junio 12, 2021 11:58 PM

Seis de cada 10 sinaloenses no votarán

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Quienes se abstienen de votar serán mayoría el domingo de las elecciones. Una semana antes de los comicios ya ganaron. Así lo dicen todas las encuestas y los informes, que al final no han tenido que descubrir el agua hervida, basta con revisar las cifras históricas en las elecciones. O parar oreja en la calle. Si fueran un partido o un candidato independiente se llevarían la mayoría. Por supuesto que es un argumento cargado de ironía, no ganarán nada aun siendo mayoría. Podría decir uno de esos seis que no votarán, que tampoco ganan nada esos cuatro que sí votarán, y podría no faltarle razón.

¿Por qué, entonces, se les habla en todos lados a la minoría, a quienes sí votarán? ¿Por qué los espacios mediáticos y en redes sociales se ocupan de quienes cruzarán la boleta? ¿Nadie habla a los ausentes, a la verdadera mayoría?

Una de las muchas explicaciones en el mundo que se da al fenómeno del abstencionismo, señala que se trata de ciudadanos conscientes de que no participarán y que es la forma de apegarse a lo que decidan las mayorías —que en este caso en realidad son las minorías—, aunque suene a un contrasentido. Es decir, al abstenerse de participar aceptan de manera abierta compartir lo que decidan los que sí participan. Similar al criterio que sigue la Ley Orgánica del Congreso de Sinaloa, que no contempla la abstención y por lo tanto suma el voto del legislador que se abstiene a favor de la decisión de la mayoría.

Hay que regresar 18 años para encontrarse una elección federal intermedia que pasó del 50 por ciento de participación ciudadana —57.9 por ciento estatal, 57.02 por ciento nacional-, elección histórica aquella de 1997, cuando el PRI perdió por primera vez la mayoría en el congreso federal y que hasta ahora no ha vuelto a lograr. Incluso, en las elecciones presidenciales de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña, apenas se pasó del 60 por ciento —la del 2006 fue solo del 55.8 por ciento en Sinaloa—.

¿A los actores en las elecciones les preocupa quienes no participan? No, nada les importan, con todo y que el Instituto Electoral diga estar “muy preocupado”. El sistema solo contempla a quienes votan, así sea uno solo quien acuda a las urnas. Ese uno decide.

En la elección intermedia local pasada, la de 2013, 65 de cada 100 ciudadanos que podían hacerlo no votaron en Culiacán. En zonas urbanas —la capital, Mazatlán, Ahome, Mazatlán— más de la mitad no votó; en zonas rurales, justo al revés: 65 de cada 100 sí votaron. ¿Dónde votaron más? En Angostura, luego en Choix, en El Rosario, Escuinapa, Cosalá. ¿Existe una cultura política superior entre quienes en promedio cuentan con un nivel escolar más bajo? No. Es un tema de estructuras y de compromisos de liderazgos locales involucrados en mecanismos de control en sus comunidades y territorios.

Con todo, el domingo 7 definirán la decisión unos cuantos cientos o unos cuantos miles según sea el caso. Esos cuatro de cada 10 que sí votarán, y entre ellos quienes están fuera de estructuras y la compra-venta, podría al final marcar la diferencia. No siempre, pero a veces pasa.

 

MARGEN DE ERROR

(La autocrítica) La época de elecciones exhibe también a los medios de comunicación. Periódicos, radios, televisoras, tomaron desde hace tiempo una distancia en la cobertura de campañas, especialmente desde que la ley prohibió la compra de espacios a medios electrónicos. La cobertura se reduce a alguna entrevista dizque a fondo, pero que en realidad es solo de primera impresión, la reproducción de comunicados de prensa, y la retransmisión de un debate. Es decir, una pobre cobertura. Y lo que es más grave, que no le aporta al ciudadano ningún elemento para tomar su decisión.

La campaña es el único momento para contrastar. Pero no solo las propuestas, sino la reputación y la fama pública de los contendientes. Es en campaña el espacio ideal para conocer las virtudes y defectos, los amigos y enemigos. Lo que muchos llaman como campañas negras, se convierten en realidad en la única vía para revelar los cadáveres del clóset. Los políticos deben darse hasta con la cubeta, y cuidarse unos a otros de las trampas, al fin hablan entre gitanos.

Los medios dejamos en manos de los contendientes cualquier revelación de sus contrincantes, y ahí se perdió un tramo de control. Todo trapo sucio surge en realidad de los propios rivales, nunca desde una cobertura periodística. Y por ello las redes sociales de video y audio, sin controles ni candados, se convierten en la peor —y mejor— arma.

En la lucha entre medios tradicionales y redes, los medios pierden. Aun cuando luego retomen lo que surge en aquellas.

 

Mirilla

(Policías y ladrones) No revela nada que junto a Benito Portillo, un fuerte delincuente que mantenía el control de la zona serrana de Choix, fuera asesinado un expolicía ministerial, Manuel de Jesús Barraza. Es la repetición del viejo maridaje entre autoridades y delincuentes.

¿Barraza ya estaba ligado a Portillo desde sus tiempos de policía o le solicitó “trabajo” al dejar la corporación? La Procuraduría de Sinaloa no dará respuesta a eso, pero debería ser su prioridad.

La falta de interés por conocer lo que realmente sucede dentro de las corporaciones queda claro con la falta de investigaciones en los crímenes contra policías. La autoridad parece la última interesada en resolverlos, temerosa seguramente de que al destapar la cloaca terminen todos salpicados de su contenido.

 

DEATRASALANTE

(2008) Desatada la guerra entre los seguidores de la organización Sinaloa y los Beltrán Leyva en abril de 2008 en Culiacán, policías ministeriales y municipales empezaron a caer asesinados. Así como en ningún otro periodo de la historia reciente de Sinaloa se habían contado tantos muertos como entre 2008 y 2011, tampoco se conocían tiempos con tantos policías asesinados.

Muchos de esos policías, no todos, con vínculos en una y otra organización. Pero ni en 2008 con Jesús Aguilar ni en 2015 con Mario López, los gobiernos han mostrado interés por honrar a los verdaderos policías caídos en el cumplimiento del deber, y separarlos de la paja, aquellos elementos vinculados con las organizaciones criminales y asesinados por los rivales(PUNTO)

 

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