julio 28, 2021 2:56 PM

Narcocultura y obesidad

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Dr. David Uriarte 

La economía mueve el mundo y la única libertad que existe (dicen los economistas) es la económica. El poder del dinero define rutas, costumbres, modas y tendencias. Las agencias automotrices, las inmobiliarias, y el comercio en general sería una industria diferente si el dinero del narco no fluyera como lo hace.

La estética, la figura y la belleza tienen dos opciones; o se heredan o se compran. La herencia se limita en tanto la mezcla genética va desvirtuando poco a poco la belleza natural y los híbridos ya no son replica idéntica o exacta de su original.

La voluntad y los caprichos también marcan moda y tendencias, por ejemplo, hay hombres que les fascina ver, tocar o acariciar a una mujer voluptuosa, es decir, con volúmenes exagerados en ciertas partes de su cuerpo. Para estilizar o modificar la figura de una mujer se necesitan tres cosas, la voluntad, el dinero y la grasa.

Para los cirujanos plásticos y estéticos, como para los escultores, es más fácil modelar desde la abundancia y el exceso que desde la limitación, es decir, resulta más cómodo rescatar de la grasa a esa figura estilizada, que construir a partir de la carencia. Para modelar glúteos voluminosos se recurre a técnicas que combinan implantes y un exceso de grasa que permita dar forma a la escultura sobre pedido. Lo mismo pasa con las mama o cualquier otra parte del cuerpo.

La técnica y el técnico es una mancuerna que se volvería obsoleta sin el dinero necesario para retribuir el trabajo artístico y abrillantar el ego de la persona. ¿Quiénes usan o piden más trabajos de lipoescultura? ¿Los empresarios o los narcos? No existe una respuesta cierta en tanto no hay una estadística que distribuya o estratifique el origen del dinero; el cirujano simplemente cobra su trabajo y no pregunta el origen del recurso.

Las flacas se quieren poner y las gordas se quieren quitar es el discurso de los cirujanos plásticos. Las personas obesas son candidatas naturales a esculpir su figura y acentuar ciertas protuberancias corporales para darle gusto al que paga, al que desea o a ambos.

Las recomendaciones técnicas del cirujano son rebasadas por el capricho y el poder del dinero, es decir, el que paga manda y dice “yo quiero que me aumente tantas tallas o yo quiere que me queden las nalgas como le gustan a la persona que está pagando”, en fin, todas estas historias se tejen mejor cuando hay exceso de grasa, cuando hay una obesidad pero también una juventud o un remanente de juventud que soporta mejor los riesgos propios de una encerrona quirúrgica.

Las mujeres que exhiben los narcos (o los que tienen dinero) son el prototipo de una belleza construida a partir de los excesos, exceso de grasa y exceso de poder económico. Tampoco hay que generalizar, no todas las mujeres obesas y operadas lo hacen con recursos ilícitos.

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