La figura del “Fiscal carnal” fue creada por la oposición al gobierno de Enrique Peña Nieto en 2017, en el marco de la profunda crisis que vivió el último gobierno del PRI a raíz de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, en septiembre de 2014. Jesús Murillo Karam renunció como titular de la PGR en 2015 y a la postre terminó en la cárcel por enturbiar la investigación. Peña lo sustituyó con Arely Gómez González, y dos años después nombró a un hombre de todas sus confianzas, Raúl Cervantes Andrade, lo que generó una condena unánime de la oposición. Se propuso entonces crear una fiscalía que tuviera autonomía del Ejecutivo, cuyo titular fuera nombrado por el Senado de la República a partir de una terna que le enviara el presidente de la república.
Pero el infierno está empedrado de buenas intenciones. Cuando AMLO y Morena ganan las presidenciales y el control del Congreso, la nueva FGR les cayó como “anillo al dedo”, pues pudieron elegir a un “fiscal carnal” pero mediante un nuevo procedimiento legitimado por todos, tirios y troyanos. Así fue como llegó Alejandro Gertz Manero, un hombre que usó la fiscalía para cuidar los intereses del proyecto obradorista y hasta para beneficios o pleitos personales y familiares. Ejemplos se podrían citar por cientos. Perseguir los delitos fue lo que menos les importó… a él y a AMLO.
Llegó Claudia Sheinbaum a la presidencia y al viejo estilo de los gobiernos priistas echó a Gertz Manero de la fiscalía. Había sido electo para nueve años y su periodo terminaba en enero del 2028. Pero Claudia ocupaba a alguien de todas sus confianzas, alguien “carnal”, e impuso a Ernestina Godoy Ramos, quien había sido su fiscal en CDMX. Desde el 3 de diciembre de 2025 es la nueva escudera de la llamada Cuarta Transformación.
En Sinaloa se dio antes el tránsito de una procuraduría directamente a la orden del poder Ejecutivo hacia una fiscalía como organismo autónomo. Nació en enero de 2017 y en marzo el congreso local nombró como titular a Juan José Ríos Estavillo. Pero cuando llegó Rubén Rocha Moya al poder en 2021, antes de rendir protesta como gobernador ya había quitado a Ríos Estavillo. De la mano de Rocha llegó Enrique Inzunza, quien tenía con el fiscal una cuenta pendiente: la carpeta de investigación que lo acusaba por supuesto acoso sexual en contra de una jueza, Ana Karina Aragón Cutiño. Dejarlo en el cargo era imposible. Quedó encargado del despacho Dámaso Castro Saavedra y luego le dieron el cargo a Sara Bruna Quiñónez, una incondicional de Inzunza. No de Rocha: de Inzunza.
Ambos procesos, el federal y el estatal, entroncaron perfectamente en el caso Mayo-Chapitos-Cuen-Rocha. Las primeras diligencias sobre el asesinato de Héctor Melesio Cuen Ojeda fueron deliberadamente manipuladas para ocultar la verdad: quién lo mató, dónde, cómo, porqué. Eso se conjeturó primero y luego la FGR lo determinó al atraer el expediente. Su conclusión fue contundente: lo del asalto en la gasolinera fue un montaje. Ya lo había dicho el Mayo Zambada en su carta de agosto. La FGR solo aportó los elementos periciales y coincidió con el capo.
Pero luego de acusar al personal de la fiscalía estatal por haber manipulado las periciales, Gertz Manero se detuvo en seco. Renunció Sara Bruna Quiñónez en medio del escándalo, pero luego ya no pasó nada. Sara Bruna no se mandaba sola. Le ordenaba qué hacer Enrique Inzunza desde la secretaría general de Gobierno. A ella y a Dámaso Castro, el vice fiscal general. Ambos fueron sus instrumentos en las acusaciones contra los exalcaldes de Culiacán y Mazatlán para quitarlos del cargo, Jesús Estrada y el Químico Benítez. E igual los usaron para llevar al banquillo a los funcionarios de la UAS, porque querían el botín de la casa rosalina. Más de 8 mil millones de pesos anuales no es poca cosa.
Dámaso Castro, hay que recordarlo, es uno de los diez acusados por el gobierno norteamericano de estar coludidos con los Chapitos, los mismos que secuestraron al Mayo y pudieron haber matado a Cuen. Los mismos que se prestaron para el montaje porque a alguien le interesaba esconder la historia de la finca donde el exrector de la UAS fue asesinado. La historia que la FGR desentrañó y que luego metió en un cajón para proteger a quienes perpetraron el embuste.
Bola y cadena
SE FUE GERTZ MANERO y con Ernestina Godoy las cosas empeoraron. El caso Mayo-Chapitos-Cuen-Rocha produjo una guerra cruenta que nos ha traído miles de muertos y desaparecidos, pérdida de empleos, cierre de negocios, miles de desplazados, comunidades abandonadas… Pero el gobierno federal sigue montado en el macho de la impunidad al grado de que, a pesar del enorme daño que han causado estos hechos, reservaron el expediente por cinco años.
Sentido contrario
RÍODOCE HIZO DOS SOLICITUDES de información relacionadas con el asesinato de Héctor Melesio Cuen y los funcionarios que participaron en el montaje. La primera fue pidiendo la necropsia realizada a Héctor Melesio Cuen Ojeda y la respuesta fue que “La divulgación de la información representa un riesgo real, demostrable e identificable de perjuicio significativo al interés público o a la seguridad nacional”. La segunda fue si por el caso de Héctor Melesio Cuén Ojeda, ha sido llamado a declarar personal de la Fiscalía General del Estado de Sinaloa, especificando si están en calidad de imputados.” La respuesta fue que el expediente está reservado por cinco años y que el acuerdo se tomó por el comité de transparencia de la FGR el 27 de mayo de 2026, es decir, cuando ya estaba Ernestina Godoy y tenían los ojos del mundo encima.
Humo negro
DESDE QUE SE LLEVARON AL MAYO ZAMBADA a los Estados Unidos el gobierno mexicano ha dicho que insiste e insiste en que los gringos le den información del caso. Y ahora hasta los acusaron directamente de haber violado la soberanía nacional —esa desgastada cantaleta— en un operativo ya reconocido por el FBI. Pero resulta que el piloto del avión fue deportado, siguió delinquiendo en México, el gobierno lo detuvo y fue “expulsado” a los Estados Unidos. ¿Alguien puede responder por esto? ¿Cómo lo van a justificar?
Artículo publicado el 12 de julio de 2026 en la edición 1224 del semanario Ríodoce.




