El Partido del Trabajo enseña el cobre

El Partido del Trabajo enseña el cobre

El PT siempre me pareció un partido oportunista. Fue fundado en 1990, en pleno auge del salinismo y se le relacionó desde aquellos años con el hermano del presidente, Raúl Salinas. Tal vez por eso. Y porque con los años no tuvo otro dirigente nacional que no fuera Alberto Anaya Gutiérrez, líder de uno de los núcleos más importantes que participaron en su fundación, el Frente Popular Tierra y Libertad, que tenía su principal fortaleza en Monterrey, Nuevo León, ligado a las luchas populares.

Anaya fue diputado federal (1987-1989) por el Partido Mexicano Socialista, que se integró al Frente Democrático en las elecciones de 1988, Cuauhtémoc Cárdenas como candidato presidencial. Venía de la izquierda, sin duda, y se mantuvo en esa línea, pero sucumbió pronto “a los perfumes caros y a la vida alfombrada”, como dice un amigo que le conoció de joven.

Anaya asumió la dirigencia del partido desde que fue fundado y no la ha soltado. Ni para qué tomarse la molestia de ver qué dicen los estatutos del partido; lo cierto es que tiene 35 años dirigiendo al PT, más de los que estuvo Porfirio Díaz en la presidencia de México. Y ha brincado de la Cámara de Diputados al Senado de la República —y del Senado a la Cámara— todo este tiempo, siempre por la vía plurinominal. Ahora es senador por tercera ocasión y ha sido diputado federal cuatro veces. De qué tamaño es su fortuna es imposible saberlo, pero solo en las elecciones presidenciales del 2024, el PT recibió en prerrogativas 507 millones de pesos: solo en 2024.

Su partido se ha aliado en las elecciones federales siempre con los partidos de izquierda, el PRD y después con Morena, pero no ha tenido empacho en vender caro su amor siempre pensando en incrementar su presencia en las cámaras y en los estados, con diputados locales y regidores, sobre todo.

¿Ha sido un aliado incondicional? No, nunca, y lo acaba de demostrar la semana pasada cuando, a pesar de expresar el apoyo a la presidenta de la república, que envió el llamado Plan B de la reforma electoral, el PT la boicoteó, logrando, con el apoyo del PRI, del PAN y de Movimiento Ciudadano, quitar de la propuesta de Claudia Sheinbaum un artículo que pretendía llevar a cabo la revocación de mandato en las elecciones de 2027. Anaya se desvivió en elogios hacia la presidenta y hacia la cuarta transformación, pero reventó la reforma. Muy de izquierda, pero al discutirse el dictamen votó de la mano del PRI, del PAN y de MC. Muy “compañera presidenta”, como le dice el senador petista Noroña, pero le dieron palo a la propuesta.

Otro: pese a sus posturas radicales contra el PRIAN, contra los privilegios y las elites del país, Noroña igual se convirtió de la noche a la mañana en todo aquello que había combatido, la vida “fifí”, viajes y tiendas de lujo, casas millonarias de descanso…

El PT es una excrecencia que en 2015 estuvo a punto de perder el registro, anunciado ya por el INE y echado abajo por el tribunal electoral en medio de una férrea lucha legal y negociaciones que al final le dieron el 3 por ciento de los votos que necesitaba. Logró sacar la cabeza y luego se montó en el proyecto de Morena, siempre de la mano de Andrés Manuel López Obrador, que los hizo crecer desorbitadamente en las cámaras y en los congresos locales y municipios.

Y aquí está una de las claves de la posición que ahora adoptaron frente a la presidenta Sheinbaum: sus lealtades no están con ella, sino con el hombre que “descansa” en su finca amurallada de Palenque, no con la llamada cuarta transformación —que termina siendo para ellos una mera abstracción discursiva—sino con el fundador de Morena.

No se sabe si con esta actitud el PT vaya a mantenerse como “aliado” de Morena. Pese a que su política de alianzas ha privilegiado siempre los acuerdos con la izquierda, el PT las ha establecido con el PRI en algunos estados cuando así le ha convenido. Y es seguro que, si para el 27 va junto con el partido en el poder en los acuerdos nacionales, en los estados jueguen estrictamente para sí mismos, no para el “proyecto”, ni para el “segundo piso”, no por la “patria”, esa otra abstracción que tanto esgrimen todos cuando les conviene: para ellos, para sus privilegios, para Alberto Anaya.

Bola y cadena

HABRÁ QUE VER, POR ESO, LO QUE ocurra en Sinaloa, si Morena va o no con sus aliados… Ya el Verde lanzó una carta, el diputado Ricardo Madrid, quien era priista, fue pieza clave en el gobierno de Quirino Ordaz —quien llegó a la gubernatura con las siglas del Verde—y luego se pasó al PVEM. Es una pieza de nuestro embajador en España, otro que no desperdició la mínima oportunidad para montarse en el poder, sin prurito alguno. ¿Ocuparía Morena al PT? Para nada, pero lo que ocurra será resultado de las negociaciones nacionales.

Sentido contrario

EN LAS ÚLTIMAS SEMANAS SE HAN estado presentando hechos ligados a lo que podrían ser secuestros —privación ilegal de la libertad para exigir un rescate—o “levantones” para amedrentar a los afectados con el fin de que no apoyen económicamente a un grupo: los levantan, les advierten y los sueltan. Los dos casos tendrían una sola raíz: la escasez del dinero. La guerra los ha desgastado y ocupan recursos para seguir peleando.

Humo negro

ESTA SEMANA SIEMPRE ES PARA descansar, estar con la familia, pensar un poco, leer, tomar y comer sin consideración o con ella. Hágalo como quiera, pero disfrútelo.

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