mayo 15, 2021 9:02 PM

De diciembre a marzo costas del Océano Pacífico reciben a estos cetáceos

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Una de las experiencias más fascinantes en algunos puntos del Pacífico es el avistamiento de las majestuosas ballenas jorobadas, que año tras año recorren unos 25 mil kilómetros, desde el norte del Océano Pacífico hasta Bahía de Banderas, en el occidente mexicano.

Su estancia en esta región es de aproximadamente tres meses, de diciembre a marzo, ya que en las aguas cálidas y poco profundas de la costa mexicana estos animales hallan el lugar perfecto para aparearse, dar a luz y criar a sus ballenatos.

Este mamífero, también conocido como yubarta o gubarte (Megaptera novaeangliae), es una de las especies más grandes del mundo: en su edad adulta llega a medir de 12 a 16 metros de longitud y adquiere un peso cercano a los 36 mil kilogramos.

“Las ballenas jorobadas son las que comúnmente vemos en esta temporada, también están las sardineras, aunque ellas son un poquito más tímidas. Pertenecen a la misma familia, pero son un poco más delgadas, menos espectaculares y no dan tantos saltos, no son tan sociables como éstas”, explicó Carlos Rebolledo.

Durante el avistamiento de este cetáceo misticeto de la familia Balaenopteridae (rorcuales), el investigador y veterinario explicó que los miles de visitantes nacionales y extranjeros, así como habitantes de la región, son testigos del canto de las ballenas, sus saltos, aleteos, coletazos y juegos con sus crías, lo cual se convierte en una experiencia única e inolvidable.

El por qué de sus visitas

Las ballenas jorobadas, a las cuales se les llama así por la curvatura que hace su cuerpo cuando se sumergen al agua, se hallan en todos los mares del mundo, pero hay tres grandes poblaciones: la del norte del Pacífico, sur del Pacífico y norte del Atlántico.

“Tras 11 o 12 meses de gestación, vienen a México para tener a sus crías y entrenarlas, y las que no están preñadas viajan para aparearse”, indicó el especialista, quien suma 25 años de experiencia en estos animales marinos.

“Aunque nosotros sintamos el agua fría, lo cierto es que el mar de Bahía de Banderas es cálido y benéfico para que sus ballenatos crezcan y se pongan fuertes a fin de emprender su primer viaje hacia las zonas de alimentación, y el cual es el más peligroso de toda su vida”, indicó.

Lo es debido a que en su regreso, que tiene una duración aproximada de un mes hacia California y Alaska, se enfrentan no sólo a las inclemencias del tiempo, sino también a los depredadores naturales como la orca y pseudo orcas.

“Desgraciadamente el humano también está implicado en esto, pues aunque está prohibida la caza de ballena, en muchos lugares se practica; asimismo, el tráfico marítimo les causa daño”, precisó el también guía de turistas.

La población actual es de 300 ballenas y se sabe de esto gracias a la fotoidentificación, que es posible gracias a un grupo de investigadores, quienes a través de una cámara especial captan imágenes de la aleta dorsal y caudal.

“Esta información la depuramos en México para enviarla a Estados Unidos, Canadá y Alaska que es la última zona a la que llegan. De esta forma sabemos quién pasó, si lo hizo con su cría, si al otro año volvió con ella o si murió en el trayecto”.

Carlos Rebolledo informó que el ballenato se alimenta de leche hasta los ocho meses de edad y poco a poco la alterna con plancton, pequeños peces y cefalópodos.

“Las jorobadas adultas se alimentan de arenques. Aunque en el área de Puerto Vallarta no habitan este tipo de peces, ellas son oportunistas, y si ven una población de sardina, por supuesto que la toman; sin embargo, normalmente están en ayuno prolongado cuidando a sus crías”.

Los machos emiten un canto complejo, el cual dura de 10 a 20 minutos y se repite por horas. El propósito no es claro, aseguró el investigador, pero parece desempeñar una función en el apareamiento.

“No sabemos claramente lo que significa, no obstante, en cada temporada llegan con una canción diferente o con la misma del año pasado, a la que añaden nuevos sonidos”, explicó al momento de colocar el hidrófono bajo el mar, el cual capta sonidos de hasta dos kilómetros a la redonda.

Las ballenas jorobadas son amigables con los humanos, lo cual es digno de agradecer, aseguró, pues permiten que se aprecie a esplendor su majestuosidad.

“Sin embargo, también es importante que seamos responsables y no se le acose, lo ideal es permanecer de 20 a 30 minutos. Ellas solitas te muestran cuando no se sienten cómodas con nosotros y si es el caso, debemos dejarlas en paz, aunque por lo regular están muy relajadas”, destacó.

El informador/ Notimex

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