julio 23, 2019 7:46 am

Obesidad y sexo: Camino sin retorno

sexo-obesidad

El discurso de los obesos es muy parecido, está hilvanado por historias de ficción y frases sazonadas con una pizca de verdad. Las variables peso/tiempo van de la mano.

Imaginemos un obeso de treinta años de edad que a los quince solo tenía sobrepeso discreto, a los veinte sobrepeso franco, a los veintidós obesidad y a los veintiséis obesidad mórbida. El camino sin retorno apareció cuando fue incontrolable la ingesta de calorías y la vida sedentaria el silencio de la culpa.

La ingesta de calorías entra en un tobogán que desemboca en la obesidad franca, la conciencia está presente pero la voluntad ausente. Parte de lo más importante de un cerebro sano es la capacidad para elegir, la capacidad para determinar o auto determinarse a través de la voluntad que controla la conducta.

Los obesos aprenden a posponer las acciones curativas, desplazan la dieta saludable por la dieta placentera, por darle gusto al impulso irrefrenable de obtener placer a través de la ingesta. Tener conciencia es una cosa y tener voluntad otra. La conciencia sin compromiso es darse cuenta de lo que pasa, estar interesado pero no comprometido. Tener conciencia, sumar la voluntad y el compromiso implica sufrir las oleadas del cerebro pidiendo dopamina, el neurotransmisor de la recompensa y el placer. Es fácil hablar de una dieta o de una forma equilibrada de comer cuando no se tiene la ansiedad por la comida, pero cuando se entra al camino sin retorno parece que el cerebro se atonta o se enferma y no obedece a la razón.

El camino sin retorno no es más que un cerebro que pierde su homeostasis, su capacidad de autorregularse y entra en la espiral de un embudo invertido, es decir, entre más se avanza más se enancha, en otras palabras entre más se quiere menos se puede. La cárcel de las drogas es parecida a la cárcel de la grasa, las personas adictas a la cocaína, la heroína o al cristal, sufren las consecuencias de un cerebro descompuesto, de un cerebro que pide y pide a través de sus estructuras que se llaman área tegmental ventral y núcleo accumbens, lugares que producen la sustancia del placer y se estimulan con las drogas. Caso parecido es el impulso por comer, esa ansiedad consciente o inconsciente que sorprende a la persona y se descubre momentos antes de tragarse el último bocado que completa cinco mil calorías en vez de seiscientas. Los obesos todos los días recorren el camino sin retorno, todos los días se atormentan al darse cuenta de lo anémica de su voluntad. Así como muchos alcohólicos presumen de haber dejado la actividad alcohólica de un día para otro, así muchos obesos presumen que gracias a su voluntad y compromiso con su salud pudieron remontar el camino sin retorno, estas son las historias de excepción.

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