Culichis abandonan la ciudad por la violencia y en Guadalajara les toca estar en medio de la ola violenta por la muerte del ‘Mencho’
La maestra Nancy recuerda que un día la rebasó una camioneta sospechosa y cuando llegó a su casa escucharon disparos. Otro día, oyó balaceras porque destruyeron todas las cámaras de seguridad de la ciudad. La familia se asustó a tal grado que terminaron ella y su esposo junto con sus hijos, tirados en el piso. Ese fue el detonante para decidir que no podían seguir viviendo así en Culiacán.
La familia hizo una lista de pros y contras. Los hijos adolescentes ya estaban cansados del encierro. Como madre, Nancy —a quien se le cambió su nombre para proteger su identidad y recoger su testimonio— temía salir a la calle por cualquier circunstancia y que algo pudiera pasar. Llevaba a sus hijos al gimnasio y los esperaba, a pesar de que estaba a media cuadra de su casa.
Empezaron a revisar cómo podían irse toda la familia de Culiacán. Hicieron el balance económico para escoger dónde y se decidieron por Guadalajara, aunque en el fondo sabían que no era la ciudad más pacífica, pero era un lugar adecuado por las edades escolares de los hijos, uno por entrar a la universidad y otro a punto de salir.
Los primeros en trasladarse fueron el padre junto a los hijos, y la última en irse fue Nancy, porque le costó mucho dejar su trabajo en una institución escolar privada de prestigio en la que había trabajado 15 años como maestra de secundaria.
Los primeros días en Guadalajara se fueron a vivir a casa de una hermana, y tomaron la decisión de cambiarse en definitiva a esa ciudad porque se sentían más seguros que en Culiacán. Podían salir a la calle en la tarde y en la noche, con la libertad que en Culiacán ya no tenían.
Como familia llevaban 21 años viviendo en Culiacán. La profesora cuenta que tenía en la capital sinaloense lo que ella llama la casa de sus sueños, en donde siempre planeó se casarían sus hijos y llegarían a visitarla sus nietos. Ahora esa casa está vacía, sin poder rentarla.
En sus cuentas, estaba el plan de rentar la casa de Culiacán y con esos recursos pagar la renta en la de Guadalajara. Ahora, los números no están saliendo, la economía familiar está muy estrecha, porque su esposo no cuenta con los ingresos que tenía en el ramo de construcción de casas inteligentes; ella no ha logrado conseguir un trabajo estable como docente, como el que tenía, apenas está cubriendo en forma eventual una suplencia en una primaria. Más que pensar en hacer planes, su prioridad actual es cómo sobrevivir.

La ironía…
Los hechos violentos que se desataron el domingo 22 de febrero, tras la captura de Rubén Oseguera, el Mencho, fueron vividos por la familia con coraje e impotencia, al pensar que venían a un lugar en busca de tranquilidad.
“Toda la gente que me pregunta, cómo estoy, pues es que esta historia ya me la sé”, y lo relaciona con el Culiacanazo por el ambiente que vivieron ese domingo. “Era la repetición de una película que yo ya me sabía de memoria”, lamenta.
Uno de sus hijos se había ido a trabajar a una plaza muy cerca de donde viven y a la hora fueron por él porque iban a cerrar. Les llamó mucho la atención que la gente corría por todos lados llenos de pánico porque no habían vivido una situación así.
La maestra Nancy está triste y decepcionada porque tiene la certeza que en ningún lugar están totalmente libres ni seguros. Es el sabor que le queda.
—¿Cómo ve la similitudes o diferencias de las actitudes de los gobiernos en comparación con Sinaloa?
—La verdad se me hizo mucho más empático. En Sinaloa sale el gobierno a decir que todo está bien, que todo está tranquilo, que no pasa nada, sobre todo al principio que decía; salgan, son movimientos aislados, cuando sabíamos que eso no era cierto. Tan no es así, cuando luego de 500 y pico días, siguen pasando cosas graves todos los días.
A la profesora le sobrepasa la actitud del gobierno estatal de Sinaloa que minimice lo que está pasando y crea que la gente no se da cuenta.
Nancy confía que las cosas paren definitivamente en Guadalajara porque los hechos se registraron por el abatimiento de uno de los líderes de un grupo delictivo, mientras en Culiacán hay mucho desconocimiento y la violencia se ha ido multiplicando con el robo de casas, autos, asaltos por el enfrentamiento de dos grupos en pugna. Pese a todo, cree que las cosas están un poco mejor en seguridad en la capital tapatía que en Culiacán.
“Me parece muy complicado nuestro futuro, estamos a tientas, como a ciegas, reaccionando a cada situación y sin poder planear una vida, como deberíamos planearla, tranquila, pensarla a qué te vas a dedicar cuando seas grande, cuántos hijos vas a tener, en dónde quieres vivir. Tenemos que estar reaccionando ante situaciones que son totalmente sorpresivas, se me hace un futuro muy incierto.
“Esta decisión que tomamos no estaba para nada planeada en mi vida futura. Siento que muchos mexicanos vamos a estar viviendo o migrando hacia otros lugares, ya no sé si a otro país, porque ahorita donde nos pongamos estamos en riesgo”.
—Si tuviera la oportunidad de tener enfrente al gobernador de Sinaloa o la presidenta Claudia Sheinbaum, ¿qué le diría?
—A Rocha Moya yo creo que nada.
—¿Por qué?
—Porque siento que es una persona que no tiene la capacidad de escuchar. A la presidenta le preguntaría si no le duele lo que está pasando, si no puede hacer nada, si no sabe hacer nada o no la dejan hacer nada. Le diría que la mayoría de los mexicanos la estamos pasando muy mal por la situación de violencia que hay en el país.
Artículo publicado el 01 de marzo de 2026 en la edición 1205 del semanario Ríodoce.







