La presidenta la mandó llamar. La senadora podía imaginarse muchas cosas, tal vez relacionadas con su papel en la mesa directiva del Senado de la República o con Sinaloa, en el ojo del huracán desde hace más de un año, a partir del secuestro y entrega de Ismael Zambada García a los gringos y del asesinato del ex rector de la UAS, Héctor Melesio Cuen Ojeda.
Pero se sorprendió. Después del gobernador Rubén Rocha sigue una mujer, le dijo Claudia Sheinbaum. Yo no estaba allí, así que no puedo describir la cara que puso la senadora. Me la puedo imaginar perpleja, pero nada más. Muévete. Esa fue la recomendación. O la orden, como se quiera tomar.
Días después, el 7 de agosto, la presidenta se reunió en Palacio Nacional con los gobernadores morenistas para dar a conocer los avances del IMSS Bienestar. Pero después de esa reunión de trabajo hubo otra en la que solo estuvieron los gobernadores y ella. Y fue para leerles la cartilla. A los gobernadores que tienen elección el 2027 quiero decirles que no pierdan el tiempo en estar apoyando a uno u otra para la sucesión. La candidata o el candidato será decisión mía. Que les quede claro. No se metan.
Pudo ser coincidencia, pero al día siguiente el gobernador recibió la visita de la senadora. Se tomaron las fotos de rigor, sonrientes y abrazados, como si se quisieran. “Hoy pasé a saludar a nuestro gobernador, el Dr. Rubén Rocha Moya y, como siempre, fue un gusto conversar con él sobre los avances y retos de la gestión pública en este primer año del segundo piso de la Cuarta Transformación”, posteó en X, antes Twitter. El gobernador no posteó nada.
En realidad no fue a saludarlo sino a decirle que empezaría a moverse por sus aspiraciones a la gubernatura. Rocha había sido rasposo con ella el 8 de junio anterior durante la toma de protesta a Jesús Madueña como rector en su segundo periodo. “Yo no te veo muchas ganas de terminar de senadora, pero tú sabrás qué haces”, le dijo al agradecer su presencia. Parecía molesto. Y no porque la senadora aspirara a la gubernatura en el 27, sino ya.
Imelda nunca le dijo que la presidenta la había llamado y le había pedido que se moviera porque en el 27 iría una mujer por Morena –no le dijo que sería ella–, y Rocha tampoco le contó que un día antes, después de la reunión de trabajo con el IMSS, la presidenta les había puesto una raya que no debían cruzar.
El gobernador tardó unos días en digerirlo. O semanas, tres o cuatro semanas. Seguramente hizo cálculos, habló con sus amigos, los gobernadores de Morena, los diputados, los senadores, con su equipo… y unas horas antes del protocolario Grito de Independencia de España –al que no vino el español– se reunió con algunos de los que conforman su grupo compacto en el gobierno. Les dijo que él no se metería en la sucesión –no les dio detalles, no les dijo de la advertencia de la presidenta el 7 de agosto—que el o la que se quisiera mover que se moviera pero que a ellos no los quería ver metidos en nada de ese tema. Y que el o la candidata la nombraría la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum. Nadie más.
La senadora Imelda Castro, por supuesto, aceleró. De no tener estructura ni preocuparse por ello, de pronto se vio rodeada de diputados locales y federales, reuniones en Ciudad de México con personajes y grupos sinaloenses, sociales y empresarios, actos nutridos en colonias populares, diariamente en redes sociales… informar a la sociedad de su gestión como senadora fue el pretexto –el mismo pretexto del senador Enrique Inzunza para darse baños de pueblo—para recorrer el estado.
Pero el anuncio que le hicieron a ella en el palacio nacional de que iría una mujer por la gubernatura en el 27, pronto se difundió. Y entonces sobraron las apuntadas. La diputada Graciela Domínguez salió de su ostracismo y retacó un salón del hotel El Cid para posicionarse como una pretensa con posibilidades. Teresa Guerra dijo también quiero y deben andar otras por ahí con la certeza de que falta todavía mucho y que una candidatura se construye de un día para otro pero que también se cae de la noche a la mañana, como ya ha ocurrido en Sinaloa.
Bola y cadena
EL TEMA AQUÍ ES QUE EL FUTURO DE SINALOA, sobre todo por la terrible crisis que se vive ahora, no debe plantearse desde una postura ideológica. “Es tiempo de las mujeres”, ha dicho centenas de veces la presidenta y qué bueno que se han estado empoderando. Pero no hay que perder de vista que el expresidente AMLO la eligió para sucederlo por su calidad de mujer, pero también y principalmente, por su capacidad y su lealtad al proyecto obradorista, por su sencillez y su honradez, cualidades que no tiene ninguno de los que compitieron con ella en la interna de Morena (En realidad, salvo Marcelo Ebrard, han resultado una caterva de facinerosos). Dejar una mujer en la presidencia es un crédito que AMLO quiso llevarse para la historia, pero los otros factores fueron también definitorios.
Sentido contrario
SALIR O NO SALIR DE LA CRISIS QUE VIVIMOS no es un asunto de género; puede haber mujeres muy buenas para conducir un vehículo y también muy malas, que se pasan un alto y encima te gritan pendejo si les reclamas con el claxon. Igual pasa con los hombres. Aquí se trata de capacidades para administrar, convocar, comprometerse y cumplir; que quien esté al frente empatice con los problemas y los enfrente con eficacia, más allá de ideologías. Hombre o mujer, eso no importa.
Humo negro
CUANDO DESPERTÓ, LA GUERRA todavía estaba allí.
Artículo publicado el 21 de septiembre de 2025 en la edición 1182 del semanario Ríodoce.






