Carta de Óscar a Martha Salazar

Carta de Óscar a Martha Salazar

La clausura de la Segunda Muestra Regional de Teatro del Noroeste, celebrada en Culiacán, Sinaloa, en mayo de 1986, organizada por la Universidad Autónoma de Sinaloa, cerró con la presentación del espectáculo La prisión de la fantasía, donde Martha Salazar hacía el rol de Sor Juana Inés de la Cruz. Al finalizar la institución le hizo un reconocimiento por sus treinta años de labor escénica, entregado por el entonces Rector Audómar Ahumada Quintero, Óscar Liera escribió y leyó un texto donde expresaba toda su admiración y gratitud a la actriz sinaloense:

 

Conocí a Martha Salazar en 1971. Todavía era yo un estudiante de teatro en la Escuela de Arte Teatral del INBA en la Ciudad de México. Ya para entonces había pasado el trago amargo del 68; del octubre del saldo rojo; del octubre que no olvidamos, el de la cuenta pendiente, y estaba también muy reciente la herida del casco de Santo Tomás; del Junio loco del setenta y uno. Yo estaba resquebrajado, también yo estaba salpicado de sangre y aturdido de balas. Eran muchos los crímenes y las infamias. Yo había llegado a Culiacán y quería hacer teatro con gente de esta ciudad. Conocí a Martha Salazar en 1946, cuando en un día de diciembre descubrí la luz y me dejé encantar. Decidimos trabajar juntos, quizá, sin saberlo, para siempre. Nuestro primer montaje fue El hombre contra el hombre; el peor enemigo del hombre es el mismo hombre y estrenamos esta obra en el teatro del Seguro Social, del cual, luego, después de trabajar allí por más de diez años, Murrieta y Toledo Corro en un acto de la peor de las barbaries, nos echaron a la calle. Conocí a Martha Salazar en 1954 cuando aprendí las primeras letras en la escuela. Los crímenes en Sinaloa seguían en los campos El Realito, el Tajito; los surcos día con día amanecían ensangrentados, por eso hicimos Cánticos de la muerte y le dedicamos el espectáculo a los soldados; ahí hablábamos de la injusticia, Martha a sí misma se representaba en Martha. La ola de violencia nos hizo representar de una manera propia Bodas de sangre; hicimos las noches de los asesinos y seguíamos hablando del desorden de los malos. Hicimos El Gordo; Las Ubarry, La pesadilla de una noche de verano, hicimos Orfeo, hemos hecho juntos recitales de poesía, lecturas, representaciones y representaciones de teatro.

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Conocí a Martha Salazar en 1984 cuando, como Adela, esa mujer extraña, se veía encarnada por Martha en una actuación delirante, la Adela de El jinete de la divina providencia, personaje con el cual ella ha conquistado al público y la crítica más exigente del país y del extranjero. Conocí a Martha Salazar esta noche, después de esta función de Sor Juana. En cada obra, en cada función redescubro a esta mujer extraña que se llama Martha. La conozco cada vez más y más en cada creación, en cada función que hacemos juntos y nunca acabaré de conocerla porque en cada obra, ya de Cuca, ya de Martha, de Adela, La parca, la Madre, Marina o Sor Juana Inés, siempre habrá otra cara de las mil Marthas, otra Martha de las mil almas y es que el teatro es para Martha lo que para el pez el agua.

*Artículo publicado en El Sol de Sinaloa 9 de mayo de 1986.

 

Artículo publicado en la edición 19 del suplemento cultural Barco de Papel del semanario Ríodoce.

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