Ismael Zambada García se acerca a su segundo año en una prisión de Estados Unidos y gana un mes de oxígeno en la definición de su sentencia. El aplazamiento de los plazos fatales en el proceso judicial solo indica una cosa, así lo dicen los muchos antecedentes en los juicios contra figuras relevantes del narcotráfico mundial que han procesado los americanos: un acuerdo en marcha.
El famoso juez Brian Cogan, que sentenció al compadre Joaquín el Chapo Guzmán y al Zar antidrogas de Calderón, Genaro García Luna, había puesto el plazo para enero, luego permitió que fuera en abril, y ahora lo pasa para el 18 de mayo.
Los abogados mantienen en los estrados judiciales el mismo argumento, que las condiciones violentas de Sinaloa no les permiten recabar pruebas para la defensa. Hay “dificultades logísticas serias”, dicen, para contactar testigos y familiares. Pero en el fondo todos sabemos que se trata de precisiones que todavía se discuten en el próximo acuerdo. Lo relevante no está en los documentos, sino en las pláticas de las que no queda registro, entre las agencias estadounidenses y los abogados de Zambada García.
La primera vez que se enfrentó al juez, en septiembre de 2024, se dijo inocente. Un año después, en agosto de 2025, volvió a aparecer en la audiencia con el peso de las canas en cabello y barba. Juró decir la verdad y se declaró culpable. Confesó algunos de sus delitos: “Transporté y vendí al menos un millón y medio de kilogramos de cocaína para Estados Unidos”, diría. Pidió perdón por el daño de las drogas y admitió que desde su organización corrompió a policías, militares y políticos. No dio ningún nombre, y en esos nombres podría estar la clave de su eventual acuerdo con los gringos.
Ahora, como entonces, su abogado de cabecera, Frank Pérez, sigue diciendo que su cliente no negociará ningún acuerdo. Sin embargo, las evidencias dicen lo contrario.
El Mayo sigue su defensa, y hasta tiene a su favor el cambio de Fiscal. Pam Bondi declaró en su momento que Zambada moriría en una prisión estadounidense. Solo que ya no le tocará el desenlace, cualquiera que sea, porque Donald Trump la destituyó del cargo.
Entonces, la fecha fatal para un posible desenlace está en mayo. Será en su propio mes cuando el Mayo pueda saber hasta dónde logró estirar un acuerdo. ¿Qué le pedirán a cambio? Es la gran incógnita a resolver. Nada es gratis en la vida, menos con las voraces agencias estadounidenses y su sistema de justicia.
Margen de error
(Sentencia) El Mayo se revuelve en la prisión y Sinaloa sigue revuelto. Desde su secuestro, en julio de 2024, los tambores de guerra no dejan de tronar. El enfrentamiento de los ejércitos de Chapitos y el Mayito Flaco se sostiene después de 18 meses, tan fresco y sangriento como empezó.
Es remoto que la sentencia y el eventual acuerdo del Mayo con la justicia estadounidense, tenga algún impacto favorable en este largo episodio violento en Sinaloa. Como lo dijo en su momento el propio Zambada: desaparece él, lo matan o lo capturan, y el tráfico sigue, nada cambia. Es indiscutible que la forma en que llegó a manos de los americanos terminó por romper esa pax narca que Sinaloa ahora extraña.
Primera cita
(Mirón) Hasta ahora México sigue como el mirón de palo. Se quedó esperando un informe oficial que exigió López Obrador y después Sheinbaum. El juicio del Mayo es completamente distinto a cualquier otro, arrastra una anomalía de origen. No lo envió el gobierno mexicano para ser juzgado allá, y por eso está viciado.
Aunque los americanos lo han negado tres veces como Judas, detrás de la operación de Joaquín Guzmán López y sus hermanos, están los agentes estadounidenses. Ellos participaron de alguna manera en la conspiración para ejecutar el secuestro, más allá de solo estar enterados.
Ahora sí que haiga sido como haiga sido, los Estados Unidos sentaron en el banquillo de los acusados a Ismael Zambada y lo han hecho confesar algunos de sus delitos. México prefiere quedarse solo como un mirón, porque acá no se sigue ningún proceso en contra de la larga carrera delictiva que el Mayo confesó.
Mirilla
(TV) Murió el periodista Gilberto Castro Arenas. El periodismo por televisión en Sinaloa es su historia. Antes, eran periodistas formados en la prensa escrita, intentando hacer televisión, pero sin lograr entenderse con el nuevo lenguaje.
Durante décadas, finales de los 70, 80 y 90 dirigió el espacio informativo de la única televisora local de aquellos años, el Canal 3 —hoy TVP. Son los tiempos en que los noticieros tenían nombre de alguna empresa, el de Castro Arenas se llamó Banpaís (era un banco de entonces).
El incipiente periodismo de televisión era un monopolio. Único canal y una sola voz en los noticieros. Gilberto Castro era como el Jacobo Zabludovski de la televisora nacional. Entendía el juego del poder omnipotente del PRI. Periodismo y poder como uno solo. Siempre maniatados por los negocios de los dueños de los medios, igual en cercanía con el poder. A nivel nacional los Azcárraga, a nivel Sinaloa los Madero.
Gilberto Castro como Zabludovski sufrió el desgaste del tiempo que no perdona. El país se abría políticamente y aquel periodismo se veía más viejo de lo que era.
En aquella redacción de Canal 3 coincidí con él. Yo iniciaba en una televisión que aún era el medio estelar. Él ya estaba en el cierre de una larga carrera.
Castro me mandó a reportear por todo Sinaloa. Por él conozco muchos rincones y a pesar de las tantas y diarias diferencias, terminaba por respetar discrepancias y nuevos tiempos. Su archivo conformado por unos casetes VHS era un tesoro, que reinterpretado daba mucho para comprender el ejercicio del poder con Alfonso G. Calderón, Toledo Corro, Labastida, la guerra sucia, las madres buscadoras…(PUNTO)
Artículo publicado el 12 de abril de 2026 en la edición 1211 del semanario Ríodoce.





