El restaurante El Gallito, ubicado en la colonia Centro, se suma a los negocios que bajan cortinas ante la falta de clientes
La ola de violencia que desde hace un año sacude a Culiacán no solo ha dejado calles vacías: también ha golpeado de frente la economía. Entre letreros de “Se renta” y restaurantes icónicos cerrando sus puertas, la ciudad arrastra la pérdida de miles de empleos y el cierre de negocios. Mientras, las autoridades insisten que hay buenas señales de recuperación económica.
El Consejo para el Desarrollo Económico del Estado de Sinaloa (CODESIN) informó que en el primer semestre de este año se reportaron 7 mil 842 empleos perdidos en Culiacán.
Por su parte, la Unión de Comerciantes de Culiacán denunció que en los últimos 10 meses han cerrado de manera definitiva más de 2 mil negocios, entre formales e informales, con una contracción del 80 por ciento en la actividad comercial de la ciudad. En contraste, la Secretaría de Desarrollo Económico municipal reporta 600 negocios cerrados en el primer semestre de 2025.
Las cifras seguirán aumentando
El restaurante El Gallito, ubicado en la calle Rosales, en el primer cuadro de la ciudad, cerró abruptamente sus puertas esta misma semana. Los empleados narran que les habían prometido aguantar hasta finales de año.
“Desde abril para acá estábamos así, ver si mejoraba la situación, nos habían dicho que iban a aguantar hasta diciembre, pero el lunes nos dijeron que ya no, yo creo que porque ya se acaba el mes y no han de querer pagar la renta”, comentó Blanca N, empleada con 12 años de antigüedad en el restaurante.
“Me da mucho sentimiento, porque uno deja un pedazo de vida aquí, yo estaba bien a gusto, no me puedo quejar de cómo me trataron. Claro que duele, y más que nada porque uno sabe que afuera no hay muchas opciones de empleo, no va a ser fácil conseguir algo”, añadió la empleada, madre soltera de una niña de 11 años.
Guadalupe N, quien trabajó ocho años en el lugar que abrió sus puertas en 2013, relata que se encontraba de vacaciones cuando le llamaron para informarle que se cerraría el restaurante.
“Nosotros ya sabíamos que, para fin de año, porque es cierto, estamos conscientes de que no venía la gente, bajó mucho por la situación de violencia y a veces teníamos dos o tres mesas en todo el día. Antier me habló una compañera que viniera porque ya iban a cerrar”, lamenta.
De acuerdo con los mismos empleados, durante el último año recortaron la plantilla de trabajadores a la mitad, conservando a quienes tenían mayor antigüedad.
“La verdad los patrones siempre nos trataron muy bien, nunca nos quitaron días, ni nos mandaron a la casa a descansar, ni nos bajaron el sueldo. Pero uno ve, oiga, las mesas vacías, a veces nadie llegaba en todo el día, es una tristeza”, añade.
Aunque preocupada y triste por el cierre de su lugar de trabajo, Guadalupe no pierde tiempo y ya solicitó empleo en otro restaurante.
Los que resisten, lo hacen apenas
Jorge Palazuelos y Cristina Moreno son un matrimonio que desde hace 35 años administra la icónica Cenaduría La Filo, ubicada por el bulevar Francisco I. Madero, en la colonia Centro, desde 1960. Aseguran que esta ola de violencia los ha colocado en la mayor crisis de su historia.
“El impacto fue inmediato. Ese mismo día (9 de septiembre de 2024), porque los reportes estaban por todos lados y el propio gobierno recomendaba resguardarse, tuvimos que cerrar a media jornada. Creí que sería algo temporal, una semana o 15 días, pero ya vamos para un año y creo que de mal en peor”, lamenta Jorge.
Durante el último año, negocios tradicionales como Mr. Leos y Cenaduría Elsa bajaron sus cortinas de manera definitiva.
“Son amigos míos, los conozco a todos, y es muy triste ver que tengan que tomar esa decisión. Nosotros lo hemos pensado, pero seguimos resistiendo. Da mucha impotencia, porque este negocio es nuestra vida”, asegura Cristina.
Han tenido que modificar horarios, abrir más temprano, rotar al personal e incluso cubrir ellos mismos turnos junto a uno de sus hijos para ahorrar en nómina.
Esfuerzos que no solucionan
Janet Faviola Tostado, titular de la Secretaría de Desarrollo Económico del Ayuntamiento de Culiacán, dijo que hasta finales de julio han cerrado 600 negocios y podrían sumar 700 al cierre de agosto.
Añadió que para buscar apoyar a los comerciantes, el gobierno municipal ha otorgado créditos por más de 170 millones de pesos en el último año, beneficiando a más de 4 mil locales comerciales.
Pero para Jorge Palazuelos, esa no es la solución.
“Entre mi tía Filo y mi familia teníamos 65 años en el negocio y nunca habíamos pedido crédito a nadie. Este año me vi obligado a aceptar uno, y ahora me pesa porque no ha habido capacidad de pago: no tenemos clientes”, lamenta.
“A mí denme trabajo, no créditos ni dinero. Si nos dan condiciones de seguridad, no necesitamos regalos del gobierno. Solo queremos que la gente pueda salir. Todos añoramos lo mismo, no podemos sobrevivir así”.
Tostado comentó que ya se presentan señales positivas, con la ampliación de horarios en algunas tiendas y bares, y proyectó que los sectores de servicios podrían repuntar en los próximos días.
“Son puras mentiras. Es una vergüenza que digan eso, porque uno ve la realidad: negocios cerrados, personas sin trabajo. Da coraje escucharlos”, responde Cristina Moreno desde su negocio lleno de mesas vacías.
“Pues que vengan y me digan dónde está esa economía que ellos dicen, que me la presenten. Porque no nada más este lugar está cerrando, son muchísimos, y la gente está perdiendo el trabajo”, asegura Guadalupe, mientras termina de amontonar las sillas del restaurante El Gallito.

Artículo publicado el 31 de agosto de 2025 en la edición 1179 del semanario Ríodoce.







