El grupo delincuencial continúa su expansión en otros estados del país, donde se ha infiltrado también en la política
En medio de una guerra de casi dos años entre Mayos y Chapos en Culiacán y otros municipios del estado, los tentáculos del Cártel de Sinaloa continúan reforzando su presencia en diferentes partes de la república, incluso, sosteniendo enfrentamientos con grupos rivales que intentan meterse en sus territorios, y una forma de financiar el conflicto es la extorsión.
Un análisis hecho por este semanario en los estados de Baja California, Sonora, Morelos, Puebla, Hidalgo y Querétaro, territorios que históricamente han sido controlados por las diferentes facciones que componen el Cártel de Sinaloa, pudo observarse como los narcotraficantes sinaloenses mantienen la hegemonía en sus plazas y rutas.
En el estado de Morelos, donde desde los tiempos de Arturo Beltrán Leyva el Cártel de Sinaloa mantenía un control férreo en la zona, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, ha reiterado que aún existe el control territorial por parte de los sinaloenses, gracias a la infiltración política y violencia que mantiene las células remanentes de Chapos y Mayos, además de otros 14 grupos delincuenciales que disputan el territorio, incluyendo Los Mayas, Los Linos, Los Rojos, Comando Tlahuica, La Unión Tepito, el Cártel del Noreste, Cártel del Sur, y Guerreros Unidos.
“A diferencia de los estados del norte, donde las disputas suelen darse mediante grandes convoyes armados, en Morelos el Cártel de Sinaloa opera a través de células locales y un esquema de cooptación institucional mediante el financiamiento de campañas políticas y la intimidación de actores políticos rivales durante el proceso electoral”, dijo esta semana el secretario de seguridad, Omar García Harfuch.
Los municipios que parecen ser los más conflictivos son Cuautla, Yecapixtla, Atlatlahucan, Jojutla y Tlaltenango, donde el principal control de los sinaloenses no radica sólo en ejercer la violencia, sino en el nivel de corrupción al interior de las estructuras municipales, y la disputa consiste en controlar el mercado local para la producción, trasiego y venta de droga, además de robo, extorsión, tala ilegal de árboles y secuestro.
Mike Vigil, ex agente de la DEA en México y analista de seguridad, explicó que el problema en Morelos, aunque surge a partir de que son demasiados los grupos criminales operando en la región, se deriva de la evolución del narcotráfico en otras actividades ilícitas en las que han ingresado los diferentes cárteles de la droga.
“Esta diversificación inició cuando Estados Unidos repatrió a miles de pandilleros y otros criminales a México y otros países de Centroamérica, y fueron esos criminales que miraron en los diferentes mercados negros la posibilidad de obtener un ingreso adicional, siendo el cártel de Sinaloa quien primero exploró la posibilidad de obtener más ganancias mediante la extorsión y explotación de los recursos naturales”, dijo Vigil.
Según Vigil, las autoridades documentaron como el Cártel de Sinaloa fue la primera organización criminal que se integró al tráfico de migrantes, después con la explotación de minas, y continuó con la extorsión de mineros y de agricultores, haciendo que otros grupos criminales también se diversificaran.
Los mercados negros continuaron siendo explotados en estados como Sonora, Chihuahua y Baja California, a pesar del conflicto armado que se derivó a partir del secuestro de Ismael el Mayo Zambada, el 25 de julio de 2024, cuando se pensaba que actividades como la trata de personas, tala de árboles, y robo de huachicol disminuiría.
Pablo Carstens Madero, consultor y asesor en seguridad, explicó que actividades como la extorsión se ha vuelto un detonante para financiar a los cárteles, y que todo habría iniciado desde los tiempos del ex presidente Felipe Calderón Hinojosa, cuando las organizaciones criminales iniciaron todo tipo de actividades ajenas al tráfico de drogas para financiar sus actividades, aun cuando ello implique un efecto negativo en la población.
“El problema fue que se metieron con la población, no sólo extorsionando, sino con robo de identidad, invasión de terrenos; es decir, la delincuencia común se fue por el engaño mientras que el resto de los delincuentes terminaron alineándose con los cárteles de la droga, que a su vez tienen la protección de los gobiernos locales”, explicó Carstens Madero.
El conflicto en Sinaloa entre Mayos y Chapos parece no haberlos detenido, pues aunque los delitos de alto impacto han bajado en municipios como Mexicali, Baja California, en otras ciudades como Tecate, el problema de inseguridad persiste.
“No estamos teniendo ese problema en Mexicali, porque aunque hay presencia del Cártel de Sinaloa en nuestro municipio, y aunque hasta hace poco aún había enfrentamientos entre grupos criminales de Sinaloa, en meses recientes esa violencia se ha detenido, pero no se puede decir que ha sido así en otros municipios”, dijo Luis Felipe Chan Baltazar, director de la policía municipal de Mexicali.
En Tijuana, la ciudad sigue dividida en zonas que son controladas por el cártel de los Mayos, Chapos, CJNG, y cártel de Tijuana, y el tráfico de enervantes de México a Estados Unidos sigue siendo la principal actividad.
Tanto para Vigil como para Carstens, las actividades ajenas al tráfico de droga, no se detendrán, por las grandes ganancias que dejan al crimen organizado, sobre todo porque no les significa ningún tipo de inversión.
“No se va a acabar. No veo cómo. Los delincuentes no van a renunciar a un ingreso fácil y rápido, y menos si se considera que ya generaron el miedo, la intimidación y las condiciones, y por eso no se van a querer quedar con las manos vacías”, observó Carstens.
Artículo publicado el 31 de mayo de 2026 en la edición 1218 del semanario Ríodoce.






