Culiacán, un destino que nadie elige

Culiacán, un destino que nadie elige

En la capital de Sinaloa, los hoteles y moteles viven una crisis interminable, derivado de la violencia, que ha llevado al cierre de establecimientos y recortes de personal

 

 

En pleno centro de Culiacán, el edificio del hotel Ramada se levanta hoy como un elefante blanco. Cerrado desde hace más de un año a causa de la violencia, su fachada inmóvil es una evidencia tangible de la crisis que atraviesa el sector hotelero en la ciudad. Con algunos establecimientos ya clausurados y otros operando apenas a una fracción de su capacidad, Culiacán resiente las consecuencias de haberse convertido en escenario de una guerra altamente mediática, que le ha impuesto la etiqueta de “destino peligroso”.

“Tiene más de un año que está cerrado”, relata Alejandro, un amable empleado impecablemente uniformado para no atender a nadie. “Cuando empezó lo de la violencia, cerraron aquí y como es la misma empresa la que opera, se está concentrando todo en el otro hotel, en el Ejecutivo. Aquí sólo mantenemos las instalaciones en buen estado para cuando se decida abrir operaciones de nuevo”, explica.

La historia del Ramada no es una excepción. Es parte de un patrón que se repite en distintos puntos de la ciudad. El presidente de la Asociación de Hoteles y Moteles de Culiacán, José Manuel de las Rivas, advierte que el sector atraviesa por un estado crítico derivado de la inseguridad, y sostiene que es imperativo que el gobierno recupere el control y restablezca el estado de derecho.

El empresario señala que, además del cierre de varios hoteles y moteles, los establecimientos que continúan operando lo hacen apenas a una fracción de su capacidad, con pisos completos cerrados y recortes de personal. Explica que la violencia generada por la disputa interna entre dos facciones del Cártel de Sinaloa ha dañado la imagen de Culiacán a tal punto que, en muchos lugares, se le percibe como una zona de guerra.

“El panorama está muy mal, y lo peor es que no tiene para cuándo cambiar. Mientras no se combata de manera eficiente el tema de seguridad, tendremos pocas posibilidades de salir adelante, porque la gente tiene miedo. Imagínate: ¿cómo estará el turismo en la Franja de Gaza? Es la misma historia; si hablan mal de un sitio, no vas, y si puedes evitarlo, lo evitas”, señala.

Añade que actualmente solo llegan a Culiacán quienes no tienen alternativa. “El que viene ahorita es porque tiene que venir; quién puede evitarlo, lo evita. Clientes que hemos tenido por años prefieren ahora hacer teleconferencias para no venir a la ciudad”, afirma De las Rivas.

 

Les recomendamos no salir de noche

El deterioro de la imagen de la ciudad no ocurre en el vacío. En los primeros siete meses de 2025, Sinaloa acumuló más homicidios dolosos que en todo 2024, con más de mil 050 casos oficialmente. Para el cierre de noviembre, la cifra ha superado los mil 400. El pasado 2 de diciembre, un hombre fue asesinado sobre la avenida Álvaro Obregón mientras conducía un camión de una empresa de paquetería. El vehículo terminó estrellado contra una fuente, justo frente a la puerta principal del Ayuntamiento de Culiacán. La imagen dio la vuelta al mundo.

En la ciudad, el impacto es cotidiano. No es un secreto para nadie: Culiacán se recoge temprano y las calles quedan desiertas desde las primeras horas de la noche. Mientras cientos de patrullas, muchas de ellas artilladas del Ejército Mexicano, la Guardia Nacional y distintas corporaciones policiacas tiñen la ciudad de luces rojas y azules, los ciudadanos saben que lo mejor es quedarse en casa.

Ese acuerdo tácito se ha normalizado, y también alcanza a quienes aún intentan sostener la actividad turística. Así lo entiende Rocío, recepcionista del hotel Wyndham Ejecutivo, la misma empresa que operaba el Ramada y que decidió cerrarlo por completo para concentrar su operación en un solo establecimiento.

“Ha habido altas y bajas, aquí la verdad ha ayudado que se han hospedado elementos de la policía federal, y ahora que inició la temporada recibimos a algunos equipos de la Liga Mexicana del Pacífico, pero sí ha sido un año muy difícil”, asegura.

“Los visitantes sí preguntan y está difícil, si quienes vivimos aquí tenemos miedo, imagínate quien viene de fuera. Tratamos de aconsejarlos, y debemos decirles que tomen precauciones como no salir de noche, o no alejarse demasiado del centro de la ciudad”.

 

Nadie elige venir a Culiacán

Manuel de las Rivas, presidente de la Asociación de Hoteles y Moteles de Culiacán y dueño del Hotel San Marcos, advierte que la situación es tan grave que temen repetir el caso de Tampico, donde la violencia desplomó la industria hotelera y, más de 10 años después, no logra recuperarse.

“Estamos con el agua hasta el cuello y no vemos la luz al final del túnel”, asegura el dirigente, quien critica la falta de apoyo de los tres niveles de gobierno. Dice que el sector enfrenta la crisis prácticamente solo, sin subsidios ni programas de alivio.

“El escenario más grave es que los hoteles cierren, con la consecuente pérdida de empleos. Además de la nómina, tenemos encima impuestos y servicios, y no hemos visto voluntad política en ningún nivel de gobierno para diferir pagos o conceder exenciones en un momento tan complicado. No han sido empáticos; han sido implacables”, sostiene.

Enfatiza que la salida no está en proyectos, créditos o apoyos, sino en garantizar seguridad y paz a la ciudadanía. Pero para ello las autoridades deben reconocer primero la magnitud de la crisis.

“Hay que restablecer el estado de derecho. No hay. El Estado nos está fallando totalmente. Para lograrlo, necesitamos aceptar que estamos mal, pero existe una continua negación de la autoridad, que insiste en que todo está bien. No podemos construir si no entendemos dónde estamos parados. Ese es el primer paso. La gente no elige venir a Culiacán como destino; quienes vienen lo hacen obligados”, sentencia.

 

La ciudad que se observa

Felipe Velázquez, de 73 años, llegó a Culiacán para realizar algunos trámites y asistir al cumpleaños de una de sus hermanas. Se hospedó en un hotel del centro y admite sentirse intranquilo en una ciudad que solía disfrutar.

“Viene uno porque tiene que venir para acá, pero si vienes ahorita de turista a Culiacán yo creo que estás loco. Está muy difícil, desde que llegas lo que ves son policías y elementos del Ejército, eso lo que indica es un estado de sitio. Entonces no es agradable venir a Culiacán, por mucho que quiera uno a la ciudad”, lamenta.

David, de 47 años, espera con sus maletas un transporte de alquiler. Vino desde Veracruz para atender asuntos de trabajo durante un par de días. Es hora de regresar a casa.

“Me mandaron del trabajo, y claro que por los medios se entera uno de la situación que hay aquí de la violencia y sí vienes con miedo la verdad. Yo no he estado tranquilo porque sales y ves soldados y policías por todas partes con las armas, o sea que la cosa no está bien; lo que quiero ya es regresarme”, asegura.

Se frena un momento y añade, con una media sonrisa antes de irse: “Una cosa sí tengo que decir, probé los mariscos de aquí de Culiacán y están buenísimos, mejor que los de Veracruz. Es un lugar muy bonito, con gente muy amable. Ojalá que pronto se acabe toda esta guerra”.

Sube a un auto que se pierde entre el tráfico, detrás queda una ciudad sitiada por patrullas, retenes y negocios cerrados. La crisis del sector hotelero no es un problema económico: es un síntoma. Mientras el Estado no recupere el control y la seguridad siga siendo una promesa incumplida, Culiacán seguirá siendo un destino que nadie elige. Mientras la violencia marque la conversación y la rutina, el turismo no regresará, y tampoco lo hará la normalidad.

Artículo publicado el 14 de diciembre de 2025 en la edición 1194 del semanario Ríodoce.

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