‘Claro que tenemos miedo’, dice militar que pelea en Sinaloa

‘Claro que tenemos miedo’, dice militar que pelea en Sinaloa

Desde hace cuatro años el mayor de infantería, Geovany López Rodríguez, se encuentra asignado en el estado, donde desde el pasado 9 de septiembre se libra una guerra interna del Cártel de Sinaloa

 

 

“Me ha tocado el conflicto aquí en Sinaloa. Claro que tenemos miedo; es normal. Lo que debemos hacer es controlar esas emociones, pedirle a Dios y salir de su mano en cada misión. Hacemos oración para regresar a salvo, para que Sinaloa y el país se compongan, para que las familias vivan en paz”, explica el mayor de infantería Geovany López Rodríguez.

El militar acaba de recibir el grado de Mayor de Infantería en una ceremonia realizada el pasado 20 de noviembre en Culiacán. Además de él 71 elementos del Ejército, la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional recibieron ascensos y condecoraciones en medio de la guerra que desde el 9 de septiembre sostienen dos facciones del Cártel de Sinaloa.

Ahí, frente al estrado en el patio del Ayuntamiento, con la mirada fija y las facciones serenas, López Rodríguez recibió no sólo el nuevo rango sino también la presencia orgullosa de su esposa e hijos, que lo acompañaron en uno de los momentos más significativos de su carrera.

Mientras el gobernador le imponía las insignias, una mano femenina rozó su hombro apenas un segundo. Geovany desvió la mirada y encontró los ojos cómplices de su esposa; entonces, permitió que una sonrisa —mínima, contenida— se dibujara en su rostro.

“Sentí que él me estaba buscando. Le dije que aquí estaba presente, para que estuviera tranquilo”, cuenta ella, una joven de cabello rizado y sonrisa franca. Se arregló especialmente para la ocasión. También sus hijos: una adolescente emocionada y dos pequeños que juegan a ser soldados usando la gorra oficial de su padre. Todos lucen impecables, atentos, orgullosos, como si la ceremonia girara sólo alrededor de ellos.

“Es muy bonito. A mí me gusta viajar con él, hemos conocido muchos lugares de México. Aprovecho cada momento que podemos estar juntos; es un excelente papá, un ejemplo a seguir”, asegura.

“Como esposa, estoy muy orgullosa. Este logro es de él, pero también es nuestro. Yo tengo que apoyarlo, darle tiempo y tranquilidad para que él pueda enfocarse en sus metas”, añade.

 

El sostén de una torre

Al terminar la ceremonia, el Mayor Geovany se reúne con su familia. Los abraza a todos de golpe, como quien cubre lo más valioso de su vida con un mismo gesto. Entró al Ejército antes de cumplir 18 años y ha servido a su país por más de 24 años, prácticamente toda su vida adulta.

Oriundo de San Pedro Pochutla, un municipio de la costa oaxaqueña, recuerda que después de graduarse del Heroico Colegio Militar como Subteniente de infantería, fue asignado a su primera unidad, el 101/o. Batallón de Infantería, en Chicoasen, Chiapas, allí conoció a la mujer con la que se casaría.

“Nos hicimos novios allá, luego nos casamos. En Chiapas ascendí a teniente y me mandaron a Jalisco, después a Veracruz, ahí ascendí a capitán segundo, después regresé a Chiapas y ahí ascendí a capitán primero. Desde hace cuatro años estoy en Sinaloa y hoy obtuve el grado de mayor de infantería”, relata.

Sinaloa vive, desde septiembre de 2024, una crisis de violencia que ha convertido al estado en una de las zonas más peligrosas para las fuerzas armadas. Patrullar es caminar por un territorio donde cada calle puede ocultar una emboscada.

 

GEOVANY LÓPEZ. ‘La patria es todo’.

 

“Somos soldados y nos preparan para este tipo de operaciones, pero también somos seres humanos. Tenemos familia, vemos a nuestros hijos crecer. Yo no quiero que mis hijos crezcan en un ambiente violento. Queremos que tengan paz, que se preparen, que sean mejores ciudadanos. Por eso lo hacemos: por nuestras familias y por las de todos los mexicanos. No está bien que vivan así, ni que los niños se formen en este entorno”, reflexiona.

No teme morir en cumplimiento del deber; dice sentir el respaldo del Ejército. Pero eso no significa que no tenga otros miedos.

“Me da miedo dejarlos solos. Pero el Ejército nos respalda con un seguro que los protege hasta que terminen sus estudios. Eso nos da tranquilidad… si algo nos pasa, ellos no van a quedar desamparados.”

 

“La patria lo es todo”

El Ejército no es para todos. La mayoría de sus integrantes provienen de contextos de pobreza o marginación y encuentran en la milicia un camino para mejorar sus condiciones de vida. Pero el amor a México —sostiene— no es negociable.

“La patria es todo. Es donde nacimos, lo que nos da identidad, nuestra lengua, nuestra historia, nuestras raíces. México es muy hermoso, muy variado. Debemos sentirnos orgullosos”.

—¿Tanto como para morir por ella?

Sonríe, pero la respuesta es firme.

“Claro que sí. Es lo único que vale la pena. Si llego a morir en mi trabajo, moriría satisfecho. Le daría sentido a mi vida… porque sé que no sería olvidado”.

Artículo publicado el 30 de noviembre de 2025 en la edición 1192 del semanario Ríodoce.

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