junio 19, 2021 4:10 AM

No habrá final feliz

 

carros-quemados

El acceso norte de Culiacán, Sinaloa, por la carretera México 15, es el sitio favorito de los retenes de la Policía Estatal y Ministerial. Los puntos de control son diarios en algún punto de la entrada a la ciudad: ocho horas antes de la emboscada al convoy militar que custodiaba una ambulancia de la Cruz Roja, una patrulla de la Estatal Preventiva mantuvo un retén a menos de un kilómetro del punto donde asesinaron a los cinco elementos del Ejército: unos seis elementos, todos encapuchados, estacionaron la patrulla fuera de la carretera y estuvieron deteniendo algunos de los autos que ingresaban a la capital.Justo al oscurecer se marcharon.

Pero en la madrugada del atentado, el acceso a la ciudad estaba franco.El convoy militar salió de Badiraguato entrada la madrugada del viernes, tenían a un herido en calidad de detenido e hicieron el traslado a Culiacán. El viaje fue largo por la baja velocidad de los vehículos Hummer. Ya estaban por entrar a la ciudad, después de las tres de la mañana. Justo en el bulevar que llevael nombre del gobernador Malova y la carretera México 15, empezó el ataque, devastador, sorpresivo. Los disparos se prolongaron por 20 minutos, al menos, según residentes del lugar. Se trata de una zona poblada por completo, de un importante crucero y circulación constante de vehículos.

Un camarógrafo experimentado en cobertura de seguridad dijo que parecía una película: Culiacán amaneciendo, y los autos militares vueltos ceniza, la diferencia es que no era una escenografía sino la realidad. En la Ciudad de México, a 2 mil 250 metros de altura sobre el nivel del mar, la vida, todo, se ve diferente. Desde allá se preguntaban si alguno de los hijos del Chapoera el herido del traslado, o el hermano pendenciero que trae la sierra en guerra con los Beltrán Leyva. Ni uno ni otro, el Ejército sabe que se trata de un gatillero menor, que no corresponde a la intentona de rescatarlo a toda costa, a menos que los de la organización Sinaloa pensaran que era otro a quien habían capturado los del Ejército y lo trasladaban a Culiacán.

En el ocaso del gobierno de Mario López Valdez, se topa con un general de la tercera región militar, Alfonso Duarte Múgica, que nada tiene quever con el campechano general Moisés Melo García, a quien incluso incorporó a su gabinete. Duarte ha demostrado en estos meses llamar a los Chapos, Chapos, y a los Beltrán, Beltrán. El pésame de las autoridades civiles sobre lo ocurrido la madrugada del viernes, no será suficiente para cobrarse la afrenta. Tanto, que fue Malova quien acudió a la zona militar a dar la cara, y no al revés.

No habrá un final feliz de este gobierno, y Malova lo sabe desde hace mucho, al menos desde que falló la intención y campaña de espantar al gobierno de Peña Nieto y al PRI para imponerse en la sucesión al gobierno. Y más aún cuando la jugada de la candidatura del PRI sorprendió incluso a ellos mismos.

Muchos de los argumentos que este gobierno ha repetido como logros terminarán desmoronándose: reducción en los homicidios e índices delictivos, control de la seguridad pública y del territorio estatal, confianza en las policías…El tiempo ya juega en contra del gobernador Malova.

 

Margen de error

(Quirino y el PAN)Quirino Ordaz, el gobernador electo, los dejó para el último pero terminó reuniéndose con los legisladores del PAN y su dirigencia —impuesta, sin sinaloenses, pero dirigencia oficial al fin—. La mermada bancada del PAN necesitará más que ganas para resolver la debacle de la elección con miras al 2018.

Con la sucesión presidencial a la vuelta de la esquina, Quirino Ordaz Coppel necesitará más que un desayuno con los panistas para mantenerlos a la vista. Y los panistas, por su lado, tendrán que demostrar si realmente saben del juego de la política cuando tienen encima a una bancada casi de su mismo tamaño, los del PAS, mordiéndole los talones.

 

Mirilla

(Salas de redacción) En el libro Narcoperiodismo,la prensa en medio del crimen y la denuncia (Ed. Aguilar), Javier Valdez Cárdenas se muestra como dueño de una voz propia y ofrece un capítulo más de la narrativa del México contemporáneo. Fragmentaria y huidiza esa realidad, necesita del sabueso que la persigue como esas mujeres que inquebrantables siguen rastreando a sus hijos desaparecidos (Levantones); necesita de la empatía de quien encara a la generación marcada por la violencia, quienes más que testigos son carne de cañón (Los Morros del narco)…

Javier Valdez en Narcoperiodismo fue ahora con los pares, al frente de guerra en Reynosa y Monterrey, en Guadalajara, en Durango y Veracruz. Si el narco salpicó  de sangre y mugre al país, el periodismo tenía que resultar el primero en caer en orfandad. Recoge ahí los testimonios de la soledad y el silencio, de la rendición y la mansedumbre en que cayeron periódicos, radios y televisoras.

Son tiempos de guerra y si se trata de comer huevos a güevo, pues toca hacerlo, como le tocó a quien llamaremos Rodolfo —así lo bautiza Valdez, porque aun ni su nombre puede admitir—, cuando el jefe de la plaza de Tamaulipas lo convida a desayunar y él mismo pide lo que los otros comerán. Por ese él manda.

Habla Javier Valdez de un pasado reciente, de un presente ominoso. Donde el reportero es un panochón, alguien a quien se le ubica y se le amenaza con facilidad.

 

“No hay manera de contar tanto dolor”, cierra Javier Valdez el libro Narcoperiodismo, pero al menos la lucha está permitida.

 

Primera cita

(La biblia) Enrique Peña demostró que sí leyó la biblia, aunque no completa, como lo dijo en aquel primer tropiezo en la feria del libro de Guadalajara del 2012 —la biblia estaba entre los tres libros que había leído y lo marcaron—. Su declaración durante la semana de transparencia demuestra que nadie está libre de pecado si de corrupción se habla en este país. De Peña Nieto es la cita de la semana: “Porque este tema que tanto lacera, la corrupción, lo está en todos los órdenes de la sociedad y en todos los ámbitos. No hay alguien que pueda atreverse a arrojar la primera piedra, todos somos parte de un modelo que hoy estamos desterrando y deseando cambiar, para beneficio de una sociedad que es más exigente y que se impone nuevos paradigmas.”(PUNTO)

 

 

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