Del carro y las rastreadoras

 

rastreadoras

Hoy por la mañana fui a dejar el carro de mí esposa (yo uso baica) al taller eléctrico. Hace unos dos meses recibí una llamada de esas que no quieres escuchar. Mi mujer me avisó muy temprano y aún estaba obscuro, cuando regresaba de dejar al niño al colegio un día en los que empezaba el frío y la neblina, que un carro de esos “chocolates” le había prácticamente destrozado todo el frente del carro, le pregunté cómo estaba ella y me dijo que bien, un poco asustada pero bien físicamente y que gracias a Dios ya venía de dejar al niño. Me fui en chinga con ella a ver todos los trámites de tránsito y papeleo; afortunadamente el tipo había aceptado su culpabilidad, y resultó ser un vecino de la colonia a quien no conocíamos. Mi señora muy amablemente le dio todas las facilidades y tiempo, nos habían dicho que en 15 días quedaba arreglado el carro pero esos 15 días se hicieron un mes, entendimos que el tipo (así le diremos para no quemarlo) no tenía dinero para cubrir los gastos y como buenos seres humanos no la hicimos de tos, hasta que todo se arregló; desafortunadamente a raíz de eso el carro no quedó del todo bien y hace unos días se le quebró la flecha y tuvimos que arreglarlo con el raquítico aguinaldo, hoy fue el arranque que ya no quiso dar y lo llevé con un amigo que conozco desde que trabajaba para las granjas y que sé es honesto (desgraciadamente hay muchos que no lo son y te inventan lo del clásico bendix) me dijo que quedaría antes de la una y que no me preocupara, que le llevara unas plantas para su jardín y asunto arreglado, me vine a pie pero a paso firme para no llegar muy tarde al trabajo, al cruzar por el mercadito tomé un atajo por un pasaje donde hay oficinas, tiendas, una fotografía y una birriería, (a la birriería le saqué la vuelta, no vaya a ser que ocupen chivos dije y mejor de lejos…) me llamó la atención uno de los locales que tenía muchas fotos pegadas en prácticamente todo el frente; como estoy medio cegatón me acerqué para alcanzar a leer qué decían, me quedé impactado. Eran fotos de puros desaparecidos, entre hombres y mujeres la mayoría jóvenes y las fotos de las chicas se miraban muy guapas, entendí inmediatamente que era la oficina de las rastreadoras, un grupo de madres con hijos desaparecidos que hacen el trabajo que a la autoridad le corresponde, con la esperanza de encontrarlos o en el peor de los casos darles cristiana sepultura y saber que algún día podrán llevarle flores a un lugar específico; me tomé el tiempo de ver cada una de las fotos y de repente me encuentro con la de un conocido del barrio de la Texas, donde yo me llevaba cuando era monaguillo, en la iglesia que según me contaron hace un rato, lo levantaron de su taller unos encapuchados y ya nunca más volvieron a saber de él. Un escalofrío y angustia de pronto me invadieron, hasta donde hemos llegado, que un grupo de madres desesperadas hasta local tienen para esos casos, algo no anda nada bien y eso es cuestión de justicia, el expresarlo en estas líneas amaina mi angustia, lo del carro la neta que vale madres comparado con eso.

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RÍODOCE EDICIÓN 855
16 de JUNIO del 2019
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