Tepuche, entre oscuridad, explosiones y ráfagas

Tepuche, entre oscuridad, explosiones y ráfagas

El conflicto del Cártel de Sinaloa entre los Mayos y los Chapos deja en la sindicatura y poblados aledaños testimonios de terror

Daniela (nombre ficticio) acudió a la oficina de sus directivos para solicitar un justificante por haber faltado el día anterior. La administrativa le pidió explicar los motivos de su ausencia y la joven solo se limitó a decir que venía de Tepuche. Las palabras faltaban, pero los hechos sobraban: un día antes, entre el domingo 31 de agosto y el lunes 1 de septiembre, la comunidad había sido escenario de un enfrentamiento entre grupos del crimen organizado.

El conflicto del Cártel de Sinaloa dejó en Daniela y la sindicatura de Tepuche otro testimonio de la guerra.

“En general yo no falto, pero ese día sí estaba muy fea la cosa, es lo más feo que ha habido y lo más cercano, porque sí se escuchaba desde la entrada de Tepuche”, declara Daniela.

El choque entre las bandas criminales comenzó a las 8:00 de la noche y se prolongó hasta las 4:00 de la mañana. Ese 31 de agosto, los militares que se habían instalado durante algunos días, se retiraron y su ausencia dio pie al enfrentamiento.

Con la noche encima, el ruido de las ráfagas y las explosiones de bombas retumbó en la cabecera de la sindicatura y en los poblados cercanos. Videos grabados por habitantes dieron testimonio del estruendo provocado por el “tope” de los bandos.

Ese día, las balaceras se empezaron a escuchar en Agua Caliente, pero luego pasó a Tepuchito, para después irse más arriba, relata.

Tepuche tiene muchos ranchos y generalmente es en esos lugares donde pasa todo y cuando sucede un hecho violento cerca de la sindicatura, todos dicen que es ahí, pero en realidad son los poblados cercanos, aclara Daniela.

Más allá de la ubicación precisa, desde Tepuche se escuchaba claramente el estruendo, y circulaba la versión de que el grupo contrario había ingresado a la comunidad, lo que habría desatado el conflicto.

Según relata, los atacantes entraron por el río y comenzaron a lanzar bombas en esa zona. Un mes atrás, recuerda, comenzaron una serie de bombardeos durante la madrugada sin razón aparente que, de acuerdo a su interpretación, se escuchaban cerca del cauce.

La joven dice haber visto esos drones. Esos mismos dispositivos, con los que incluso elementos del Ejército mexicano han sido atacados, aún merodean el poblado en silencio, ya sea para arrojar bombas o no.

“Siempre traen algo ahí (los drones) y es cuando a mi mamá le da mucho miedo, pero es muy común ver volar a los drones por ahí. Generalmente cuando traen la bomba pasan de noche, entonces, no se ven tanto”.

La balacera del 1 de septiembre coincidió con el regreso a clases en todos los planteles de educación básica del estado. Aunque la titular de la Secretaría de Educación Pública y Cultura, Gloria Himelda Félix Niebla, declaró que todas las escuelas habían retomado clases presenciales porque había condiciones para hacerlo, en Tepuche no fue así. El alumnado no volvió a las aulas, sino hasta la semana del lunes 15 de septiembre, comenta Daniela.

Hasta ese día, el 31 de agosto, en la cabecera de Tepuche no había ocurrido nada grave y, cuando se hablaba de hechos violentos en la sindicatura, los afectados solían ser poblados ubicados más adelante, como Tepuchito, Tecolotes o Caminaguato.

El 10 de septiembre, puso de ejemplo, en Agua Caliente de Los Monzón se reportó que estaban lanzando bombas entre las casas. “Fue algo grande”, dice. Lo recuerda porque ese día tuvo que salir de Tepuche, ya que el poblado se encontraba sin luz eléctrica por reparaciones.

Sabe que pobladores de la sindicatura han sido desplazados de sus comunidades por gente armada; sin embargo, desconoce cuáles son en particular. En la cabecera están haciendo recolecta de bienes para los desplazados. Muchos de los afectados no se quedan en la cabecera de Tepuche, la mayoría prefiere irse a la ciudad de Culiacán.

La situación, al parecer, se ha calmado tras la instalación de retenes del ejército, uno en el salón de eventos Casa Blanca, en la colonia Loma de Rodriguera, otro en la casa ejidal de Tepuche; y uno más en Tepuchito.

Los militares no hacen mucho, señala, su intervención no trasciende la mera presencia y observación de hechos como en el caso de balaceras o algunos cuerpos encontrados.

Hace poco encontraron unos cuerpos, y no hace menos, personal de la sindicatura halló en la plazuela un costal con una extremidad cefálica con un disparo de bala y aparentemente arrollada por una camioneta. Los elementos castrenses se dirigieron a retirarlos.

Es plaza, después de todo

Hace un año, antes de que los militares llegaran y la violencia se desatara, era común ver a punteros armados recorrer el poblado de arriba a abajo. Iban como si nada y no había ley que los detuviera. Ahora ya no se ven tanto o son más discretos; algunos se han ido a otros ranchos, cuenta Daniela.

Muchos jóvenes de la comunidad crecen con afición por las armas y dejan de estudiar para integrarse al crimen organizado, pero la mayoría no termina bien y menos ahora, comenta. Antes, existía esa concepción de que no se metían con la población y que, hasta de cierta manera, los protegían.

“No era como ahora, ahora sí es como que todo mundo les tiene miedo, antes era como muy normal, lo normal que se puede ver. Realmente no era normal, pero estábamos acostumbrados a eso porque pues es plaza, después de todo”.

“Si antes se pensaba que estos grupos cuidaban a la población, el conflicto actual ha cambiado esa percepción. Cuando empezó todo, no se sentía miedo, pero cuando empezaron las balaceras, la situación cambió”.

Artículo publicado el 21 de septiembre de 2025 en la edición 1182 del semanario Ríodoce.

 

 

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