No es que lo haya dicho The Wall Street Journal, es lo que los medios nacionales interpretaron, incluso los afines a la 4T. No es que el gobierno norteamericano, concretamente Donald Trump, esté exigiendo cabezas morenistas relacionadas con el narcotráfico. Es lo que los morenistas piensan que Trump le está pidiendo a la presidenta y que los mantiene literalmente apanicados. Hay una lógica en ello o al menos un cierto sentido común, por eso el miedo.
Lo que en realidad publicó el WSJ es que funcionarios mexicanos han discutido qué hacer si Estados Unidos pide la cabeza de algún político, un gobernador y Claudia no puede o no quiere aceptar el pedido… o si decide pensarlo o consultarlo. Les preocupa que suban tensiones que pudieran desencadenar alguna acción belicosa de Estados Unidos.
Pero ya hasta circulan versiones que afirman —Loret dixit—, con “fuentes del palacio nacional”, que al primero que se llevarían es al gobernador Rubén Rocha. Y que hasta se está pactando ya con el PRI para que apoye la reforma electoral a cambio de dejarles la gubernatura de Sinaloa en 2027; que Morena se haga pato y los deje ganar. Como si esto dependiera solo de una decisión presidencial o, peor, de los ánimos de Trump; como si los morenistas no existieran, como si los electores fueran a ese nivel de manipulables.
El tema de las presiones del gobierno norteamericano a México seguirá ocupando las primeras planas de los diarios y los noticieros allá y acá. Sobre todo a nivel de la comentocracia. Allá los medios son, en muchos temas, instrumentos de presión hacia el gobierno, o acompañantes del gobierno según el caso; qué debiera hacer, cómo debiera actuar en determinado asunto. México, por supuesto, está dentro de las prioridades de esos medios. Y esa es la razón por la que cada cosa que dice la gran prensa norteamericana es de inmediato replicada en México por nuestros medios.
Pero justamente por eso hay que tomar con mucha cautela todo lo que publican, en qué sentido va, qué plantean, qué proponen en sus editoriales. Porque tienen intereses y muchas veces esos intereses están por encima del profesionalismo, de la imparcialidad, de la objetividad. Sus espacios se nutren de información recabada por sus reporteros, sus corresponsales, pero también con el trabajo de periodistas independientes que nunca tienen el control de los enfoques.
Hasta ahora la presidenta Claudia Sheinbaum, por lo que ella misma ha dicho, ha manejado con cierta sobriedad las tensiones surgidas a partir de la captura de Nicolás Maduro y el mensaje que pudiera significar para México. De su conversación con el presidente Donal Trump ha reconocido que le ha solicitado acceda a incrementar la presencia de agentes de la DEA y hasta de la CIA, incluso de militares, y que ella se ha negado (igual si acepta que Estados Unidos incremente el número de agentes no lo va a decir porque se supone estarían trabajando en las sombras como casi siempre lo han hecho). Hay que recordar que son los mismos agentes los que hablan y escriben sobre su presencia en operativos tan importantes como los que llevaron a la captura del Chapo Guzmán en 2014; uno de ellos, Andrew Hogan, hasta un libro hizo.
Sobre las posibilidades de que Trump esté pidiendo la cabeza de alguien en específico son remotas; no es así como opera el gobierno norteamericano cuando se trata de la clase política. La importancia de su relación con México en estos temas va mucho más allá de lo que podría significar para ellos un gobernador, un diputado federal, un senador… un general.
Lo que a estas alturas no tiene discusión es que, gracias a la presión de los Estados Unidos, el gobierno mexicano tuvo que intensificar su lucha contra los cárteles de la droga, mismos que durante los seis años de la administración de AMLO, gracias a su política de “abrazos no balazos”, se armaron hasta los dientes, acumularon dinero en niveles exorbitantes, reclutaron y entrenaron —y siguen entrenando— a hombres y mujeres y se extendieron a prácticamente todo el país. Eso se lo debemos a una visión que no tuvo el fundador de Morena —y si la tuvo le sacó—, pero también a la presión gringa, nos guste o no.
Bola y cadena
POR LO QUE RESPECTA A ROCHA, escribí en agosto de 2024 que una de sus desventajas, en un escenario más complicado de las relaciones entre México y Estados Unidos, donde el gobierno de este país impusiera sus condiciones como lo ha hecho siempre, sería que el hilo se rompe por lo más delgado. “No vaya a convertirse de pronto en una pieza sacrificable para la 4T y para la próxima presidenta”.
Sentido contrario
DESPUÉS DE ESTO, EL GOBERNADOR tuvo su peor crisis cuando la guerra se empezó a llevar niños, hombres y mujeres que quedaban en el fuego cruzado de los narcos. Cuando la sociedad se volcó airada a las calles exigiendo paz y justicia e irrumpió en el palacio de gobierno causando destrozos, el gobierno federal llegó a preguntarse qué tan conveniente era mantenerlo en el cargo. Y lo sostuvo. Y, contrario a lo que muchos “analistas” auguraban, lo arropó.
Humo negro
Y HABLANDO DE ROCHA, EL GOBERNADOR se ha quejado de que durante las administraciones de Malova y Quirino Ordaz se registraron anomalías en el manejo de fondos que produjeron sanciones de la Secretaría de Hacienda y lo obligaron a endeudarse. En el último año el Congreso del Estado le autorizó créditos por 4 mil 500 millones de pesos. Las preguntas son ¿qué acciones concretas va a tomar para sancionar esas anomalías? ¿A qué instancia le pasará el tema? ¿Hay delitos que ameriten sanciones penales? ¿Se atreverá a denunciarlos? ¿O va a estirar el manto de impunidad para que también a él lo proteja cuando deje el poder?
Artículo publicado el 18 de enero de 2026 en la edición 1199 del semanario Ríodoce.






