Al igual que en el beisbol profesional, los jugadores de fútbol valen poco o casi nada.
“Joseph Blatter, nuevo monarca del fútbol, concedió una entrevista a la revista brasileña Placar a final del 95, cuando todavía era el brazo derecho de Havelange. El periodista le preguntó su opinión sobre el sindicato internacional de jugadores, que se estaba formando:
– La FIFA no habla con jugadores -respondió Blatter-. Los jugadores son empleados de los clubes.” Publicado en Eduardo Galeano, El Fútbol a sol y sombra, Edit. Siglo XXI.
Mientras este burócrata emitía su desprecio, ocurría una buena noticia para los atletas y para todos los que creemos en la libertad de trabajo y en los derechos humanos. La Suprema Corte de Luxemburgo, la más alta autoridad jurídica de Europa, se pronunció a favor de la demanda del futbolista belga Jean-Marc Bosman y en su sentencia estableció que los jugadores europeos han de quedar libres, una vez vencidos los contratos que los ligan a los clubes.
“Posteriormente, la llamada ley Pelé, promulgada en Brasil, fue también un paso importante hacia la quiebra de los lazos de servidumbre feudal: en muchos países, los jugadores integran el patrimonio de los clubes, que en su mayoría de los casos son empresas disfrazadas de “entidades sin fines de lucro.” Eduardo Galeano, El Fútbol a sol y sombra, Siglo XXI.
En vísperas del Mundial 98, el director técnico Pacho Maturana opinó:
– A los jugadores nadie los tiene en cuenta.
Y esa sigue siendo una verdad grande como una casa y vasta como el mundo, aunque se esté conquistando, por fin, la libertad de contratación.
“Muchas de las más altas estrellas del fútbol han padecido el racismo, por ser negros o mulatos: en la cancha, han encontrado una alternativa al crimen, al que habían nacido condenado por promedio estadístico, y así han podido elevarse a la categoría de símbolos de la ilusión colectiva. Muchos de ellos, la mitad tienen piel negra o mulata. A pesar de la invasión de la clase media, que en estos últimos años se advierte en la cancha, la realidad actual del fútbol brasileño no está lejos de los tiempos de Pelé, que en su infancia robaba maní en la estación del tren.” Eduardo Galeano, Fútbol a sol y sombra, Edit. Siglo XXI.
Cuando Nigeria derrotó, con su fútbol divertido, a la selección española, que después empató a Paraguay, el presidente de España, José María Aznar, comentó que “hasta un nigeriano, un paraguayo puede ponerte en tu lugar”. Después, cuando Nigeria se fue de Francia, un comentarista argentino sentenció:
– Son todos albañiles, ninguno usa la cabeza para pensar.
En el mundo actual, todo lo que se mueve y todo lo que está quieto transmite algún mensaje comercial. Cada jugador de fútbol es una cartelera en movimiento, pero la FIFA no permite que los jugadores porten mensajes de solidaridad social. Tamaño disparate está expresamente prohibido. Julio Grondona, presidente del fútbol argentino, lo recordó y lo hizo recordar en 1997, cuando algunos jugadores quisieron expresar en la cancha su apoyo a las reivindicaciones de los maestros y profesores, que ganan sueldos de ayuno permanente. Poco antes, la FIFA castigó con una multa al jugador inglés Robbie Fowler, por el delito de inscribir en su camiseta una frase de adhesión a la huelga de los obreros de los puertos.
Nuestro amigo, Arturo Santamaría presentará en los próximos días un libro titulado Turismo y Fútbol 2026. Estaremos atentos.
Artículo publicado el 03 de mayo de 2026 en la edición 1214 del semanario Ríodoce.






