La encuesta es una técnica de investigación social que permite conocer las opiniones y actitudes de una colectividad por medio de un cuestionario que se aplica a un reducido grupo de sus integrantes al que se denomina <<muestra>>. Esta técnica se usa con frecuencia en las campañas electorales (Diccionario Electoral del Instituto Interamericano de Derechos humano -CAPEL-).
En el intento de avizorar el futuro, la suerte de las encuestas ha sido variable. Por lo general, los sondeos han previsto los resultados electorales aunque a veces han fallado estrepitosamente, como en 1948 cuando todas las empresas predijeron la derrota del presidente Truman de EU, o como en las elecciones nicaragüenses de 1990, donde la mayor parte de las empresas encuestadoras predijeron el triunfo del sandinista, Daniel Ortega Saavedra, sobre el de Violeta Chamorro.
En su origen, las encuestas fueron concebidas como herramienta para que empresas privadas, gobiernos, partidos políticos, universidades e institutos de investigación, pudieran obtener información acerca de los hábitos, costumbres, filias, fobias de determinados grupos sociales, tales como los consumidores, los votantes u otros conglomerados de la sociedad.
La mejor muestra es la que se obtiene como fruto del azar más completo, donde todos los electores de un país, estado, municipio, o de un distrito, tienen exactamente la misma posibilidad de ser entrevistados.
La encuesta electoral es una especie de foto. Sólo tiene sentido si se puede imaginar cuál es la película de la que forma parte. Si un candidato tiene el 15 por ciento de las preferencias electorales, la cifra puede ser buena o mala. Una cosa es tener ese 15 por ciento después de haber obtenido en la anterior un 30 por ciento y otra si antes tenía un 5 por ciento. En un caso el 15 por ciento es muy malo y en el otro muy bueno. Un solo número no da información suficiente para evaluar la situación de un candidato porque no permite apreciar los movimientos.
En los procesos electorales latinoamericanos muchos ciudadanos se mantienen indecisos hasta el final. En la mayoría de nuestros países la lealtad partidista es baja y los votantes muy volubles. Nuestras sociedades son enormemente heterogéneas y en todas nuestras ciudades hay zonas difíciles de encuestar por su peligrosidad. Pretender que una encuesta adivine los porcentajes de una elección es absurdo.
Los resultados de una encuesta son más aproximados mientras menor es la distancia entre la fecha de la encuesta y el día de la elección. Cada nuevo día es un espacio para lo imprevisto. Algunos candidatos guardan sus peores ataques para el último momento y a veces logran alterar a los votantes. A las únicas encuestas a las que se les puede pedir una mayor precisión es a las <<exit poll>>, encuestas hechas en la puerta de los recintos electorales.
Cualquier empresa comercial del mundo hace uso de las encuestas para vender mejor sus productos, y no hay partido político o candidato que no recurra a las encuestas para conocer de los sentimientos, afinidades, pasiones, razones y comportamientos de los electores.
Sin embargo, la razón original de los estudios estadísticos y demoscópicos se ha desvirtuado, especialmente en la política. En esta actividad esencial de toda sociedad y de todo grupo humano, las encuestas sirven ahora para tratar de condicionar y direccionar, en muchas ocasiones con engaños, el voto de los ciudadanos. Muchas de las “casas encuestadoras” venden su producto como si vendieran pizzas, es decir, con los ingredientes (los números) que el cliente pida.
Los 13 aspirantes que hoy buscan ser los coordinadores de la Defensa de la Transformación y de la Soberanía en Sinaloa por Morena, están recorriendo el estado de Sinaloa. Dicen algunos de ellos que han hecho encuestas, lo cual yo no creo, por el alto costo que implica pagar una encuesta. Varios dicen que encabezan las encuestas, y eso no puede ser posible. De los 13 aspirantes, solo uno o una, puede encabezar una encuesta, si es que se hizo con la metodología adecuada.
Artículo publicado el 12 de julio de 2026 en la edición 1224 del semanario Ríodoce.




