A Morena le han crecido los enanos. Los Partidos del Trabajo y Verde, pequeños antes de su conveniente alianza con el movimiento de AMLO hace una década, desde antes de llegar a la presidencia, son clave para la pretensión de reforma electoral de la 4T.
Hasta ahora han ido juntos en todas, sin ninguna queja. Han cerrado filas en un proyecto donde ellos no son protagonistas sino Morena. Se van ajustando a las propuestas de López Obrador en su tiempo, y luego de Claudia Sheinbaum.
Por supuesto que no es gratis, ni podrían quejarse de ninguna manera: pasaron de apenas mantenerse en el umbral del 3 por ciento para conservar el registro, a crecer a dimensiones que le disputan el lugar a quienes antes eran grandes.
Aliados en todo, sí, mientras no se tratara de dinero público y posiciones de poder. Ahora podría haber un impacto directo a sus intereses como partido con la reforma electoral, en dos temas que insiste la Presidenta Claudia Sheinbaum: la reducción de recursos públicos por la vía de las prerrogativas y la eliminación o disminución de curules en los congresos y sillas en regidurías por la vía de representación proporcional. Lo demás, es lo de menos.
Aún no se define con claridad el calado de la reforma, pero la llamarada arde en todo México, porque se ha vuelto nuestra especialidad andar en el pantanoso terreno de las especulaciones. Las extremas especulaciones en que navega este país desde 2018 con el arribo al poder de López Obrador.
Para los detractores es un paso más al autoritarismo (el fantasma con que un grupo de poderosos ha asustado a todos desde hace veinte años), dicen que la 4T escogió el peor momento para discutir una reforma electoral cuando están otras prioridades como el crecimiento económico o las amenazas de Estados Unidos. Es inoportuno, pues, hablar de las reglas para la repartición del poder público. Del lado de quienes presentarán la propuesta, en el gobierno, han sido cautelosos, no abren sus cartas. Incluso la Presidenta declara que hay muchas críticas cuando ni siquiera se sabe en qué términos presentarán la reforma.
No es un tema menor. Definir las reglas del juego es clave para la disputa del poder. Porque podrá no interesar a la mayoría de los ciudadanos, pero para los actores políticos ese es el tema, el de mayor importancia porque pega en los intereses de todos ellos. Necesitan dinero y espacios de poder.
Por eso se vuelven clave dos actores ninguneados, pero que en momentos de una reforma constitucional sus votos son los que definen el fiel de la balanza. Sí y solo sí, son los votos del Verde y del Trabajo, los necesarios para la pretensión presidencial en la eventual reforma constitucional, que implicará la modificación en las reglas del juego democrático de este país.
Margen de error
(Crecer) El Verde y el del Trabajo han crecido como nunca en la era AMLO, de 2015 hasta hoy. Arrebatando votos a los que antes de esta hecatombe eran los partidos tradicionales (PRI-PAN-PRD), se han convertido de enanos a medianos. Sus alianzas anteriores les habían permitido sobrevivir, pero ahora han crecido.
Más votos es más dinero. Las normas vigentes para el juego democrático premian a los partidos que tienen las preferencias ciudadanas, y convierte cada voto en dinero. Así es como el Verde y el del Trabajo han duplicado la cantidad de dinero de la que disponían hace 10 años, y eso es lo que buscan conservar. Si ellos ganaron, PAN y PRI perdieron dinero, y esta reforma podría quitarles aun más, y por supuesto que eso no quieren.
Primera cita
(Oportunidad) Fallan quienes piensan que es inoportuna la reforma electoral. Al menos no lo es desde el criterio de quienes ahora ejercen el poder. Morena sabe que no pueden esperar, porque es ahora cuando tiene la posibilidad de convencer a sus aliados de una reforma electoral que pudiera garantizarles transitar sin obstáculos mayores en cualquier acción de gobierno.
Si se esperan corren el riesgo de que en la elección intermedia empiecen a perder los espacios que la elección de 2024 les otorgó. Por ahora Morena y sus aliados tienen la mayoría de las gubernaturas en el país junto al poder legislativo de ellas.
La oportunidad es ahora, pero definitivamente costará caro el voto de los dos partidos que necesita para esta reforma, los del Trabajo y los del Verde. Los necesitó antes también, pero ese acompañamiento estaba implícito en la alianza, ahora no está implicito ese apoyo. Lo dijo muy bien el diputado del PT: no nos vamos a dar un balazo en el pie.
Mirilla
(Reforma) La Presidenta insiste en dos de los 100 compromisos que hizo al asumir el poder: el 10 y el 11 son una Reforma electoral y la no reelección en puestos de elección popular. El compromiso 10 es bastante vago, una reforma electoral puede ser regresiva o de avance, y el de la no reelección tiene muchos detractores.
Estas semanas serán de definición con respecto a una alianza que le ha permitido a la 4T transitar sin tantas dificultades en el ejercicio del poder y en las reformas que implica.
De aquí en adelante se verá si esos enanos del PT y el Verde engrandecen realmente y dejan de ver sus propios intereses y abandonan la administración de su pequeñez. O, por otro lado se muestran como lo que son. Cualquiera que sea el resultado podremos ver al desnudo la cara de cada uno de los partidos. Es en estas reformas, donde se trata de repartir el dinero, donde todo mundo se revela (PUNTO)
Artículo publicado el 18 de enero de 2026 en la edición 1199 del semanario Ríodoce.






