The next friend: reo confinado junto al ‘Chapo’ pide que los dejen convivir

The next friend: reo confinado junto al ‘Chapo’ pide que los dejen convivir

James Sabatino, un capo de la Cosa Nostra, vecino de celda de Joaquín Guzmán en la cárcel Supermax ADC de Colorado, solicitó al juez mayor contacto con el exlíder del Cártel de Sinaloa

 

 

En el último rincón de la cárcel Supermax ADX de Colorado, quizá la prisión más brutal en el mundo, dos hombres confinados al silencio y a la soledad, han encontrado un poco de consuelo en comunicarse a través de la única pared que divide sus celdas, construidas en una zona subterránea del edificio y a las que los celadores llaman “Las Suites”.

Se trata de Joaquín Guzmán Loera el Chapo, por un lado, y James Sabatino, del otro, que como en la novela El Conde de Montecristo, han debido buscar todo tipo de artificios para comunicarse, ante la imposibilidad de no hacer otra cosa que leer la Biblia.

Según explican testimonios de antiguos reos, en Supermax no hay relojes ni nada que les permite monitorear el tiempo, y sólo resta esperar la noche para saber que ha pasado un día más.

El Chapo y Sabatino son los únicos en Las Suites, donde no pueden convivir ni comunicarse con ningún otro reo, y tienen prohibido dirigirse a celadores, excepto en situaciones de emergencia.

El único contacto con humanos que tienen es hablar con sus abogados y familiares autorizados. En el caso del Chapo, puede ver una vez al mes a las dos hijas que tuvo con Emma Coronel, ya que el resto de su familia tiene restringido el acceso, no sólo a la prisión, sino al país.

Familiares de Guzmán Loera también han confirmado que se le permite realizar una llamada de 15 minutos a la semana.

La situación de Sabatino es diferente, pues a pesar de haber nacido en Brooklyn, Nueva York, la única persona que lo visita —y muy ocasionalmente—, es su madrastra.

Por ello, la cercanía con el Chapo, ha dado consuelo a Sabatino, un ex capo de la Cosa Nostra, quien robó millones de dólares en diamantes engañando a varios joyeros, y con quien ha convivido en los últimos cinco años, cuando ocasionalmente coinciden en alguna de las dos horas a la semana que se les permite salir a que les pegue el sol y se ejerciten. La comunicación, aunque limitada, existió y, extrañamente, construyó una amistad.

Después de tantas veces de verse, ambos capos empezaron a comunicarse a través de la pared que dividía sus celdas, mediante golpes en el concreto o a gritos suaves por la ranura de la puerta y el suelo.

Pero al no hablar inglés Guzmán Loera y el limitado español de Sabatino, hacia difícil la comunicación. Pero lo intentaban. Cuando los celadores los reprendían, ambos debían regresar al artificio de golpes en la pared, igual como hicieron Edmond Dantes y el Abate Faria en El Conde de Monte Cristo, de Alejandro Dumas.

Esa situación habría motivado a Sabatino a escribir una moción, de su propio puño y letra, para que se le permita convivir con Guzmán Loera de una manera recreativa, para al menos darse consuelo y ánimo. La petición fue enviada a un tribunal de distrito de EU el pasado 29 de octubre, a través del abogado de ambos, Israel Encinosa, aunque esta apenas fue recibida el pasado 13 de noviembre, según consta en documentos del Departamento de Justicia.

“He estado totalmente aislado durante más de veinte años en esta sección de Las Suites, y en los últimos 5 he llegado a conocer al señor Guzmán, y puedo decir que me preocupa su condición mental, pues en el último año se ha deteriorado, ya que las condiciones de aislamiento extremo en que estamos, sin tener contacto con otros presos, destruye a cualquiera”, se lee en la moción.

Quienes conocen la prisión de Supermax, aseguran que escaparse es literalmente imposible. No sólo por las cámaras y barras que impiden el libre acceso de un lugar a otro, sino por la forma de la prisión, diseñada como si fuera un laberinto, lo cual impide ver más allá de 5 metros adelante en los pasillos, además que el tipo de tecnología implementado detecta cada movimiento.

“Existen cientos de pasadizos y puertas de seguridad que se operan electrónicamente, son controladas desde un centro de control, y donde todos vigilan los monitores. Si a eso se le agrega que hay detectores de 50 idiomas diferentes en todas partes, capaz de traducir en tiempo real lo que un reo dice, hace imposible una posible fuga”, dijo Bob Wood, un celador retirado que vigilaba en Supermax.

La prisión, irónicamente, se encuentra confinada en el desierto de Colorado, donde no hay nada 160 kilómetros a la redonda.

Según ha dicho Encinosa y distintos defensores de los derechos humanos en EU, las condiciones a las que están confinados los presos en Supermax son inhumanas, pero la situación de aislamiento que viven Guzmán Loera y Sabatino, son una tortura emocional que muchas veces es peor que la tortura física.

“Las circunstancias de estos dos reclusos son únicas, pues son considerados los reos que enfrentan el mayor nivel de seguridad no solo en la cárcel de Supermax, sino en todo Estados Unidos”, escribió el abogado Encinosa en su carta presentada ante la jueza de distrito Joan Leonard.

Sabatino ha dicho que su petición clama un acto de humanidad para él pero también para el Chapo, pues al no hablar inglés y no tener conocimiento de las leyes americanas ni de su condición actual, su situación viola sus derechos humanos.

“Está completamente aislado como lo estoy yo. Pero en el último año ha tratado de hablar a los celadores, pero ninguno de ellos habla español, lo cual impide la comunicación y que tenga conocimiento de su situación, y de las acciones que está tomando el gobierno en su contra”, se lee en la moción enviada.

Sabatino al menos tiene un hilo de esperanza, si no es que antes enloquece, como dice él. Su salida de la prisión está programada para 2034. El caso de Guzmán Loera es diferente, pues enfrenta tres cadenas perpetuas, y al parecer todo ese tiempo en Las Suites.

*Con información del sitio How to Survive.

Artículo publicado el 16 de noviembre de 2025 en la edición 1190 del semanario Ríodoce

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