Rocha antes y después de aquel 25 de julio

Rocha antes y después de aquel 25 de julio

El gobernador Rubén Rocha Moya le pasó lo que a Enrique Peña Nieto. No iba tan mal el mexiquense, tenía dos años en el poder y se movía como pez en el agua en ese regreso sorprendente del PRI a la presidencia después de dos sexenios de un panismo mediocre. Hasta que llegó la noche de Iguala en aquel septiembre 26 de 2014. La desaparición y muerte de 43 estudiantes normalistas hirió de muerte al dinosaurio. Tanto se le descompuso el cuadro a Peña, que terminó haciendo acuerdos con el peor enemigo del PRI y del PAN y del PRD, Andrés Manuel López Obrador, para retirarse a su vida privada como si no hubiera dejado deudas con el país y con la historia.

Rocha fue el gobernador más votado en las elecciones del 21, logrando el 56.6 por ciento de los sufragios, para convertirse en un referente nacional. Había luchado toda su vida por llegar a la gubernatura, siempre en condiciones adversas, y esta vez lo logró con creces. Con el apoyo del Partido Sinaloense, Morena ganó la mayoría de las presidencias municipales y logró el control del Congreso de Estado.

Durante casi tres años el gobernador controló la narrativa estatal. Desbordaba poder y le gustaba que se le notara. Para cuando ocurrieron las elecciones federales del 2024, Rocha había cooptado a los principales cuadros del PRI y del PAN incorporándolos a la administración o prometiéndoles canonjías que muchos no se atrevieron a rechazar. Algunos se rindieron calladamente, pero se rindieron y no fue de oquis. Casos patéticos fueron los de Jesús Valdés, expresidente municipal de Culiacán y exdirigente estatal del PRI, y Faustino Hernández, cuyos operadores fueron secuestrados el mismo día de la elección del 21 para favorecer a los candidatos de Morena.

Hasta que llegó el fatídico 25 de julio de 2024, cuando secuestraron a Ismael Zambada García y asesinaron a Héctor Melesio Cuen Ojeda. Ese día marcó un antes y un después en la administración de Rocha Moya. El problema mayor es que también marcó dramáticamente un antes y un después para muchos sinaloenses, principalmente culichis, atrapados en medio de una narcoguerra que no termina después de casi 15 meses.

A diferencia de lo ocurrido con los desaparecidos de Ayotzinapa y que afectó solo al gobierno de Peña Nieto y al PRI, en el caso de Sinaloa el impacto de los hechos del 25 de julio arrastró como un tsunami a la población en su vida cotidiana, a los empresarios, sobre todo a los pequeños, muchos de ellos comerciantes, a todo el sistema educativo, al turismo…

A partir de entonces, el gobernador Rocha ha estado más ocupado en recomponer su figura pública que en gobernar. La carta del Mayo donde lo involucra en los hechos de aquel día, lo arrastró a lo que a la postre sería una guerra sangrienta y hasta ahora interminable, convirtiéndolo en otra de sus víctimas. El tema de la seguridad lo dejó en manos del gobierno federal porque, además, dada la magnitud del conflicto y el poder descomunal de sus protagonistas, poco podía hacer con lo que tenía, una policía estatal ineficiente e infiltrada hasta la médula por el narco, y corporaciones policiacas municipales que, en realidad, trabajaban desde hace décadas para las diferentes facciones del cártel.

De haberse puesto su salida en mesas de deliberación federal al más alto nivel, Rocha empezó a sofocar la crítica nacional y a atemperar la ira social que la violencia había despertado sobre todo en Culiacán por el asesinato de gente inocente en medio del fuego cruzado, mucha de ella niños. No lo hizo solo, contó con el apoyo presidencial —primero de AMLO y luego de Claudia Sheinbaum—, que le apostó mejor a sostenerlo para no provocar lo que podía tener un efecto dominó frente a una oposición engallada y críticos que ya festinaban su caída y el desmoronamiento de Morena en el país.

Resuelto el conflicto con la UAS —“haiga sido como haiga sido”—, Rocha tuvo fuerzas para desplazar a Gerardo Vargas de la presidencia municipal de Ahome para sentarlo en un banquillo y con ello eliminarlo de la contienda del 27 por la gubernatura. Nada le quita más el sueño que la posibilidad de que Vargas Landeros se postule por el partido que sea.

Hay otra diferencia entre lo que le pasó a Peña y lo que le está pasando a Rubén Rocha. Que en aquel caso estaban dadas las condiciones para un cambio de Gobierno, tal y como ocurrió. Aquí es distinto. Morena sigue siendo una opción muy fuerte y no hay enfrente una oposición vertebrada que ahora pueda disputarle el poder. No al menos a nivel estatal.

Bola y cadena

POR ESO EL CUARTO INFORME de Gobierno no tiene la mayor relevancia en medio de esta crisis que amenaza con extenderse. La percepción generalizada de la gente es que el gobierno se estancó a partir de la narcoguerra, más allá de los números, ciertos o alterados que se puedan presentar ante un congreso postrado y zalamero, sin oposición real ni contrapesos.

Sentido contrario

DOS HORAS DESPUÉS DE QUE el gobernador terminara de rendir su cuarto informe de gobierno, la senadora Imelda Castro Castro iniciaba un evento político en Culiacán; colonia Rafael Buelna, acarreados en camiones, rifas de libros de la presidenta Claudia Sheinbaum y hasta de un pastel. Todo con recursos públicos. El objetivo es la gubernatura, pero la señora lo niega. Parte ella, y los demás también, de que el pueblo es tonto, esa es su premisa.

Humo negro

CUANDO MUCHOS SE PREGUNTABAN qué tanto poder tiene la presidenta Claudia Sheinbaum, ésta da un manotazo en la mesa y el titular de la FGR, Alejandro Gertz Manero, sale disparado como embajador en Alemania. Como en los viejos tiempos, el destierro para los incómodos. No nos han dado una lección de democracia, de fortaleza de los órganos autónomos, ni de derecho; nos han ilustrado, como lo hicieron los priistas durante 70 años de “dictadura perfecta”, que el poder, cuando se tiene, se ejerce.

Artículo publicado el 30 de noviembre de 2025 en la edición 1192 del semanario Ríodoce.

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