La trepidante caída del Mayo sigue reventando sorpresas. La aeronave salió de escena, el piloto desapareció, hasta que el FBI consideró que era tiempo de resucitar el tema y exhiben el avión reconfigurado, donde transportaron a Ismael Zambada de Culiacán a Estados Unidos. Y casi inmediatamente después, el mismo FBI, suelta la identidad del piloto, una madeja que por sí misma lleva a sus propios enredos.
Como protagonistas, los estadounidenses siempre han sido dueños de la narrativa y controlan a su antojo la historia. Ellos la escriben, se contradicen, callan lo necesario y revelan a medias lo que conviene. Todo a cuentagotas, se administran.
Acá en México solo se reacciona, tarde y mal. El gobierno es errático en un asunto que desde su concepción está afuera de las fronteras. Lo dijimos la semana pasada: dónde está el piloto, cómo logró cruzar la frontera, aterrizar sin problema y desaparecer por completo.
Son dos años de la compleja operación para montarle una celada a Ismael Zambada: le lanzaron una carnada que mordió, cayó en la trampa cuando se convenció de que aun contaba con dotes de conciliador en las disputas políticas. El resto, someterlo y llevárselo, solo requería de exactitud logística.
Cuando cayó en sus manos, los estadounidenses lo mostraron como un trofeo. Viejo, apenado, sometido, el Mayo no parece ese malvado personaje que dominó el narco a sangre y fuego por casi medio siglo: de los ochentas al 2024. Pero era él.
Con la caída de Ismael el Mayo Zambada en manos de agentes estadounidenses, no solo se reconfiguró el mapa criminal en México, sino que abrió una espiral de violencia en Sinaloa —y en menor escala en otras partes del país. Todo producto del truco más viejo en los negocios oscuros que han existido en la historia humana: la traición.
Desde aquel 25 de julio de 2024, hace casi dos años, las agencias estadounidenses que concibieron el plan que eventualmente daría como resultado la captura del Mayo, se dedicaron a darle pastelazos en la cara a sus pares mexicanos. Episodio tras episodio, han ido ridiculizándolos. México ha quedado en ridículo en toda esta historia.
Primero, organizando una operación que ejecutarían fuera de sus fronteras, que implicaba un nivel de secrecía que impedía dar aviso a sus pares en México. Se organizó y ejecutó sin dar aviso a nadie, no podían confiar en absolutamente nadie.
Y es aquí donde se abre el nuevo abanico de incógnitas alrededor de la caída del Mayo: Dónde exactamente surge la idea de que un engaño de los Guzmán López al Mayo, podría resultar en su captura, lo saben muy pocos. ¿Quién se los propone? Y al aceptar, por cuánto tiempo fueron urdiendo el plan. Cuántas agencias de Estados Unidos estuvieron implicadas y a cuál de ellas le dejaron la dirección de la operación.
Margen de error
(CNI) El primer pastelazo no es el plan, sino el momento en que tienen al Mayo bajo su custodia y deciden hacerlo público filtrando su captura, en lugar de notificarlo a las autoridades mexicanas. Toman al gobierno con los dedos en la puerta y demuestran quién lleva el control completo del asunto. El gobierno de México reacciona dando tumbos, al carecer de información se equivoca en sus más elementales afirmaciones. Por eso la secretaria de Seguridad entonces, Icela Rodríguez, se apresura a decir que tienen ubicado el avión que despegó de Sonora. Error, andaban perdidos.
La falla que les merece el pastelazo está en las instituciones de seguridad, que carecían de un interlocutor confiable con sus pares estadounidenses. En el mismo nivel está el Centro Nacional de Inteligencia, encargado de tener la información sobre cualquier amenaza, incluidas aquellas dentro de organizaciones del narco. Cuando emite un reporte es tardío, casi como tratándose de un resumen de los hechos consumados, está fallando.
Primera cita
(No) Pero el pastelazo directo a la cara lo da el Embajador en México en ese entonces, Ken Salazar: “No fue nuestro avión, ni nuestro piloto, ni nuestra operación.” Falso. Esa fue la primera —y hasta donde sabemos única— respuesta oficial que se le antojó hacer al gobierno de Estados Unidos ante las peticiones constantes desde México.
Para esa respuesta del 9 de agosto de 2024 pasaron 15 días y no lo hicieron obligados por la insistencia de México, sino porque al día siguiente el Mayo haría pública una carta donde narraba su versión de lo ocurrido.
Ken Salazar, ya retirado, vuelve a la carga insistiendo es su negación: no fue nuestra operación. Se mantiene en lo dicho dos años atrás cuando era Embajador. Hasta lo publicará en un libro que está por aparecer.
Quedó claro en aquel entonces y lo queda ahora, que siempre fue falsa esa negación. La operación había salido perfecta, cumplió con su propósito, por tanto tenían que mantenerse en el plan de la negación.
Mirilla
(FBI) El quiebre lo tuvo el Buró de Investigaciones, el FBI, cuando al exhibir el avión no se contuvo más y decidieron adjudicarse la operación, no de manera abierta pero sí muy clara. Ellos querían el mérito.
Por eso el punto no es que tengan el avión, eso es obvio porque le permitieron aterrizar en su suelo. Tampoco que dejaran salir al piloto como si nada, aunque después lo acusaran y hasta solicitaran su extradición (suena irónico, si ya lo tenían con ellos, pero era parte del trato).
El punto ni siquiera está en lo que más se discute, que es la participación de agentes americanos en suelo mexicano al momento de ejecutar la operación. Pudieron ser solo observadores, mantener en seguimiento el desarrollo en el campo.
El pastelazo final, hasta ahora, es que concibieron una operación en México, organizaron un plan y pusieron todas las condiciones para ejecutarlo. En esta discusión llevamos dos años persiguiéndonos la cola (PUNTO)
Artículo publicado el 12 de julio de 2026 en la edición 1224 del semanario Ríodoce.





