Acompañado de su familia, Eghbal (Ebrahim Azizi) llega con su coche averiado al taller de Vahid (Vahid Mobasseri). Inmediatamente, este lo reconoce y aviva el coraje por el tiempo que pasó tras las rejas y aquel era su cruel, brutal e injusto carcelero, por lo que decide vengarse, no sin antes asegurarse de que, efectivamente, se trata de quien piensa.
Para salir de dudas, el mecánico acude a Salar (George Hashemzadeh), quien le recomienda buscar a Shiva (Mariam Afshari), para que corrobore. Ella concuerda, pero, para no errar, pregunta a Golrokh (Hadis Pakbaten), que está en plena sesión de fotos por su boda con su prometido (Majid Panahi), y a Hamid (Mohamad Ali Elyasmehr). Todos coinciden que es él y cuando están a punto de hacerle pagar, a la esposa (Afssaneh Najmabadi) del victimario se le ocurre dar a luz, lo que lleva la reparación del daño, por otro rumbo.
El pretender escribir acerca del trabajo del realizador Jafar Panahi resulta una tarea difícil: su cine es muy particular y hay que ir más allá de sus películas para intentar entender su narrativa, estilo y simbología; hay que adentrarse en su cultura, normas de su país en lo político, religioso, social, de género…; se debe considerar su vida personal para conocer sus razones de filmar y llevar al límite sus posibilidades creativas, que más de una vez han sido censuradas por el gobierno de su nación.
Quizás, habría que priorizar lo que caracteriza a sus cintas, que van y vienen entre la ficción y el documental sin avisar, por lo que es común cuestionar la naturaleza de sus tramas, en las que, algunas veces, el propio director aparece. Los actores no profesionales, los espacios urbanos reales y la luz natural son su debilidad, y eso contribuye a que el espectador se pregunte si lo que está viendo es una recreación o forma parte de la cotidianeidad de Irán. Las mujeres y los infantes son frecuentes en sus historias, en las que acostumbra temas como la represión política y social, la desigualdad entre hombres y mujeres, y la restricción para filmar. Él mismo ha sido censurado y encarcelado por eso.
La ganadora en el Festival de Cannes el año pasado y nominada al Oscar a mejor película internacional y guion original, a los Globos de Oro en mejor película drama, dirección, guion y película de habla no inglesa, lo mismo que en los Goya, BAFTA y otros tantos festivales: Fue solo un accidente (Un simple accidente/2025), es contundente. Si bien, no cabe duda de que se trata de una ficción, la crudeza y fuerza en la historia, desarrollada a partir de un guion impecable, con creíbles actuaciones ejecutadas con maestría extraordinaria, otorgan un realismo que no permite despegar la vista de la pantalla ni un sólo momento. Plantea un dilema moral con toques de humor negro y, aparentemente es simple, pero es crítica, inteligente, valiente, potente, impredecible y angustiante.
Por lo regular así pasa con el cine del discípulo de Abbas Kiarostami, otro de los grandes realizadores iraníes. Ahí están Los osos no existen (2022), Tres rostros (2018), Taxi Teherán (2015), Esto no es una película (2011), Fuera de juego (2006), Crimson Gold (2003), El círculo (2000), El espejo (1997) y El globo blanco (1995), sus otros filmes, también, disponibles en MUBI. Véalos… bajo su propia responsabilidad, como siempre.






