La construcción en Mazatlán: entre torres detenidas y empleo incierto

La construcción en Mazatlán: entre torres detenidas y empleo incierto

La detención de obras en Mazatlán ha dejado a trabajadores de la construcción entre recortes e incertidumbre

 

 

Pasadas las cinco de la tarde, la luz del día se desvanece y, sobre la avenida Sábalo-Cerritos, en Mazatlán, la puesta de sol proyecta sombras alargadas de las estructuras de edificios que apenas se erigen. A la orilla de la vialidad, los trabajadores que levantaron dichas obras se dirigen a sus casas.

Ya sea en camiones de redilas que los trasladan hacia un punto más cercano de esta parte extrema de la ciudad, o a la espera de un camión que puede tardar varios minutos, los obreros han terminado su jornada laboral de ocho horas, en subir andamios, cortar varilla y cargar grava y arena en estructuras de más de diez pisos.

Estos hombres han visto el crecimiento del puerto, pero también la detención de obras en los últimos años y el recorte de personal.

José Francisco, de 24 años, es chalán y tiene cinco años en la construcción. Empezó, como muchos, en obras pequeñas: casas de uno o dos pisos, donde se trabaja únicamente con el “maistro”, algo muy distinto a la variedad de hombres y caracteres con los que convive ahora.

Un año después dio el salto a obras de mayor escala. La obra en la que labora lleva cuatro años en construcción; comenta que a veces se detiene y luego se reanuda. Hace cinco meses trabajaba con 25 hombres; hoy quedan menos de la mitad. La explicación que les dieron fue que el trabajo se terminó por falta de recursos.

Es común, dice, que a los trabajadores simplemente les informen que el trabajo se terminó, lo que genera incertidumbre.

“Ahorita agradezco que tengo trabajo, pero de repente si nos salen con que no hay trabajo y sí nos da como que cosa y ¿dónde vamos a conseguir trabajo?”.

Esa misma pregunta se la hizo Gibrán Gallegos, de 36 años, hace un año. De albañil, ahora labora en un edificio dentro de otro complejo. La obra anterior se detuvo y comenzó el recorte de personal. Ante esa situación, acudió a otro proyecto donde le ofrecieron su nuevo puesto.

En el edificio anterior no le dieron explicaciones, ni tampoco las buscó. Es muy común, dice, que el personal sea recortado porque la obra se cancela, se termina el presupuesto o concluye una etapa, y el empleo simplemente termina.

“Estoy consciente que así es la obra. A mí desde que empecé a trabajar me dijeron, las personas que tenían más años en ese ambiente, ‘hay que guardar porque luego vienen las vacas flacas, en cualquier momento se puede acabar’, entonces tienes que tener tu colchoncito para poder amenizar la situación”.

Gallegos comenta que sus compañeros hablan sobre la parálisis de obras, aunque no podría afirmarlo con certeza. Aun así, recuerda cuando lo despidieron de la torre.

 

Una realidad en la estadística

Lo que relatan los trabajadores coincide con datos oficiales. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, el sector de la construcción en Sinaloa perdió más de 21 mil empleos en la comparativa entre el cuarto trimestre del 2024 y 2025, al pasar de 137 mil a 116 mil personas ocupadas, lo que lo convirtió en la actividad con mayor caída en la entidad.

Mientras que en el escenario de Mazatlán, las circunstancias coinciden con estimaciones previas de especialistas, como Luis Pérez Castro, presidente de la Federación de Colegios de Peritos Valuadores de Sinaloa, quien advertía que más de la mitad de las torres en construcción en la ciudad presentaban algún tipo de pausa.

Candelario, de 56 años, apunta a un edificio a sus espaldas. Comenta que ese complejo tiene ya un par de años sin terminarse. De vez en cuando llegan trabajadores, laboran un tiempo y luego se van. Es oficial de albañilería y trabaja en un condominio de nueve pisos.

Afirma haber visto cómo las obras se han detenido o han recortado personal por falta de dinero. Hay proyectos, dice, que operan con apenas diez o incluso cinco personas para administrar los recursos.

“La semana pasada teníamos 15 oficiales a destajo y los tuvieron que despedir porque se acabó el trabajo, entonces no terminaron al cien lo que deberían de terminar. Como no hubo dinero, mejor los despidieron. Que hasta nuevo aviso, hasta el mes a ver si hay dinero, eso es lo que dice el patrón”.

En la obra en la que se encuentra actualmente trabajan entre cinco y seis obreros, una cantidad que considera insuficiente para rendir como debería.

“Tengo dos años que está muy crítica la cosa para conseguir este trabajo, de años para acá y se está batallando para conseguir trabajo. Gracias a Dios yo tengo este estable por el día, mucha gente está batallando, todas las obras están casi semiparadas, todos negocios y batallan mucho”.

A veces, la falta de recursos también se refleja en los sueldos de los albañiles.

“A veces sí nos dice (el patrón): ‘sabes qué, no me alcanza el dinero para pagarles lo que les estoy pagando, voy a bajarles un poquito hasta que se acomoda, ya los vuelvo a acomodar’. Tratan con uno y uno decide si se queda o no se queda y sigue con el patrón”.

José Francisco gana tres mil pesos semanales, el mejor sueldo que ha tenido desde que trabaja en la obra. Considera que, al no estar tan presionado, su ingreso es justo.

Sin embargo, entre él y Candelario hay más de 30 años de diferencia, y para quien tiene más tiempo en el oficio, el salario actual está lejos de ser suficiente. Candelario gana cuatro mil 200 pesos y trabaja en alturas, pero asegura que antes existían pagos adicionales, los cuales han desaparecido.

“Antes así no era, uno llegaba a trabajar y tanto te voy a pagar y esto otro porque se paga sobre altura, el piso, pero un poquito más, pero no, ahora solo se paga un solo precio”.

“No lo considero justo —dice Candelario—  porque ahorita ya están muy altas las cosas: está muy caro para comer, los camiones, la luz, el agua. No le alcanza a uno para nada; en realidad queda uno casi a tablas”.

Artículo publicado el 05 de abril de 2026 en la edición 1210 del semanario Ríodoce.

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