del PAN y el otro del PRI, fueron quemados en la hoguera electoral del 1 de julio de 2018. Seguir culpando al pasado es una pobre forma de reconocer su incompetencia. Andrés Manuel y su equipo, es obvio, no saben todavía cómo enfrentar el tema de la violencia. Se han presentado casos de burla contra las fuerzas del orden y no se ha visto hasta ahora una reacción del gobierno mexicano. ¿Quién ordenó y quiénes ejecutaron el bloqueo de carreteras en Tabasco para protestar contra la llegada de la Guardia Nacional y amenazar con que no saldrían vivos de esa entidad? ¿Qué ha hecho el gobierno para demostrar quién manda aquí? ¿O mandan ellos?

Nadie esperaba que llegando el nuevo gobierno se acabara la violencia; así lo pensaron dos o tres enfermos seguidores de AMLO pero nadie en su sano juicio podía esperar tal cosa. Sin embargo, lo que ya debiéramos tener son señales claras de que el problema amainará, que se irá reduciendo a niveles tolerables… pero no es así. Por el contrario, lo que vemos es un caos en el tema, con líneas que salen de la presidencia, van a las cámaras legislativas, pasan por la Marina y el Ejército, se trepan en la Secretaría de Seguridad Pública y caen desplomadas en las calles que arden por la incidencia de los grupos criminales.

La fuerza social del presidente, el bono democrático adquirido el 1 de julio, no lo está traduciendo en un poder de Estado contra el crimen. Ha sido contundente —no digo que acertado— con los empresarios, a los que igual les quita que les coquetea, pero contra el crimen no ha tomado una sola medida que signifique un cambio de fondo en el tratamiento del tema y que anuncie una nueva política de Estado contra la criminalidad, específicamente para combatir el narcotráfico.

La economía depende de muchos factores, internos y externos, y el presidente siempre podrá buscar una excusa si las cosas no van bien. Pero en el tema de la violencia todo depende de nosotros, de lo que como gobierno y como sociedad podamos hacer para combatirla. De hecho estamos solos. La ayuda gringa siempre ha sido interesada y hasta perversa.

Donde se aprecian trazos más claros de hacia dónde quiere ir el presidente es en el punto tres, en la distribución de la riqueza. AMLO tiene claro que gobierna un país profundamente desigual y que tiene que sentar las bases para combatir la pobreza. Pero solo las bases, porque es algo que solo tiene solución a largo plazo.

 

Bola y cadena

AÚN ASÍ LOS TEMAS DE CORRUPCIÓN y austeridad son fundamentales en lo que el nuevo gobierno concibe como la Cuarta transformación. Teníamos décadas con gobiernos de todos los niveles robando del erario de forma brutal, extravagante, cínica, con la certeza de que lo harían con total impunidad —salvo casos que por consigna se perseguían. Siendo uno de los países más corruptos del mundo, la tarea no será fácil, pero hay que reconocerle al presidente lo que está haciendo para terminar con este mal y que el servicio público sea visto por fin como eso que es, literalmente simple: “servicio público”.

Sentido contrario

DESDE QUE Luis Ángel Pineda Ochoa salió a la luz pública por allá al inicio de la administración del ex gobernador Mario López Valdez, se supo que era un pillo. En Los Mochis tenía una supercito y para no pagar la luz eléctrica ponía “caimancitos” al medidor. Medio mundo lo conocía como un granuja pero era amigo de Malova, qué importaba lo demás. En el sexenio pasado anduvo en un cargo y otro para terminar como Secretario Técnico de la Secretaría de Turismo. El viernes, después de un proceso por delitos ligados a la corrupción, fue declarado culpable de desempeño irregular de la función pública y absuelto por el delito de peculado. No le fue mal. Y la justicia le sigue debiendo a los sinaloenses en el tema de la corrupción.

Humo negro

HACE UN MES PUBLICAMOS una nota de Aarón Ibarra que habla de la compra que tres ayuntamientos hicieron de un software pero a un sobreprecio, 3 mil 900 por ciento más caro. Esto es un robo. Y quienes estuvieron involucrados en las compras deben ser llevados a juicio. Los de Ahome, los de Culiacán y los de Mazatlán. ¿Quieren acabar con la corrupción? Pues hay que empezar a castigar el delito. Es la única forma. Y vigilar.

Lea: Tres municipios de Sinaloa compraron sin licitar un software hasta 3 mil 600% más caro https://bit.ly/2Kqbyvn

Columna publicada el 7 de julio de 2019 en la edición 858 del semanario Ríodoce.

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