agosto 23, 2019 1:31 pm

Marcos sin armas: 20 años después

marcos en la selva

Hace veinte años trabajaba en el diario Noroeste y recibí la propuesta de ir a Chiapas con la idea de entrevistar al subcomandante Marcos. Me la hizo Juan Guerra Ochoa, entonces diputado federal y parte de la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa). Se llevaría a cabo un evento donde participaría el alto mando zapatista y Juan ya había tratado con el jefe guerrillero. No lo pensé dos veces. Días después saludaba a Marcos en la Selva Lacandona y una semana más tarde se llevaría a cabo la entrevista.

El texto y material fotográfico —a cargo de Alejandra Chombo Tovar—, se publicaron en julio de 1996.

Diez años después, el subcomandante y una comitiva zapatista recorrieron el país en los que ellos mismos llamaron “La otra campaña”, pero cuando pasó por Culiacán yo estaba postrado en una cama producto de un ataque de dengue que me tumbó una semana, y no pude verlo. Había preparado una entrevista de balance a diez años de aquel encuentro, pero no fue posible.

Ahora Sebastián Guillén Vicente no es el subcomandante Marcos, sino Galeano. Y el movimiento zapatista sigue ahí, como el dinosaurio de Monterroso, porque sus postulados y razones permanecen intactos.

Con la autorización de Noroeste, Ríodoce reproduce ahora la entrevista completa, un mosaico de temas que a cada lector le pueden servir para hacer sus propias reflexiones, no solo sobre un movimiento armado y social que impactó al mundo, sino también sobre los indígenas, la política, los partidos, la izquierda, el ejército, el periodismo…

 
Julio de 1996
 
 
SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, Chiapas.- Marcos sin armas. Solo en un amplio salón improvisado de sesiones en el ex convento Del Carmen, lee de pie una carta escrita con tinta azul. Es domingo 7 en ese San Cristóbal de las Casas que aquel amanecer del primero de enero de 1994 se despertó lleno de zapatistas armados con palos, machetes, rifles de madera, “veintidositos” y AK-47, exigiendo libertad, justicia, democracia.

Marcos sin armas, porque en “un acto de voluntad por conseguir la paz” había dejado en manos del Mayor Moisés su Magnum 357 y su Kalashnikov, en “La Realidad”, una comunidad tojolabal enclavada en la Selva Lacandona.

El jefe guerrillero había descargado uno a uno los tiros de su cartuchera en presencia de diputados, poetas, voluntarios de la Cruz Roja Internacional y Mexicana… periodistas.

Marcos sin armas, sin más armas que la palabra, asumiendo “la voz de los que no tienen voz”. Domingo 30 de junio. Foro Especial para la Reforma del Estado:

“¿Cuántos muertos, cuánta destrucción, cuánta cárcel, cuánta impotencia, cuántos magnicidios, cuántos criminales refugiados en Irlanda o Manhatan, cuánta inseguridad económica, cuántos gobernadores narcotraficantes, cuánto país destruido?… ¿De qué país estamos hablando? ¿Dónde se gestó este México que nos avergüenza y oprime?… ¿De dónde viene la violencia? ¿Quién la promueve y la alienta? ¿En dónde vive el culto a la muerte y a la destrucción?”.

Tres días antes, en el vado de Aguas Blancas, Guerrero, decenas de hombres armados que se autollamaron Ejército Popular Revolucionario (EPR) habían hecho su primera aparición provocando desconcierto y miedo entre la población, por las repercusiones que podía tener el hecho.

El Comité Clandestino Revolucionario Indígena del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (CCRI-EZLN) se preparaba ya para trasladarse a San Cristóbal de las Casas, pero desde distintos puntos de la geografía chiapaneca se recibió la orden: “Vamos a esperar”.

Cuando el día 29 llegaron a La Realidad los diputados Juan Guerra Ochoa y Jaime Martínez Veloz, de la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa), ya los esperaba el poeta Juan Bañuelos, de la Comisión Nacional de Intermediación (Conai), en compañía del Comandante Tacho.

“Necesitamos saber si hay condiciones de seguridad para trasladarnos a San Cristóbal”, pidió el jefe zapatista. Los intermediarios se trasladaron a una base militar cercana y desde ahí, por telefonía satelital lograron los contactos necesarios. Regresaron con buenas nuevas.

Quince minutos después hizo su aparición el Subcomandante Insurgente Marcos a la cabeza de una cuarentena de hombres armados montados a caballo, todos con uniforme —pantalón negro y camisa café—  y pasamontañas, semejaban el escenario ideal para un rodaje postmoderno.

Ya a bordo de una unidad de la Cruz Roja Internacional los comandantes zapatistas, Marcos ordenó al chofer que se detuviera cerca de donde dialogaban los diputados Juan Guerra y Jaime Martínez.

—Quiubo Juan —le dijo Marcos al sinaloense mientras éste se acercaba a la camioneta— ¿No nos Irán a hacer una chingadera?

—Nos las hacen a todos —respondió el diputado perredista, nervioso.

—Ese no es consuelo —replicó el guerrillero.

—No te preocupes, vamos bien— terminó Juan Guerra.

Fue una decisión muy difícil hacer el viaje a San Cristóbal después de lo que había ocurrido en Guerrero, con la aparición del EPR.

El Subcomandante acaba de comentar a Noroeste (ya en la entrevista, ocho días después) que los propósitos del foro convocado por el EZLN se habían cumplido. Uno de los objetivos era el encuentro con la gente que pretende construir el Frente Zapatista de Liberación Nacional (FZLN). El segundo nivel era retomar la cuestión indígena nacional; el tercer objetivo era encontrarse con fuerzas de izquierda que luchan por la democracia. Y el cuarto era verse con gente de un espectro más amplio, de centro.

Mostrando una palidez que se asoma por los huecos de su pasamontañas negro, Marcos responde mientras llena su pipa con lo que queda de una bolsa de tabaco que puede ser la que le envió desde la ciudad de México la escritora Elena Poniatowska:
“Lo decidimos unos minutos antes de salir de La Realidad”. Hablamos con el diputado Juan Guerra y le dijimos que estábamos muy preocupados, que tal vez no era conveniente venir a San Cristóbal. Sin embargo se nos dieron garantías de seguridad y, bueno, teníamos que arriesgarnos, como en todo proceso, y dejar claro con nuestra asistencia que estábamos por la paz. Pudimos habernos quedado jugando con la posibilidad de otro levantamiento armado, pero no podemos estar jugando con el destino de tantos. Tenemos que ser serios.

¿Sobre qué escenario va a dejar las armas el EZLN? Una de las pistas, suponemos, es la conversión del EZLN en una organización política o civil, pero ¿No dependerá también de la evolución que tengan las negociaciones con el gobierno federal?

—Para nosotros depende de tres grandes pistas: una es la posibilidad de convertirnos en una fuerza política y pacífica; la otra es que realmente se abran los espacios de democracia y que haya una reforma profunda en la cuestión indígena, y la tercera se refiere propiamente al proceso de negociación.

—Que es la más resbalosa…

El gobierno, tanto federal como estatal, tendría que garantizar, crear las condiciones, junto con otras fuerzas, para que no sean necesarias las armas, porque incluso aunque se llegara a un acuerdo con el gobierno federal sobre esto, con el auge que hay en las guardias blancas —esto está muy claro en el norte de Chiapas—, esto es muy preocupante y todas las señales nos dicen que no debemos dejar las armas… lo que ya decía de las armas como defensa, no tanto como vehículo para criticar algo, para señalar algo, para lo que sirvieron en enero de 94.

“Yo pienso que para que pudiera hablarse de la posibilidad dejar las armas del EZLN, tienen que darse estas tres grandes pistas. La única que aparece sólida en este momento parece ser la primera: la de convertirnos en una fuerza política. La de la democracia y la cuestión indígena es algo que es producto de la negociación y hay que ver los resultados. Y la más difícil y que se ve más lejana, es el acuerdo con el gobierno, sobre todo por los personajes que están en la delegación gubernamental, que parecen sistemáticamente negarse a cualquier tipo de acuerdo. Son una oposición totalmente intransigente, intolerante; que hace muy difícil poder llegar a acuerdo.”

Esta tercera etapa del dialogo en San Andrés Larrainzar va ser definitoria, digamos, en el curso que pueda tomar la negociación.

“Nosotros pensamos que sí. En esta primera sesión vamos a hablar de cómo llegamos a un acuerdo sobre estas cuestiones que están pasando continuamente y que lo empantanan o lo dificultan, y que en el peor de los casos lo pueden hacer fracasar. Pensamos llegar a ese acuerdo y definir las grandes líneas de lo que puede ser un tránsito a la democracia y por el que podamos transitar nosotros. Finalmente lo que está a discusión en esta mesa es la guerra o la paz en cuanto a qué es lo que la produce.”

—Están planteando ustedes la creación de un frente amplio opositor ¿Cómo lo conciben y para qué? ¿Con que objetivos?

—Mira, nosotros estamos pensando que hay una cierta descomposición del régimen, que es cada vez más aguda; cada vez sale más podredumbre a flote y esto es muy preocupante porque no se ve que el país vaya por buen rumbo, sino que cada vez las cosas están peor, no se ve que haya repunte en la cuestión económica. En la cuestión política el régimen se va deteriorando cada vez más. Entonces, nosotros pensamos que hay que darle una salida y esto no puede ser obra de una sola fuerza. Por muy simpática, moral y clara que sea, porque implica algo más grande que un relevo del poder. Esto quiere decir que no es un partido el que lo pueda encabezar, porque un partido puede encabezar una alternancia del poder en todo caso. Y lo que exige la situación política en México es una reforma muy profunda, una transición a la democracia que vaya más allá del cambio de un partido en el poder o de un personaje en el poder. Nosotros estamos concibiendo ese frente como un gran acuerdo entre organizaciones políticas, sociales y ciudadanas —es decir, no solo partidos políticos—, en esa perspectiva.

—¿Una alianza la chilena, como la que se hizo contra Pinochet?

—Pues sí, nada más que ahí era mas fácil porque el enemigo estaba perfectamente definido, era un dictador, etcétera. Y, en este caso, parte de la crisis del sistema político mexicano es que el enemigo se empieza a difundir. Esta sensación de que no hay nadie que pueda responder no es una gran ventaja.

Ahora, bueno, ustedes forman el Frente Zapatista, van a dejar las armas… ¿van a incursionar luego en la vida política, como dirigentes?

—Sí, pero no por la vía electoral…
Yo estoy pensando en Colombia, donde la incursión de los ex guerrilleros del M-19 en la vida política electoral les ha costado muchas vidas: han matado hasta candidatos a la presidencia… y, bueno, pensamos también que la combinación de elementos que existen en la realidad colombiana se da también en México: corrupción en el régimen, narcotráfico, violencia exacerbada, etc.

—Sí: por cuestiones de seguridad tienes que hacer también ese cálculo. Lo que más nos preocupa es si es posible que en ese espacio civil y pacífico, como fuerza política, los zapatistas puedan llevar adelante sus planteamientos. O sea, que sigan teniendo la ascendencia moral que tienen, la receptividad en ciertos sectores de la sociedad mexicana, para poder llevar adelante el proyecto y no quedarse, pues simplemente en una pequeña fuerza electoral que puede participar o no y finalmente está sujeta a la acción de los grupos paramilitares. En Colombia son organizaciones paramilitares que se dedican a eliminar a los disidentes del régimen, que fue lo que tuvo que padecer el M-19 y otras organizaciones: sacaban a sus dirigentes y de pronto los mataban y nadie se hacía responsable.

—Vemos muy difícil que ustedes puedan sostenerse en la línea que se han trazado, de no participar en los procesos electorales con candidatos. Creo que en algún momento tendrán que hacerlo… ¿Existe la posibilidad de rediscutir este tema en las comunidades?

—Sí. Nosotros pensamos que para formar el frente tenemos que dejar claro que no vamos por candidaturas, de tal forma que el EZLN no sea usado por alguien para llegar a algún cargo. Ya formado el FZLN tendrá que definir eso: si se hace partido político, si compite con candidatos, etcétera. Ahora lo que más nos preocupa es que ese proceso de tránsito de una organización armada a una organización política no sea capitalizada por algún grupo o por una gente para agarrar un cargo. Es decir aprovechar la sangre de nuestros compañeros para beneficio propio. Tienes que entender que nosotros salimos a la vida política desde la montaña, completamente ignorantes de todo el terreno político. El terreno político es muy resbaloso para todos, imagínate una fuerza política que es nueva. Ahí podríamos caer en muchas trampas, en alianzas que no nos convienen o en deslindes que no nos convienen.

—¿Qué harán para conservar esa ascendencia moral que tienen ahora, una vez que incursionen en la vida política y electoral, incluso con candidatos? Te lo pregunto porque en 1989, cuando se formó el PRD (Partido de la Revolución Democrática) se palpaba mucha limpieza en la gente y un gran interés por la sociedad. Sin embargo, no pasó mucho tiempo para que se desatara una lucha a veces hasta sucia por los cargos en los congresos, en los ayuntamientos….

—Se veía mucha esperanza, sí. Lo que pasa es que el poder es como el Rey Midas pero al revés: el Rey Midas todo lo que tocaba lo hacía oro, y el poder todo lo que toca lo hace mierda. Puede transformar una gente honesta, cabal, en un cínico y en un bastardo. En el terreno político es muy difícil mantener las virtudes y muy fácil potenciar los defectos, porque es una especie de selva; tienes que pagarle al otro, fingir…

—¿Hay tiempos para la conformación del frente? ¿Hay un “Tiempo Contado”, en la acepción de Krauze?

—No. Nosotros pensamos que tenemos que seguir este proceso por lo que tú mismo señalas de la cuestión electoral… que a mucha gente le brinca. Muchos dicen ‘para qué me voy a organizar si no puedo elegir al que yo quiero’. Entonces, tiene que haber un proceso de encuentro, primero, que es más o menos largo. En esta primera etapa, por ejemplo, de identificación, hay que aprender hasta a hablar. Ahora todavía hay gente que habla con nosotros, con el EZLN, como si hablaran con alguien que está arriba, alguien que admiras o alguien que respetas. No nos ven como iguales. Incluso, pues, cuando hablan con Marcos, no hablan así como estamos platicando tú y yo, tú como periodista y yo como entrevistado. En el otro caso hay una especie de admiración que hace difícil  que tu opinión y la mía estén al mismo nivel. Actualmente si yo opino algo la otra persona lo toma como que así es; no se le ocurre cuestionarlo para poder enriquecerlo. Por ello tenemos que tener más encuentros, de tal forma que se empiece a acomodar esto al mismo nivel. Es difícil, por que somos una organización armada y clandestina en proceso de paz, pero es muy difícil, pues, salir todavía.”

Entrevista publicada el 24 de julio de 2016 en la edición 704 del semanario Ríodoce.

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