En Coyolim, el autor y director de teatro, comparte el universo cultural de los nativos de Sinaloa y Sonora
El interés por difundir la cultura yoreme ha sido, desde el principio, el motor que impulsa el universo de Coyolim, el personaje creado por el actor, director y dramaturgo Alejandro López.
A través de él comparte la lengua, los símbolos, la visión del territorio y las preocupaciones ambientales de la cultura mayo yoreme. Lo hace como una responsabilidad y una forma de resistencia cultural.
Sabe que el teatro de títeres, como elemento vivo, tiene la fuerza de comunicar mensajes y es la mejor vía para que el público conozca el universo de esta cultura que comparten Sinaloa y Sonora.
Fue en 2016 cuando optó por escribir esas historias que desde mucho tiempo atrás montaba con su grupo Delta Teatro. El resultado fue el libro: Coyolim, las aventuras de un niño yoreme.
“Su publicación fue irregular y discreta: no hubo presentación oficial y apenas circuló, pero se agotó de inmediato, señal de que había un público listo para recibir esa historia, que yo había escrito desde 2004 en un taller de dramaturgia”, dijo
“La consigna entonces fue escribir una historia con un héroe y una princesa, pero yo me enfoqué con la tradición yoreme, donde no existían princesas en su imaginario cultural, pero sí la mariposa de cuatro espejos, una especie en peligro de extinción y un símbolo profundo en la cosmovisión yoreme”.
De esa sustitución surgió una historia basada no en clichés importados, sino en los referentes reales de su comunidad. Quiso romper con el modelo del héroe privilegiado, ese que domina la cultura popular desde Superman hasta El Santo.
Contar la historia de un niño yoreme
La propuesta de López fue un niño yoreme enfrentando problemas reales, sin poderes ni armaduras, cargando sobre sus hombros el peso simbólico de representar a su pueblo.
“Ya era suficiente conflicto pedirle a un niño indígena que fuera héroe, pero de haberla escrito hoy, probablemente la historia tendría como protagonista a una niña”, mencionó.
Además de la primera obra, nacieron Coyolim y la segua roja y Coyolim y los maíces encantados, textos concebidos para el teatro de títeres.
López mencionó que aunque piensa que sus obras nacen para ser montadas, interpretadas por otros directores, con esta historia ocurrió algo inesperado: muchos niños comenzaron a pedir que les leyeran las historias como cuentos, lo que habla del poder narrativo que adquirió Coyolim más allá del escenario.
Durante años, aceptó que no se consideró a sí mismo dramaturgo, pero terminó aceptando ese título después de que colegas y amigos insistieran en que su trabajo ya formaba parte importante de la escena teatral regional.
En términos escénicos, Coyolim se ha convertido en un fenómeno. La puesta en el teatro Delta ha alcanzado más de 2 mil funciones, un logro extraordinario en el teatro de títeres en México.
La obra ha viajado a Santa Cruz en Argentina, a distintas ciudades de Bolivia, Venezuela y México, donde el público se conecta profundamente con los temas que aborda.
Coyolim, apuntó que no solo cuenta la historia de una mariposa en riesgo; aborda la defensa del territorio, los problemas del agua, la minería y la protección de la vida. Aunque nació en Sonora y Sinaloa, se ha vuelto un héroe capaz de dialogar con causas universales.
Teatro de títeres en la actualidad
El autor indicó que así como el público cambia, también debe cambiar el héroe. En sus primeras versiones teatrales, Coyolim resolvía conflictos usando un garrote mágico, un elemento tradicional del teatro de títeres, en el que la cachiporra ha sido durante siglos un símbolo de justicia popular.
“Los maestros titiriteros defendían esta herramienta porque representaba a los pobres enfrentando a los ricos, a los débiles resistiendo a los poderosos, pero el público actual percibe la violencia de otro modo”, detalló.
Gestos antes considerados humorísticos ahora se ven con desconcierto o rechazo. López compara esta transformación con la percepción contemporánea de El Chavo del 8, los pellizcos, cachetadas y empujones que antes parecían inocentes hoy se leen con mayor sensibilidad.
Por eso, Coyolim ha suavizado su uso de la fuerza, adaptándose a un público que exige nuevas narrativas.
Con la reedición del libro, que está en preparación, López incluirá una nueva historia: Coyolim y el brebaje de la bruja, pensada para acercar al público a palabras de la lengua yoreme.
El dramaturgo defendió el poder del títere como herramienta expresiva. Mientras un actor debe construir su personaje frente al espectador, el títere aparece ya siendo ese personaje, sin transición ni duda.
Esa inmediatez genera una conexión directa que permite que los valores, las palabras y los símbolos culturales lleguen con mayor claridad a los niños y a las comunidades.
“Coyolim ocupa un lugar especial en nuestra trayectoria. No solo es un héroe que ha trascendido escenarios, es un vehículo para mantener viva la cultura yoreme, para conversar con el presente desde la tradición y para acompañar a las infancias en la comprensión del territorio que habitan”, detalló.
Artículo publicado el 23 de noviembre de 2025 en la edición 1191 del semanario Ríodoce.







